La implementación de tecnologías de monitoreo continuo y sensores térmicos, alineada con los estándares locales, ayuda a detectar sobrecalentamientos antes de que ocurra una falla catastrófica.
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Por María José Bazo, presidenta del clúster de Centroamérica de Schneider Electric
En Centroamérica, la seguridad eléctrica ha dejado de ser una opción técnica para convertirse en un factor determinante de la estabilidad económica y social. Las estadísticas son claras: una de las principales causas de incendios en la región se debe a conexiones en mal estado o sobrecargas eléctricas, por ejemplo, y según afirmaciones de su propio Cuerpo de Bomberos, en Panamá. Otro caso: el Benemérito Cuerpo de Bomberos de Costa Rica reportó 986 incendios estructurales en viviendas durante 2024, y alrededor del 53 % de los mismos se originaron por fallas eléctricas. Las empresas no están exentas, dado que el mantenimiento inadecuado es el responsable del 56% de los incendios causados por fallas en equipos eléctricos.
Ante esta realidad, el cumplimiento de las normas técnicas locales no es un simple trámite regulatorio, sino la herramienta más eficaz para proteger vidas, resguardar activos y garantizar que las operaciones no se detengan.

Para entender cómo protegemos nuestras instalaciones, es vital conocer el marco normativo adoptado en Centroamérica. Estas regulaciones establecen los requisitos mínimos para que un sistema eléctrico sea confiable y seguro.
La norma NEC 2020 (NFPA 70) es el Código Eléctrico Nacional adoptado en la región para garantizar instalaciones seguras en viviendas, comercios e industrias. Esta norma especifica requisitos críticos para la protección contra fallas, desconexiones de emergencia y el uso de dispositivos de protección contra incendios y descargas eléctricas.
Por otro lado existen los Estándares IEC (de la Comisión Electrotécnica Internacional). Estas normas definen la seguridad, calidad y compatibilidad de los equipos según su uso. Entre las más relevantes están la IEC 60364 para instalaciones de baja tensión, la IEC 61439 para centros de carga y la IEC 61140 para la protección contra choques eléctricos.
Por su parte, la Certificación UL de Underwriters Laboratories es un sello que otorga esta organización y que establece condiciones de seguridad rigurosas para asegurar que los productos de distribución eléctrica sean confiables y eficientes antes de llegar al consumidor.
Finalmente, las normas NEMA definen el grado de protección de los gabinetes frente a elementos externos como polvo, agua y corrosión, permitiendo seleccionar el equipo adecuado según el ambiente.
El cumplimiento de estas normativas tiene un impacto directo en la reducción de riesgos. Por ejemplo, el uso de interruptores (breakers) y tableros certificados bajo estas normas permite detectar anomalías en el flujo eléctrico y desconectar automáticamente el circuito afectado. Esto evita que un incidente menor se transforme en un incendio o en daños irreversibles a equipos costosos como maquinaria industrial o electrodomésticos esenciales.
Además, las normas promueven una estrategia de «seguridad desde el diseño», donde se mitigan riesgos como el arco eléctrico desde la fase inicial de un proyecto. Un arco eléctrico es una descarga eléctrica continua y de alta intensidad que salta a través del aire entre dos conductores, provocada por una falla o cortocircuito. Libera energía súbita, produciendo luz intensa y calor extremo, de hasta 19.400°C, lo que puede causar explosiones, incendios y lesiones graves.
La implementación de tecnologías de monitoreo continuo y sensores térmicos, alineada con los estándares locales, ayuda a detectar sobrecalentamientos antes de que ocurra una falla catastrófica.
Más allá de la seguridad física, el cumplimiento normativo fortalece la continuidad operativa. Las interrupciones eléctricas imprevistas representan pérdidas económicas significativas y afectan la reputación de las empresas. Una instalación que sigue los lineamientos del NEC 2020 y cuenta con productos certificados no solo es más segura, sino también más eficiente.
Los dispositivos modernos, diseñados bajo estos estándares, incorporan funciones de protección contra sobre tensiones y supervisión remota que optimizan el consumo de energía y reducen costos operativos a largo plazo. Invertir en soluciones que cumplen con la normativa local asegura una mayor durabilidad de la infraestructura, permitiendo que los negocios se enfoquen en crecer en lugar de gestionar emergencias eléctricas.
La seguridad eléctrica en nuestros países depende de un compromiso compartido entre propietarios, profesionales certificados y el cumplimiento riguroso de las normas técnicas. Solo a través de instalaciones estandarizadas y el uso de materiales de alta calidad y no inflamables podremos construir un entorno productivo más resiliente y seguro para todos.
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