Vivian Pellas, convirtiendo lágrimas en sonrisas

Revistas de Economía y Negocios en América Central

DestacadasEstilo de VidaNegocios

Vivian Pellas, convirtiendo lágrimas en sonrisas

Vivian Pellas

La reconocida filántropa nos relata su historia, cargada de momentos conmovedores que han marcado su vida y la de miles de personas.

Todas las personas tenemos historias sorprendentes y de dolor que cambian nuestras vidas. Sin embargo, la diferencia la marca lo que hacemos con esas experiencias.

Doña Vivian Pellas tiene una historia de vida muy sorprendente, en la que hay un momento que marcó sus pasos y la llevó a un camino de ayudar al prójimo y proveer mejor calidad de vida a miles de personas en Nicaragua.

Vivian y Carlos Pellas.

Para conocer más esta experiencia, debemos remontarnos al 21 de octubre de 1989. Doña Vivian y su esposo, el empresario nicaragüense Carlos Pellas, fueron dos de los 11 sobrevivientes que dejó el accidente aéreo que cobró la vida de 135 personas, cuando el Boeing 727-200 de la aerolínea TAN SAHSA se estrelló en el Cerro de Hula en Tegucigalpa.

Hay un antes y un después de esta fecha en la vida de doña Vivían, pues uno de los resultados más relevantes de esta tragedia fue el nacimiento de la Asociación Pro Niños Quemados de Nicaragua (Aproquen), una de las mejores unidades para atender a niños y personas quemadas en toda America Latina, y cuyos servicios son gratis, sin importar el nivel socioeconómico del paciente.

Esta sorprendente historia de vida está plasmada en la biografía de Vivian Pellas, “Vivian Pellas, convirtiendo lágrimas en sonrisas”, que está escrito con el alma, con alegrías y momentos difíciles y dramáticos que han sido superados gracias a su gran fe en Dios y en su vocación de servicio a los demás.

En esta obra biográfica se evidencia, además de la fortaleza de la autora, el gran trabajo que ha venido desarrollando desde la fundación de Aproquen en 1991. Tiempo en el que ha brindado más de 626.000 servicios de salud gratuitos a niños quemados y con malformaciones de labio y paladar hendido.

El prólogo del libro fue escrito por Carlos Pellas, y en sus palabras expresa el amor que siente por su esposa y también la profunda admiración que inspira cuando ve todo lo que ella ha logrado a través de Aproquen.

“La misión que Dios tenía para ella no puede ser más evidente: convertirla en el Ángel de la Guarda de los niños quemados de Nicaragua”, señala.

Los niños son los principales beneficiados de los programas de APROQUEN.

En esta entrevista doña Vivian nos habla de su libro, del accidente y de otras experiencias en su vida.

¿Qué la motivó a abrir su corazón y compartir su vida? ¿Cual es el propósito?

Mi propósito es enviar un mensaje de esperanza y fortaleza a todas las personas que han pasado por tragedias en su vida. En la vida tenemos que transformar las tragedias en algo positivo y así encontrar la felicidad.

¿Cómo fue ese proceso de escritura, de conectar con todas las vivencias acumuladas?

El proceso fue muy difícil, ya que lo comencé hace varios años y sucedieron dificultades y tropiezos en mi vida y tuve que detenerme en varias ocasiones. Además, le había hecho varias promesas a Dios que me había costado cumplirlas y hasta que las cumpliera lanzaría este libro.

Escribir mi biografía fue como una catarsis. Este libro cuenta la historia de mi vida. Una historia desafiante, con tristezas y alegrías donde me costó mucho enfrentarme a todo lo que pasé, pero gracias a Dios todas las vivencias las pude plasmar en el libro. Deseo que todo el que pueda leerlo quizá le sirva de inspiración en el caminar de su vida.

En su libro nos comparte su origen cubano, ¿cuáles son los recuerdos que más atesora de su infancia en la isla? ¿Añora sus años en la isla?

Los recuerdos que más atesoro por supuesto: las vivencias con mis papás, mi hermano, mis abuelos, mi familia y mi vida de niña. Siempre tengo el recuerdo de mis paseos por el zoológico, mi colegio, disfrutando en mi bicicleta y todas esas experiencias que quedaron en mi corazón para siempre y que nunca se me olvidarán.

Le ha tocado vivir varios nuevos comienzos (como el ajuste de vida al llegar a Nicaragua, terremoto, matrimonio, guerra y accidente), ¿qué lecciones le han dejado estos episodios tan significativos?

Han sido episodios muy retadores, por supuesto que he tenido muchas alegrías y tristezas, he aprendido mucho de ellos, lo que más me ha sostenido ha sido mi gran fe en Dios, Carlos, mis hijos, mi familia y amigos.

Salir de Cuba a los siete años fue un golpe muy duro, porque ahí dejé a mi familia: primos, tíos, abuelos, para mí fue muy difícil superarlo. Dejar todo atrás, llegar a un país, iniciar una vida nueva donde todo era diferente es poco sencillo, afortunadamente Nicaragua nos abrió los brazos.

La situación en Cuba evitaba que mis abuelos salieran, recordemos que en esos tiempos estábamos sin Internet, enviar una carta tomaba meses, la situación económica era muy difícil, solo podías hacer una llamada cuando te daban línea cada dos meses y te dejaban hablar por un minuto y te cortaban la llamada, me afectó mucho en mi infancia. En el libro describo como logré superar las distintas etapas que en mi vida fueron sucediendo.

Me hizo aprender desde pequeña mucho de la vida, de las relaciones con las personas, valorar lo importante y eso me permitió forjar un carácter que me ha ayudado mucho en mi vida.

Siempre he vivido con una nostalgia de muchas cosas que quedaron atrás de una forma brusca.

