• 21 mayo, 2026

El orden como lenguaje de vida

El orden como lenguaje de vida

A través de CasaLibre, Carolina Velásquez organiza espacios, capacita personal doméstico y ofrece productos para el hogar.

Por Milagros Sánchez Pinell

En la vida de la ecuatoriana Carolina Velásquez, el orden dejó de ser una práctica cotidiana para convertirse en una forma de entender a las personas y de traducirla en espacios que generan calma.

A sus 35 años, madre de tres hijos y fundadora de CasaLibre, ha llevado lo doméstico a un terreno profesional profundamente humano, con una historia que nace en el hogar.

“De niña decía que quería ser madre y ama de casa, soñaba con mi espacio”, afirma, evocando esa realidad que desde su infancia soñaba habitar y construir.

Dicho vínculo con el orden también tiene raíces familiares, especialmente en la figura de su padre, cuya disciplina marcó una referencia temprana en su forma de relacionarse con los espacios.

También reconoce en sí misma una tendencia obsesiva hacia el orden y la limpieza, característica que con el tiempo se transformó en una fuerza positiva.

Esa relación con el orden tomó forma práctica a través de CasaLibre, un proyecto que surgió cuando comenzó a ayudar en la casa de su concuñada mientras sus hijos estaban en el colegio.

Ese momento también coincidió con el auge de la experta japonesa en organización del hogar, Marie Kondo, dando origen al sobrenombre de “Cari Kondo”, con el que su concuñada comenzó a llamarla mientras promovía sus servicios.

“Me dijo que apostaba a que si ponía en redes sociales que llegaba a su casa a arreglarla me saldría trabajo. Luego llegó la primera clienta, la segunda y la tercera, y fue ahí cuando dije que, si lo iba a hacer como un trabajo, tenía que hacerlo bien”, recuerda.

Así, en 2018, nace CasaLibre con la ayuda de una amiga del área de marketing, con quien definió el nombre, los colores y la identidad de la marca, además de abrir su cuenta de Instagram, a pesar de la reticencia que sentía hacia las redes sociales.

Un año después, decidió dar un paso más y formarse en organización de espacios con la quiteña Estefanía Mora, cuyo enfoque respondía mejor a la dinámica de sus clientes, en contraste con corrientes más vinculadas a la cultura oriental, como las promovidas por Marie Kondo.

“Conociendo nuestra cultura latina, muy diferente a la oriental, debía buscar una línea de trabajo que se adaptara mejor a nuestro contexto, por lo que me incliné hacia una escuela más americana, como The Home Edit”, comenta.

Un orden a la medida

A partir de su formación y experiencia, Carolina desarrolló una visión propia del orden, entendiendo que responde a las necesidades de cada persona y de cada hogar, teniendo como principio central de su vida la flexibilidad.

Esa visión, aclara, la vive en su propio hogar, donde convive con su esposo Carlos y sus hijos Juan Pablo, Carlita y Carito, quienes se relacionan de manera distinta con el orden, una dinámica que la ha llevado a entender que incluso dentro de una misma familia cada sistema debe adaptarse.

Detalla que el mayor se siente cómodo en la estructura y la limpieza, la del medio es más relajada y organiza su día a través de su agenda y sus actividades, mientras que la menor, muy de manualidades, necesita espacios que se ajusten a esa dinámica.

En su trabajo ocurre algo similar, ya que el proceso de organización genera cercanía con sus clientes y abre conversaciones que van más allá de lo práctico.

“Muchas veces se vuelve personal el tema, la gente termina contando lo que le molesta o lo que necesita”, relata, al describir un trabajo que, aunque parte de lo físico, termina conectando con lo emocional.

Según la experta, el orden y la salud mental se entrelazan de manera directa, porque el desorden muchas veces refleja una acumulación de pendientes y pensamientos.

“Un desorden físico es tener muchas cosas pendientes en tu cabeza”, reafirma.

Explica que esa sensación de pendientes, como un “to do list” mental, aumenta el estrés, genera niebla mental, reduce la concentración y afecta el descanso, ocurriendo lo mismo al ver un espacio desordenado que se quiere organizar sin saber por dónde empezar.

En ese sentido, comenta que el cerebro reclama orden porque ayuda a regular las emociones y puede incluso manifestarse como procrastinación.

“Cuando tienes algo urgente o importante, decides ir primero a ordenar esa parte de la casa que tenías pendiente. Ordenar nos genera sensación de control”, dice.

Por otro lado, ha tenido que aclarar el alcance de su trabajo, diferenciándolo de los servicios de limpieza, al explicar que su enfoque responde a un sistema estructurado que prioriza la clasificación y el orden visual, donde cada elemento tiene un lugar definido según las necesidades del cliente.

“Nosotros hemos estudiado un sistema en donde el tema visual es sumamente importante. La primera parte es sacar todo, la segunda es clasificar y eso le deja su norte a la persona que trabaja en casa”, explica.

El sistema en mención se adapta a cada caso, desde espacios domésticos hasta entornos más especializados como cocinas de restaurantes, quirófanos y bodegas, donde las prioridades cambian según el uso y las necesidades de cada persona en su día a día.

“Tengo clientes doctores y su prioridad es entrar y cambiarse rápido, entonces todo tiene que estar pensado para eso”, añade a modo de ejemplo.

En cuanto a la respuesta de sus clientes, dice que suele ser inmediata, acompañada de una sensación de alivio al ver sus espacios transformados, así como de asombro al descubrir una nueva forma de habitar el lugar.

Dentro de ese proceso, uno de sus mayores desafíos ha sido entender que el resultado final a veces responde a las expectativas de quien habita el espacio más que a su propio criterio.

Explica que, en algunos casos, especialmente con personas mayores, el desapego resulta más complejo y la prioridad más que reorganizar es conservar, llevándola a enfocarse en que el cliente se sienta satisfecho, a pesar de su propia percepción del resultado.

Esa experiencia también ha transformado su manera de entender el orden en su vida cotidiana, donde ha aprendido a escuchar, ceder y adaptarse, encontrando un equilibrio entre su trabajo, su familia y su forma de habitar los espacios.

Actualmente, CasaLibre funciona con un pequeño equipo que la acompaña en cada proyecto, manteniendo un enfoque cercano y personalizado en su trabajo.

A futuro sostiene que su prioridad sigue siendo encontrar equilibrio entre su crecimiento profesional y su vida familiar, apostando por un desarrollo que le permita mantenerse presente en casa, sin perder la esencia de un proyecto que nació desde lo personal y que continúa guiándose por esa misma lógica.

Etiquetas: Ecuador / El orden como lenguaje de vida / emprendedora / Negocio / organización / Personaje de la semana

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