Qué es la felicidad sintética y cómo ayuda a superar los fracasos

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Qué es la felicidad sintética y cómo ayuda a superar los fracasos

¿Se puede ser feliz artificialmente?

La felicidad sintética puede ser tan real y duradera como la que nos hace saltar cuando conseguimos lo que tanto queremos.

Para algunos podrá sonar a autoengaño; para otros, a conformismo. Sin embargo, no se trata de ninguno de los dos. Hablamos de la felicidad sintética, un concepto desarrollado por profesor de Psicología de la Universidad de Harvard Harvard Dan Gilbert.

La explicación de la felicidad sintética, dice, es científica y se encuentra en nuestro cerebro, publica BBC Mundo.

Nuestras defensas psicológicas

“Los seres humanos tienen algo que podemos entender como un sistema inmunológico psicológico, que es un sistema de procesos cognitivos -en su mayoría no conscientes- que le ayudan a cambiar sus percepciones del mundo para poder sentirse mejor en ese mundo en el que se encuentran”, explica Gilbert.

¿Se puede ser feliz artificialmente?

Según este especialista, todos tenemos la capacidad de sintetizar la felicidad, pero no siempre es fácil porque solemos pensar que la felicidad es “algo que se encuentra”.

Es así como el catedrático plantea que hay dos tipos de felicidad: la natural y la sintética.

La felicidad natural es la que experimentamos cuando conseguimos lo que queremos y la sintética es la que fabricamos cuando “no tenemos lo que deseábamos”.

Según el investigador, el adjetivo “sintético” nos genera suspicacia a muchos de nosotros porque “pensamos que la felicidad sintética no es de la misma calidad que la que podríamos llamar felicidad natural. En nuestra sociedad tenemos la fuerte creencia de que la felicidad sintética es inferior. ¿Por qué creemos eso? Bueno, es muy simple. ¿Qué tipo de maquinaria económica seguiría girando si creyésemos que no tener lo que queremos nos hará igualmente felices que tenerlo?”, argumenta el profesor.

La libertad

Gilbert cree firmemente que la felicidad sintética es tan real y duradera como la que nos hace saltar cuando conseguimos lo que tanto queremos.

Y sus efectos son igualmente beneficiosos para nuestro organismo. Para demostrar ese punto, el investigador apela a un paradigma de más de 60 años que se conoce como el paradigma de la libre elección.

Tras hacer experimentos con participantes de diferentes perfiles y distintos contextos, el profesor concluye que la libertad entendida como la habilidad de tomar decisiones y cambiar de opinión es amiga de la felicidad natural, pero se convierte en la enemiga de la felicidad sintética.

El sistema inmunológico psicológico funciona mejor cuando no tenemos opciones.”Vas a encontrar una manera de estar feliz con lo que sucedió, hallar una manera de ser feliz con lo que tienes”, advierte el psicólogo.

Ambición con límites

Gilbert explica que es bueno tener preferencias cuando, por ejemplo, proyectamos nuestro futuro y lo comparamos con otros escenarios potenciales o cuando nos anticipamos a lo que sucederá.

Pero, pide precaución. “Cuando esas preferencias nos arrastran extremadamente fuerte y rápido porque hemos sobrevalorado la diferencia entre esos futuros, estamos en riesgo”, advierte.

“Cuando nuestra ambición es limitada, nos lleva a trabajar con alegría. Cuando nuestra ambición es desenfrenada, nos lleva a mentir, a engañar, a robar, a lastimar a otros, a sacrificar cosas que tienen un valor real”, dice Gilbert.

“Cuando nuestros temores son limitados, somos prudentes, precavidos, reflexivos. Cuando nuestros temores son desenfrenados, somos imprudentes, pretenciosos y cobardes”, agrega.

El mensaje clave de Gilbert, basado en sus experimentos, es que hasta cierto punto el ser humano exagera sus anhelos y preocupaciones, pero por dentro, tienela capacidad de generar ese mismo producto de valor que se persiguen constantemente.

Y ¿cómo nos ayuda con los fracasos?

Para entender como la teoría desarrollada por Gilbert nos puede ayudar a lidiar con los fracasos, es clave retomar el concepto del sistema inmunológico psicológico.

Gracias a que el cerebro cuenta con él, podemos cambiar la forma en que percibimos lo que nos sucede y convencernos de que lo que perdimos (un empleo, un premio, una novia) o lo que sea que no conseguimos no nos iba a hacer tanto bien como creíamos.

Se trata de un proceso de adaptación y de aceptación de lo que nos pasa y eso nos permite superar las desilusiones y seguir adelante.

La psicóloga María Carmen Martínez, profesora asociada de psicología social de la Universidad Miguel Hernández de Elche, lo resumió muy bien en su blog “Psicología, Comunicación, Emociones y Salud” cuando analizó la diferencia entre la felicidad natural y la sintética:

“El sufrimiento por la pérdida dura poco en el cerebro humano y, lo que es más importante, la felicidad es una experiencia que puede ser creada por el propio individuo. La felicidad como experiencia vivencial de nuestro cerebro es generada internamente, incluso puede simularse sin necesidad de ningún estímulo externo”.

 

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