Buenas empleadoras se vuelven irresistibles

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Buenas empleadoras se vuelven irresistibles

Las empresas que han logrado una marca empleador lo tienen todo: buena reputación, ventajas competitivas respecto a la competencia, colaboradores satisfechos y orgullosos de trabajar en ellas y atraen por sí solas a los mejores talentos

Nadie se resiste a ellas, son atractivas, lucen una imagen envidiable, ofrecen lo que otras no dan, superan cualquier expectativa, satisfacen necesidades, se vuelven sumamente cotizadas y las conquistan los mejores candidatos. Sí, las empresas con “marca empleador” se vuelven irresistibles, pues todos quieren trabajar en ellas.

La “employer branding” es esa reputación que la empresa ha construido por la calidad del empleo que brinda y no necesariamente por su tamaño. Esa buena fama le da ventajas competitivas que le hacen destacar en el mercado y le permite atraer a los mejores talentos y retener a su recurso humano que trabaja con satisfacción, orgullo y compromiso.

“La mejor forma de describir la `marca empleador` es imaginarse una gran sombrilla que integra una serie de elementos clave que la empresa quiere transmitir y preservar a través de su cultura y gente. Inclusive la “marca empleador” debe responder a la identidad de la empresa desde lo más profundo de sus valores, creencias y accionar corporativo”, comenta Sofía Calderón, socia de Consultoría en Capital Humano de Deloitte.

El ser buen empleador vende, es cada vez más valorado por proveedores, clientes y la comunidad en general.

De acuerdo a la experta, la marca debe verse más allá de una herramienta para atraer
y retener talento, es decir, debe ser concebida como un brazo ejecutor de la estrategia corporativa y la cultura organizacional, debe ser un proceso sistémico y orquestado y deben estar involucrados los líderes y el CEO. “No es una iniciativa aislada del equipo de
recursos humanos, si no correríamos el riesgo de que no sea consistente y sostenible en el tiempo”, afirma.

Jorge De Mezerville, gerente de PricewaterhouseCoopers (PwC), detalla que una empresa puede ser gran empleadora en un momento, lo cual es fácil, lo difícil es mantenerse a lo largo del tiempo.

“Estas grandes empleadoras tienen una coherencia entre la estrategia de negocio, el modelo de operación y la cultura, el propósito y los valores de la empresa”, cuenta.

Transparentes

Para Sofía Calderón, socia de Consultoría en Capital Humano de Deloitte, una de
las virtudes empresariales más apreciadas por los colaboradores más jóvenes es la
transparencia en los valores corporativos, claridad y un norte despejado para su desarrollo, junto con la posibilidad de acceder a oportunidades de aprendizaje.

Han identificado otros elementos atractivos como un fuerte compromiso hacia la
inclusión y diversidad, aprendizaje continuo, reconfiguración de puestos que faciliten la
oportunidad de desarrollar un perfil hibrido, plan de carrera y movimientos entre área,
estructuras flexibles y poco jerárquicas y beneficios o recompensas a la medida.

En cuanto a los líderes, Dahiana Arias, gerente de ManpowerGroup Costa Rica, explica que por la digitalización, sus roles han cambiado.

Los colaboradores también son determinantes para el fortalecimiento de la compañía.

“Ninguna empresa es grande por sí sola, sus colaboradores son actores principales en el
desarrollo de sus funciones. Los colaboradores ideales, además de tener habilidades
duras específicas y conocimientos técnicos, cuentan con habilidades blandas muy desarrolladas”, recalca Arias.

Jorge De Mezerville, gerente de PwC, comenta que los líderes deben conocer a su gente,
ser conscientes de los cambios y megatendencias que prevalecen y que tratan de adelantarse a esos cambios, tienen alta capacidad de escucha y de influencia y tienen
el enorme reto de lograr motivación y cohesión de equipos de trabajo que están en diferentes geografías.

Experiencias positivas

Tan importante es la imagen que tenga una empresa ante sus públicos, por los productos y servicios que ofrece y por los valores que la caracterizan, como la imagen que tengan sus colaboradores y potenciales trabajadores y es que una mala reputación como empleadora puede causarle serios problemas.

“Los efectos perjudiciales de una experiencia negativa del candidato o empleado se extienden mucho más allá del candidato o empleado que la experimentó, es decir, causa un efecto dominó y esto significa que a otros no sólo se les comunique acerca de dicha experiencia, sino que ésta también les afecte su interés en la compra a una empresa de
productos o servicios”, cuenta Arias.

De Mezerville concuerda con ello y considera que la experiencia del colaborador es tan importante como la del cliente, por ello es vital hacer un mapeo para identiticar lo que llama “puntos de amor” y “puntos de dolor” y atacar estos últimos para cuidar dicha experiencia, además, considera indispensable conocer a los colaboradores y segmentarlos en diferentes grupos para atender de forma más focalizada sus necesidades.

Angie López
el autorAngie López

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