La Madre Teresa le dijo a la hija de Vivian Pellas: cuida mucho a tu mamá porque ella tiene una gran misión en la vida”.

Un momento importante para usted fue sin duda emprender su vida de casada con don Carlos, nos puede compartir, ¿cómo surgió el amor entre ustedes y cuándo supo que era el amor de su vida?

Fue amor a primera vista; fui una niña de salir poco, pero cuando lo vi, él tenía un tipo americano y me llamó mucho la atención. Era muy distinto a todos los muchachos que yo conocí. Lo vi por primera vez en un lugar que se llamaba El Retiro, aquí en Nicaragua. Vi dos muchachos sentados en una silla, él tenía una boina y cuando salió del lugar me guiñó un ojo, pensé que era americano y al día siguiente llegó a mi casa, ahí empezó nuestra historia de amor.

¿Cómo fue esa reconexión con la danza tras el nacimiento de sus hijos? ¿Qué significó el descubrir esa pasión para usted?

Toda la vida me ha gustado la danza, empecé a los tres años a bailar ballet en Cuba, pero después se dio la revolución y tuvimos que salir y venir a Nicaragua. Hubo varios años en que estuve sin bailar por la situación económica que pasaban mis padres, hasta que años después empecé a bailar otra vez en Miami y en eso surgió el accidente. El baile me ha ayudado mucho en mi vida. Posterior al accidente fue también una terapia física y emocional. Es una manera de expresión, una forma de sacar aquello que no puedo o no quiero decir con palabras, pero si lo digo con el alma.

Durante esa época de ir y venir de Managua a Miami (década de los 80) ¿se le pasó por la mente la posibilidad de un accidente aéreo?

Durante esta época viajábamos tanto que yo le dije a Carlos que viajáramos separados porque nuestros hijos estaban muy pequeños. Siempre le tuve miedo a volar. Pero jamás imaginé que viviría tal experiencia. Ese día el plan era volar en distintos aviones como siempre lo hacíamos, pero a Carlos no le concedieron un zarpe para ir a pescar y me dijo: “Vivian, nos vamos juntos”.

¿Cómo fue haber salido con vida de ese avión y haberlo hecho junto a su esposo?

Hubo momentos en que la muerte me rodeó y sentía que no sobreviviría. Pero gracias a Dios, a mi mamá, a mi papá, a los médicos que nos atendieron, la acertada intervención del doctor Mundo del Carmen que fue el primer médico que nos atendió en Honduras, al doctor Anthony Wolfe que me reconstruyó el rostro y al doctor Álvaro Mayorga, entre otros, pude salir adelante, y también con el apoyo de Carlos, aunque estábamos separados siempre me decían que él estaba pendiente de mí en medio de su gran dolor. Haber salido con vida junto a Carlos fue un milagro.

Yo siempre tuve fe, pero en varias ocasiones sentí que no volvía, en el libro narro una de esas experiencias que hasta el día de hoy me impactó muchísimo.

¿Cómo vivió el recuerdo de las palabras de Madre Teresa sobre el destino que Dios le tenía dispuesto?

La Madre Teresa de Calcuta le dijo a mi hija Vivian Vanessa: “cuida mucho a tu mamá porque ella tiene una gran misión en la vida”, yo no le creí… Pensé que se había equivocado y dije: no, yo no tengo ninguna misión, al año siguiente nos estábamos estrellando.

¿En qué momento surgiò la idea de APROQUEN? ¿Por qué niños quemados?

Estaba en la pista del aeropuerto Toncontin en Tegucigalpa, Honduras, para ser trasladada en un avión ambulancia a Estados Unidos, estando casi inconsciente mi papá se acercó a mí porque vio que movía mis labios y balbuceando decía: “Voy a hacer una unidad para niños quemados, Voy a hacer una unidad para niños quemados”.

¡En ese momento nació APROQUEN!

¿Por qué niños quemados? El solo hecho de pensar que esto le hubiera podido pasar a mis hijos me aterrorizaba. En agradecimiento a Dios hice esta unidad para niñas y niños quemados, porque fuimos nosotros y no ellos.

Equipo de trabajo de APROQUEN.

¿Cómo vivió el proceso de recuperación? ¿Alguna vez se lamentó que le haya pasado esto?

La recuperación fue terrible, fueron muchos años donde me enfrenté cara a cara con el dolor y desde mi cama continué con el pensamiento de construir una unidad de quemados para ayudar a niños.

Sí, me lamenté. Cuando me llevaban a raspar la piel, en el proceso de rehabilitación y con el insoportable dolor que ni la morfina me lo quitaba, decía: Dios mío ¿por qué me tuvo que pasar esto a mí, que hago yo aquí?, pues me dolía el alma que siendo una mujer tan joven con mis hijos tan chiquitos estuviera viviendo esa tortura.

¿Cómo vivió el día que finalmente se inauguró la primera unidad de APROQUEN, a pesar de las vicisitudes que enfrentó?

Vi realizado aquel sueño que nació del dolor y de aquella promesa que le había hecho a Dios. A los niños les esperaba un mejor futuro y una vida llena de esperanzas. Me sentí inmensamente feliz.

¿Hay lugar para la palabra fracaso en Vivian Pellas?

Todos tenemos derecho al fracaso, es una de las formas en que nos podemos superar. Soy humana y te diría que no hay lugar para el fracaso, pero eso es mentira, lo importante es superarlo y salir adelante con fe.

Redaccion
el autorRedaccion
Vida y Éxito nació en diciembre del 2007 con el objetivo de convertirse en una publicación amena con temas de interés general para toda la familia. Detrás de Vida y Éxito se encuentra un equipo de profesionales con reconocida trayectoria en el mundo empresarial y el periodístico.

Deja una respuesta