Camino al último templo maya

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Camino al último templo maya

No esperaban ansiosamente un cielo eterno ni temían un infierno de castigo. En su agonía, sabían que era momento de seguir existiendo en un espacio distinto, un plano donde se conjugaba la presencia de lo divino y se reencontraban con los que se habían marchado antes: sus antepasados.

Desde ese lugar, serían invocados y reverenciados por los que quedaban vivos, con el fin de que les ayudaran con sus terrenales dilemas. Para ellos, lo que es, está conectado con lo que ha sido.
La memoria es importante.

Conmemorar el recuerdo

Es esa misma sabiduría intangible la que hoy impulsa a un grupo de guatemaltecos a emprender uno de los proyectos más ambiciosos que hayan ocurrido en la Centroamérica contemporánea.

Se trata de la construcción del Museo Maya de América (MuMA), un espacio que procura ser un verdadero centro de educación e investigación y la institución líder en la conservación del patrimonio cultural de Guatemala.
Este sueño es liderado por Fernando Paiz, el reconocido empresario guatemalteco que, por medio de la Fundación Museo Maya de América, trabaja por obtener el financiamiento y articular la logística requerida para la ejecución de esta importante obra.

La presentación oficial del proyecto se dio en el LA Convention Center de la ciudad de Los Ángeles, en los Estados Unidos, el 16 de enero. Durante la actividad, el mismo Paiz dio detalles del proyecto frente a representantes guatemaltecos, amantes del arte, público general y periodistas de medios de comunicación internacionales, incluidos Univisión, The New York Times y la revista Vida y Éxito.

Museo integral

Paiz contó a un público receptivo los detalles más importantes de la construcción que contará con 60.000 m2 y se ubicará en la Zona 13 de la capital chapina, en la llamada calle de los museos, cerca del Aeropuerto Internacional La Aurora y a tan solo seis kilómetros del centro de la Ciudad de Guatemala.

La infraestructura de clase mundial contará con áreas de exhibición, conservación y almacenaje. En este último caso, las piezas seguirán siendo visibles para los visitantes.

El equipo de curadores del MuMA será invitado a seleccionar piezas de las colecciones de la Fundación La Ruta Maya, que ha prometido prestar (con intención de donar) sus objetos arquelógicos.

De hecho, esta organización es responsable de la repatriación de una cantidad importante de piezas arqueológicas que han salido de Guatemala a través de los años.

Además, se espera que el MuMA reciba en depósito y custodia la colección del Museo Nacional de Arqueología y Etnología de Guatemala, que pertenece al Estado.

Para una óptima conservación del patrimonio, el MuMA contará con estrictos controles de temperatura, humedad e iluminación y esto permitirá alojar exposiciones itinerantes de origen internacional y privado, con lo que se amplía la diversidad para el público local.

Asimismo, el sitio contará con una tienda de libros, productos varios y objetos hechos a mano por artesanos locales, junto con un restaurante y cafetería que incluirá en su menú recetas e ingredientes mayas, un planetario y una librería abierta al público, además de otros servicios complementarios.

Finalmente, el museo podrá ser utilizado como un centro de actividades institucionales, gracias a su auditorio y sus salas multiuso. Allí se podrán organizar actividades culturales, privadas y empresariales, que se pueden complementar con recorridos guiados.

Todo este complejo patrimonial se erigirá en el sitio descrito luego de una planeación estratégica. Estará junto al Parque Metropolitano con el propósito de complementar la oferta de descanso y diversión de la población guatemalteca.

Valor intangible

Si bien la arquitectura de este museo proveerá a los guatemaltecos de un símbolo sobre el cual reforzar su identidad cultural, la existencia del museo impactará a esta sociedad en otros ámbitos de su desarrollo.
En primerísimo lugar se encuentran los beneficios económicos. Se proyecta que el museo logre incrementar de manera significativa la cantidad de visitantes al país.

“El impacto turístico del museo aumentaría hasta en un 0,51% el PIB de Guatemala. No puedo pensar en ninguna otra iniciativa que en este momento pueda impactar de manera tan importante a la sociedad”, indica Paiz.

De acuerdo con las proyecciones realizadas por el equipo consultor del proyecto, el museo incrementaría en al menos US$14 millones los ingresos del Instituto Guatemalteco de Turismo (Inguat), mientras que la recolección de impuestos derivados de este turismo cultural aumentaría en US$13 millones.

Junto a los anteriores beneficios económicos, el país tomaría ventaja de la creación de nuevas fuentes de empleo y de encadenamientos productivos.

