En 2027 cumplirá 50 años de ejercicio profesional en el ámbito jurídico ecuatoriano.
Por Milagros Sánchez Pinell
Mucho antes de los tribunales, los arbitrajes y la vida pública, la vocación del doctor Ricardo Noboa comenzó frente a una pantalla de televisión en blanco y negro, viendo Los Defensores y Perry Mason y empezó a enamorarse de lo que significa ser abogado.
Ese interés inicial se traduce en una trayectoria que hoy lo posiciona como abogado civilista, exministro, exlegislador, autor y fundador de Noboa Bejarano Estudio Jurídico.
Además de ser protagonista de momentos clave en la vida pública del Ecuador, fue articulista en medios como El Universo y diario Hoy, y se mantiene activo en el portal La República, donde aborda temas jurídicos y políticos de actualidad.
Se define como un abogado que ejerce el derecho todos los días y mantiene una rutina constante, con la oficina como centro de su actividad y una clara preferencia por el trabajo presencial.
En el día a día, trabaja de cerca con su equipo en la revisión de casos que, en muchas ocasiones, requieren varias reuniones para su adecuada atención.
Afirma que se considera un “deal maker”, enfocado en encontrar soluciones más que en prolongar conflictos, y reconoce que los litigios, cuando se extienden en el tiempo, terminan desgastando tanto a los clientes como a los propios abogados.
Primeros pasos en el derecho
Realizó sus prácticas profesionales en dos estudios jurídicos importantes de Guayaquil, Romero Menéndez y el Estudio Jurídico Amador.
En 1977, relata que formó un estudio junto a varios compañeros de universidad, hasta que en 1988 se separaron y fundó Noboa Bejarano Estudio Jurídico, respondiendo al deseo de construir un espacio propio y dejar un legado.
“Creo que el abogado solo se realiza como tal si se dedica exclusivamente a su profesión… Yo siempre decidí ser solo abogado y dedicarme a atender a mis clientes”, dice, al referirse a la forma en que ha marcado su ejercicio del derecho.
Se ha especializado en el derecho civil y sus derivaciones hacia el derecho societario, y afirma que en el área del derecho civil el abogado se forma en el litigio, el cual considera apasionante porque siempre se enfrentan dos verdades.
“Ninguna tal vez es absoluta. Ahora bien, cuando se puede, lo ideal es llegar a un acuerdo. Es mejor llegar a un mal acuerdo que a un buen juicio”, menciona al citar una frase atribuida al expresidente ecuatoriano Arroyo del Río.
Noboa Bejarano Estudio Jurídico
Durante sus 38 años al frente de Noboa Bejarano Estudio Jurídico, señala que ha buscado construir una cultura basada en el trabajo y la responsabilidad dentro de un marco de libertad.
Asegura que su práctica se ha guiado por principios como la cultura del trabajo, la responsabilidad y la lealtad procesal, y que la relación con la contraparte puede convertirse en una vía para la solución del problema.

Como parte de esa cultura, en su estudio jurídico hay una mayor presencia de mujeres, en quienes confía plenamente por su responsabilidad, intuición y entrega en el trabajo.
“He aprendido mucho de las mujeres. Tienen una intuición de la que los hombres carecen, son muy responsables y he tenido una extraordinaria experiencia de trabajo con ellas. Me siento cómodo trabajando con mujeres”, dice.
Añade que trabaja de cerca con su hijo Esteban, quien cumple un rol de coordinación dentro del estudio y participa activamente en la gestión diaria de los casos.
Esa misma trayectoria se extendió al ámbito académico, donde durante 25 años ejerció la docencia en la Facultad de Derecho de la Universidad Católica de Guayaquil, impartiendo materias como Derecho Societario y Derecho Civil.
La cátedra le permitió mantenerse activo y en constante actualización, en contacto con nuevas generaciones de estudiantes.
Por otro lado, su paso por el sector público inició a los 32 años, cuando en 1984 fue convocado por el entonces presidente electo León Febres Cordero para colaborar con su equipo.
A partir de ese momento, asumió responsabilidades como Subsecretario de Recursos Pesqueros entre 1984 y 1986, y posteriormente como Ministro de Industrias y Comercio entre 1987 y 1988.
Explica que una de sus experiencias más significativas fue trabajar junto a su hermano, Gustavo Noboa, durante su período presidencial entre 2000 y 2003, años que describe como complejos para el país, marcados por un proceso de restauración nacional tras una etapa de inestabilidad.
En esos años, asegura que se mantuvo al margen del ejercicio privado y su estudio jurídico continuó operando enfocado en la atención de sus clientes, sin vínculo alguno con las responsabilidades que desempeñaba.
“Jamás se me ocurrió insinuar que se contratara a mi estudio para tal o cual caso. Nunca hubo la más ligera insinuación sobre tráfico de influencias, algo tan de moda en el mundo desde hace mucho tiempo”, recuerda.
Su paso por el sector público quedó reflejado en dos libros, En busca de una esperanza, sobre la Asamblea Constituyente de 1997 y El país del No, sobre su gestión en procesos de reforma del Estado en 2003.
“¿Cuál fue la contribución? Haber trabajado con eficiencia y honradez. En cada cargo que he ejercido, siempre me vinculé con el sector al que servía, con el sector pesquero, con los industriales, los exportadores y empresarios en general. A veces había sus buenas peleas por distintos puntos de vista, pero siempre con recta intención”, afirma.
Un momento decisivo
Uno de los momentos más complejos de su trayectoria se dio en 1991, durante la estatización de la empresa eléctrica de Guayaquil, cuando, como abogado de una empresa extranjera, enfrentó al Estado en un arbitraje mientras participaba como candidato a diputado.
Señala que logró concluir el proceso antes del inicio de la campaña, resultando elegido, y que el fallo favorable, conocido como “Justo Precio”, marcó su carrera como un punto de despegue.
Se describe como profundamente guayaquileño y destaca sus raíces familiares, siendo el noveno de nueve hermanos en una familia de profesionales. Su padre tuvo un rol activo en las causas cívicas de la ciudad.
En el ámbito personal, menciona que está casado y tiene cuatro hijos y 11 nietos. Sus hijos han seguido distintos caminos profesionales, Ricardo en el ámbito empresarial, Vivian y Esteban en el ejercicio del derecho junto a él, y Sofía en el sector de la hotelería y el turismo, actualmente dedicada a su familia.
Fuera del trabajo, su rutina incluye la lectura, ver fútbol, compartir en familia los fines de semana y jugar tenis.
Al resumir la filosofía que busca transmitir a las nuevas generaciones, afirma que “si eres abogado nunca te retires, ejerce siempre mientras el Señor te de salud, sensatez y criterio. Estudia, infórmate y actualízate siempre”.
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