Legado inmortal

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Legado inmortal

Roberto J. Argüello con Manuel Ayau Cordón en Ciudad de Guatemala en 1990.

La vida y obra de Manuel “Muso” Ayau dejaron una profunda huella en su natal Guatemala y en miles de centroamericanos, permeados por sus ideas.

Sensei –término japonés que designa a un maestro, un sabio o una persona docta– describe con exactitud a quien fue en vida Manuel Ayau Cordón, Muso para sus amigos.

Tuve el honor de conocer a este gran pedagogo y verdadero creador de riqueza en la década de 1980, cuando lo visitaba en Guatemala.

Así nació una linda amistad que culminó en mi decidido apoyo a la campaña presidencial de Jorge Carpio Nicolle y de él como vicepresidente, durante las elecciones guatemaltecas de 1990, ganadas en segunda vuelta por Jorge Serrano Elías.

Entre los mayores logros de Ayau figura el haber sido miembro fundador y primer rector de la Universidad Francisco Marroquín (UFM), localizada en Ciudad de Guatemala desde 1991, y cuya misión, según estatutos oficiales, es “la enseñanza y difusión de los principios éticos, jurídicos y económicos de una sociedad de personas libres y responsables”.

Es una institución laica, que toma su nombre del obispo de la era colonial Francisco Marroquín, primer prelado ordenado en América, cuya figura identifica dos principios de la UFM: respeto por el individuo y el valor de la educación. Marroquín, durante su obispado, protegió los derechos de los indígenas y donó parte de su fortuna para fundar la primera universidad de Centroamérica.

En el proceso fue decisivo el apoyo del Centro de Estudios Económicos y Sociales (CEES), grupo de reflexión fundado en 1958, cuyos miembros a través del tiempo incluyeron ilustres guatemaltecos como Ernesto Rodríguez Briones, el doctor Luis Beltranena V., Antonio Carrera, Rigoberto Juárez-Paz, Leonel Samayoa, Roberto Sánchez, Antonio Aycinena, Imrich Fischmann, Enrique Matheu, Enrique García Salas y Alejandro Arenales Catalán.

Nos cuenta Manuel Ayau Cordón, en su libro Mis memorias y mis comentarios sobre la fundación de la Universidad Francisco Marroquín y sus antecedentes, que los primeros en respaldar esa labor fueron los señores Cristóbal Hempstead, Enrique Novella Camacho, Eduardo Novella Camacho, Luis Canella, Ramón Campollo, Roberto Berger, Rudi Weissenberg, Manfredo Lippmann, Raúl Minondo y las empresas Cervecería Centroamericana y el Grupo Empresarial Granai y Towson.

Veinticuatro años después de su creación, la Universidad Francisco Marroquín es hoy una de las principales en Latinoamérica y ofrece numerosas diplomados y maestrías.

Lo constaté a mediados de este año, cuando escribí a nuestro gran amigo Flavio Montenegro Castillo, director ejecutivo del Grupo Financiero G&T Continental, solicitándole su apoyo para organizar una gira para el señor Antonio Hidalgo Pérez, secretario general de la Fundación San Telmo de Sevilla, España, quien quería conocer de primera mano a los principales empresarios guatemaltecos enfocados en crear valor en la cadena alimentaria, desde los productores, transformadores y canales de esta, hasta las principales universidades de Guatemala.

Flavio, de forma muy gentil, nos organizó un almuerzo en honor a la Fundación San Telmo de Sevilla y luego una cita en la UFM, donde nos atendió Gabriel Calzada Álvarez, rector; y Helmuth Chávez, decano del Colegio de Negocios.

Tenía más de 15 años de no visitar esa alma máter y me sorprendió ver su crecimiento. También me alegró conocer por parte de sus máximas autoridades los grandes éxitos que están logrando en educar a miles de personas, jóvenes y adultos, en múltiples disciplinas, realzando el legado de Ayau.

Roberto J. Argüello

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