En el aspecto académico, el MuMA convertirá a Guatemala en un referente mundial en el estudio y comprensión de la cultura maya y el período prehispánico. El espacio contará con instalaciones especialmente diseñadas para facilitar el trabajo de investigadores locales e internacionales.

Y con el propósito de que ese conocimiento específico se democratice, la institución también albergará aulas y programas especiales donde los niños y jóvenes puedan aprender acerca de una de las civilizaciones más importantes del mundo antiguo.

“Uno de los principales propósitos de este museo es fortalecer el orgullo guatemalteco por su herencia y el nivel tan impresionante de conocimiento que poseían sus ancestros”, afirma Paiz.

Por ello, el empresario y su grupo de colaboradores han concebido que el museo sea un lugar no solo accesible económicamente (entradas a un precio de US$1 para los guatemaltecos), sino que también sea atractivo y divertido.

Algunas partes del edificio se podrán visitar de manera gratuita para incentivar que las familias puedan pasar el día allí, en el Parque Metropolitano o en el zoológico cercano.

“La población tendrá un sentido de pertenencia y orgullo de nuestro pasado maya”, sostiene con firmeza Paiz.
Con el fin de que los objetivos del proyecto se alcancen, es necesario que a la cabeza del museo se cuente con los profesionales adecuados y que representen a los sectores afines.

Para eso, la operación del museo será gobernada por la Junta Directiva Supervisora, cuyos miembros deberán poseer reconocido prestigio.

Dicha Junta Supervisora estará compuesta por representantes de instituciones públicas, la sociedad maya, académicos, universidades, organizaciones científicas de la sociedad civil guatemalteca o del extranjero con base en sus calificaciones.

Además, la entidad está concebida para ser totalmente apolítica.

“Queremos que en las decisiones haya pluralidad de criterios y un espíritu de excelencia. La gobernanza de la institución ha sido pensada para ofrecer la máxima transparencia en la gestión del patrimonio guatemalteco”, explica Paiz.

Materializar el sueño

Un acto particularmente simbólico marcó la presentación del proyecto en la ciudad de Los Ángeles, cuando las Autoridades Ancestrales Mayas de Chichicastenango hicieron un colorido ritual de bendición al proyecto y a Fernando Paiz.

En medio de flores y sentidas palabras que luego eran traducidas al español, estos líderes agradecieron a los pioneros de la iniciativa por querer dar un “lugar de reposo y conservación a los tesoros del pueblo, que nunca debieron de haber abandonado el hogar”.

En el acto, Fernando Paiz fue nombrado Aj-Chamey, que en lengua quiché significa el que abre el camino para crear la casa de los recuerdos de los abuelos.

Fondos

Este evento generó una energía particular entre los presentes y de alguna manera se convirtió en el banderazo de salida oficial para enfrentar una de las etapas más críticas del proyecto: recaudar los recursos económicos para la construcción del museo.

Si bien las reuniones con posibles donantes y colaboradores se han dado desde antes de la presentación oficial, es ahora que la Fundación Museo Maya de América se enfocará en ejecutar todas las estrategias posibles, desde las más tradicionales hasta las más creativas, con el fin de recaudar lo necesario.

“Existen mecenas anónimos que están muy interesados en apoyarnos y no necesariamente son grandes donadores. Cualquier tipo de colaboración es importante y se recibe con mucha gratitud”, indica Inés Guzmán, directora del proyecto.

El costo total del MuMA se calcula en al menos US$75 millones entre construcción y equipamiento del lugar, sin embargo el monto ideal que se quiere obtener es de US$100 millones para iniciar operaciones.

“Estamos tocando todas las puertas y buscando todo el apoyo del gobierno y organizaciones interesadas, pero sobre todo nos interesa que el pueblo guatemalteco se apropie de este sueño. Esperamos que una gran parte de los recursos venga de la gente, en pequeñas donaciones o con contribuciones en especie”, señala Guzmán. Por ejemplo, la directora destaca la alianza que existe entre la fundación y una empresa anónima que donará la confección de ladrillos con el nombre inscrito de cada persona que done al menos US$100. Con los ladrillos grabados con el nombre del donante se cubrirá la plaza principal del museo.

Quienes tienen interés en este tipo de colaboración, pueden acceder al sitio en Internet de la Fundación Museo Maya de América y hacer su donativo de manera digital en museomayadeamerica.org

“Nos sentimos llenos de motivación por lo que estamos construyendo. Este museo será una joya no solo para el pueblo guatemalteco, sino también para el mundo”, señala Guzmán.

Así, queda en marcha la construcción de este hogar donde han de volver los documentos y las piezas de una historia que se seguirá contando en el devenir del tiempo. La memoria seguirá siempre presente.

Rommel Téllez

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