Apellidos que impactan países

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Apellidos que impactan países

El solo escucharlos remite al país al que han ligado sus destinos por generaciones

Paiz, Poma, Maalouf, Pellas, Uribe, Motta, Vicini… Sin lugar a dudas, ya habrá adivinado de quiénes se trata, de qué país provienen y hasta ha identificado algunos de sus principales negocios.

Y es que esas familias han construido verdaderos imperios a lo largo de las primeras décadas del siglo 20, principalmente. Los han sostenido incrementado su participación y poder en el mercado y los han proyectado como protagonistas de sus respectivas industrias en el futuro, en su país y en la región.

Compañías familiares

De acuerdo con Esteban Brenes, profesor Steve Aronson de Estrategia de Incae Business School, en una empresa familiar el grupo consanguíneo tiene una participación accionaria que le permite a una familia específica tener todo el control.

“Por ejemplo, hay empresas que son 100% de una sola familia, pero hay otras donde el control que mantienen es el 80%, el 70%, el 60%… Incluso, hay empresas que con un 30% las controla una familia, aunque el otro 70% esté en la bolsa”, explica el experto.

Para Brenes, el hecho de identificar fácilmente a familias empresarias en Centroamérica y República Dominicana no se liga a características especiales de la región, sino que, por el contrario, este tipo de compañías está presente en todo el mundo.

“Las características de las empresas familiares en el resto del mundo son muy similares a las nuestras, nada más afectadas por razones culturales, porque en una región del mundo la forma de trabajar entre hombres y mujeres difiere de acuerdo con la cultura, religión e historia. En algunas partes del mundo, a las mujeres les heredan bienes raíces, casas y apartamentos, y a los hombres los negocios. Pero las empresas y las familias casi se comportan igual”, asegura Brenes.

“Las empresas familiares han existido desde siempre y están en todo el mundo, porque nacen donde haya un emprendedor que logre identificar una necesidad en el mercado y que, con liderazgo e ingenio, hace crecer su empresa. Donde haya familias y mercado, habrá empresas familiares. Y, donde haya empresas familiares bien gestionadas, habrá empresas familiares ejemplares”, afirma Laura Montero Aguilar, directora de las prácticas de
Derecho Corporativo y Privado, y de Empresa Familiar, de Deloitte.

De acuerdo con Montero, las compañías familiares son el mejor referente para demostrar que una empresa familiar no es sinónimo de micro, ni pequeña firma, como a veces se piensa.

“Algunas de las empresas más grandes de nuestra región y del mundo, con algunas de
las marcas más valiosas, que emplean a millones de personas y que mueven la economía, son familiares”, aseguró.

Con ella coincidió Brenes, quien señaló que, generalmente, las familias permanecen
propietarias de las compañías por muchísimos años, mientras que en otras partes del mundo terminan siendo empresas públicas muy pronto, aunque conservan un enfoque familiar.

“Walmart tiene una participación familiar muy pequeña, pero mantiene un gran control. Cargill es otra. En fin, hay empresas multinacionales muy grandes que todavía son familiares, nada más que están en bolsa”, dijo.

Brenes comenta que la principal diferencia de nuestra región con el resto del mundo se relaciona con el periodo de permanencia de las firmas en poder de sus familias fundadoras.

“Lo que sí sucede es que permanecen mucho más tiempo en manos familiares en regiones en vías de desarrollo o economías emergentes, porque los mercados de valores no son tan transparentes como en países desarrollados”, asegura.

La representante de Deloitte explica que como toda organización económica, la empresa familiar busca la generación de lucro para sus propietarios, pero lo hace “desde el afecto”.

“Esto, es lo que hace tan especialmente particulares a las empresas familiares, ya que hablamos de lazos de amor trabajando juntos para generar lucro, lo que, por un lado, significa un enorme potencial para el éxito de la empresa, pero por otro lado, complica su gestión adecuada, ya que esta mantiene una constante lucha entre sus principios informadores que son contrapuestos: las empresas suelen estar guiadas por principios de rentabilidad, crecimiento y eficiencia, mientras que en las familias privan los principios de igualdad, solidaridad, comprensión y perdón”.

La receta del éxito

“Donde hay orden, está Dios”, repetían nuestros abuelos y, de acuerdo con los expertos, esa pareciera ser la fórmula que les permite a las familias hacer crecer los buenos resultados que reciben de sus diferentes actividades productivas.

“He trabajado con más de 110 familias propietarias de empresas familiares en los últimos veinte años. Mi experiencia es que las empresas deben, tan pronto como puedan, ponerse de acuerdo en lo que se llama relación familia-empresa y eso significa establecer las reglas claras de esa relación. Si alguien va a querer trabajar en la empresa deben definir cuáles características debería tener: ¿debería esa persona haber sacado una carrera en particular?, ¿debemos tener una junta directiva?, ¿cómo va a estar conformada esa junta directiva?, ¿cuántos miembros de la familia? y ¿cuántos miembros externos la conformarán?.

Eso se conoce como el protocolo familiar, un acuerdo que establece las reglas entre la familia y el negocio, de tal manera que no tengamos a la familia metida en el negocio de manera irresponsable o que los problemas del negocio se traigan a la casa y a la familia, de una forma irresponsable también”, detalló.

De acuerdo con Montero, son muchísimos los factores de éxito que hacen que una empresa familiar triunfe y todos igualmente importantes: la conciencia y el aprovechamiento de las fortalezas que tiene, la correcta gestión de sus debilidades, la preparación de las generaciones que vienen, la apropiada relación entre la familia y la empresa, el desarrollo y
el perfeccionamiento de las habilidades blandas de los miembros de la familia, tales como la comunicación, la negociación, la toma de decisiones conjunta y la resolución de conflictos, el compartir una visión, preparar adecuadamente la sucesión y conformar el gobierno corporativo de la empresa familiar.

“A pesar de que hay muchos eleelementos que comparten las empresas familiares, todas son distintas. No hay una receta para el éxito, pero como organizaciones que han sido ampliamente estudiadas por años, por la trascendencia que tienen, sí sabemos que existen una serie de herramientas gerenciales y patrimoniales que les ayudan a su continuidad”, dice la experta.

Montero señala que, para que la empresa familiar sobreviva, deben subsistir dos elementos que la conforman: la empresa y la familia.

“La planeación de la sucesión generacional (tanto profesional, como patrimonial), la implementación de un código de buen gobierno y el desarrollo del gobierno corporativo –tanto de la empresa, como de la familia–, el diseño de estructuras jurídicas y patrimoniales a la medida, la planeación estratégica, el desarrollo del liderazgo, así como de las habilidades blandas de los miembros de la familia, la profesionalización de la empresa familiar, y el consenso e implementación del protocolo familiar son algunas de estas herramientas”, afirma la representante de Deloitte.

El protocolo familiar, que regula la relación familia-empresa, se compone de 15 capítulos relacionados con la incorporación de la familia al negocio, con temas de divorcios y qué pasa con la propiedad accionaria y con conflictos de interés, entre muchos otros aspectos.

“Pero si vos no ponés en regla y no decís pongámonos de acuerdo y veamos cómo vamos a trabajar, esto se va a volver un arroz con mango, como se dice en Costa Rica (en alusión a un completo desorden)”, complementa el académico.

Este artículo es un homenaje a familias destacadas y con amplia trayectoria de la región, no solo por su éxito empresarial, si no también por su gran creación de riqueza y sus importantes aportes a favor de las comunidades en que se desarrollan.

Arturo Castro Barrantes

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