Promoviendo armonía, rentabilidad y sucesión en empresas familiares

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Promoviendo armonía, rentabilidad y sucesión en empresas familiares

Enrique Cordero, consultor para Familias Empresarias.

El ingeniero Enrique Cordero, consultor para Familias Empresarias en la Implementación de Gobiernos Corporativos y Protocolos Familiares ayuda a resolver fuentes de conflictos con éxito.

Por Milagros Sánchez Pinell

Tener un gobierno corporativo bien estructurado, con reglas claras que se respeten y cumplan en una empresa familiar o de otra índole, es clave para convertirse indudablemente en un creador de riqueza, asegura nuestro chairman Roberto J. Argüello.

Esta afirmación la ratifica Enrique Cordero, ingeniero mecánico de profesión, graduado en Texas A&M University, y máster en Administración de Empresas en el INCAE, con un posgrado como Consultor para Familias Empresarias en Implementación de Gobiernos Corporativos y Protocolos Familiares.

Psicólogo, confidente y abogado, entre muchas cosas más, son los diferentes sombreros que hábilmente maneja el ingeniero Cordero para realizar su trabajo de consejería y así llevar a feliz término su gestión dentro de compañías familiares que solicitan sus servicios, y cuya meta es promover la armonía, rentabilidad y sucesión en las mismas.

Cabe recalcar que hoy en día, muchas familias aúnan esfuerzos para emprender, a menudo sin un plan establecido, o bien vemos empresas, que ya tienen muchísimos años, pero con grandes problemas internos que hacen mucho ruido en el desarrollo de la misma.

De ahí nace la necesidad de establecer los protocolos necesarios para que una compañía alcance el triunfo deseado y tenga una permanencia en el tiempo, aun cuando sus fundadores ya no estén. Es en ese momento cuando la figura de un asesor o consejero toma mayor relevancia.

El ingeniero Cordero, con más de diez años de experiencia en consejería a Empresas Familiares, explica que muchas veces por ser familia se piensa que las compañías suelen ser inviables, sin embargo, sí son factibles, siempre y cuando se esté claro que mejorar la supervivencia de las empresas familiares es mejorar la calidad de vida, mejorar el producto interno bruto y mejorar la calidad del país.

Psicólogo, confidente y abogado, entre muchas cosas más, son los diferentes sombreros que hábilmente maneja el ingeniero Cordero.

“Mucho de lo que se habla en una empresa familiar se conoce, pero no se habla, entonces la mediación debe ser entre dos partes donde tiene que haber una persona externa”, dice.

Fuentes de conflictos

Es importante explicar que toda empresa familiar se caracteriza primero porque existe una familia de por medio que tiene el control de la propiedad y la gerencia, pero además posee el deseo de transmitir la compañía a la siguiente generación. Es en ese trayecto cuando, producto de la combinación de emociones, se generan una serie de fuentes de conflictos que deben ser hablados y tratados con la seriedad del caso sin perder la armonía en la familia.

El ingeniero Cordero detalla que esas fuentes de conflictos van desde la falta de una visión compartida, donde cada miembro posee la suya de forma muy individual, falta de un órgano de gobierno o gobierno corporativo porque por muy pequeña que sea la empresa siempre debe de haber una manera de gobernarse.

Un tercer aspecto es la falta de sucesión porque muchas veces se cree que la persona es eterna y carecen de un plan B que haga frente a una eventualidad. Por último, desconocen en qué etapa está la empresa, tanto generacionalmente como en crecimiento y madurez de la misma.

“Yo llego a presentarles alternativas que ellos deben escoger en la que mejor se adapta su negocio familiar. Jamás les digo que deben de hacer exactamente”, asevera.  Nuestro consejero afirma que sus estudios académicos, su experiencia como propietario de una empresa gráfica junto a su esposa Marie Cordero y sus cualidades de excelente capacitador, además de su don de servicio, son las herramientas utilizadas por su persona para desarrollar con buen suceso su carrera como asesor de empresas familiares.

Por más de una década ha asesorado a empresarios del sur de la Florida, Panamá, Guatemala y El Salvador. Actualmente desarrolla relaciones y clientes en América Latina, especialmente en Colombia. Además, es miembro de la organización Familias Empresarias Latinoamericanas y ha colaborado con el Instituto Latinoamericano de Empresas Familiares (ILAEF).

“Mi valor agregado como consejero es que tengo experiencia personal en empresas, mi formación de ingeniero me ayuda a enfrentar sin miedo los problemas y a desarrollar cierta metodología para abordarlos. Hoy puedo decir que mucho de lo que he vivido me ha ayudado para visualizar mejor las dificultades que se presentan”, reconoce.

Explica que cuando entra a una empresa familiar lo primero que hace es escuchar, ver el tipo de empresa, nivel de conflicto, ver cuántas generaciones hay en la empresa trabajando y determinar el nivel de formalidad que existe o que los clientes quieren alcanzar en su compañía. Entre más formalidad existe, la empresa será más exitosa. Además, elabora un plan de trabajo donde determina las áreas en las que y cómo hay que trabajar. Así como establecer los roles de cada integrante de la familia en la empresa para que independientemente de las eventualidades la compañía siempre se encuentre a flote, respetando las metas y objetivos para la bienandanza de la compañía.

Enrique Cordero, consultor para Familias Empresarias.

Un aspecto que al ingeniero Cordero le gusta enfatizar, es su gestión con la familia, independientemente del tipo de empresa ya que su objetivo principal es la relación familia-empresa. Para ello está consciente que el sigilo es muy determinante para crear ese ambiente de confidencialidad.

“Mi tarea es preparar la empresa para su crecimiento, porque dependiendo en la etapa en que está la empresa así se adapta el tipo de organización que necesita. Puede ser que sea una empresa pequeña que solo requiera ordenar la gerencia, pero hay otras que por su complejidad si requieren de un órgano de gobierno más grande”, añade.

Explica que los empresarios deben estar claros que es muy normal que existan problemas, sin embargo, lo importante es que existan los mecanismos para resolver cualquier conflicto ya sea dentro de la empresa o de la familia misma. “El conflicto sólo tiene dos salidas, cuando va creciendo o se compone o se revienta, pero nadie quiere este último escenario, así que se debe tener mecanismos para que se resuelvan”, explica.

Un ejemplo utilizado por el ingeniero Cordero y que calza a la perfección, es la dinámica dentro de un avión, donde existen protocolos de cómo reaccionar ante la incapacidad repentina del piloto. El avión no debe sucumbir, el resto de la tripulación debe saber que hacer y llevar a los pasajeros sanos a su destino.

El valor de una buena comunicacion

Otro de los grandes beneficios que el trabajo de nuestro especialista aporta, es la forma en cómo mejora la comunicación entre la familia misma, ya que muchas veces preguntas sencillas entre ellos pueden generar desconfianza e incomodidad que solo un elemento imparcial puede plantearlas sin problemas.

“Como asesor puedo abordar ciertos temas sin crear molestia porque ahí entra en juego mi rol imparcial. Mi opinión se basa en los procesos, jamás en los negocios porque mi objetivo es lograr la armonía en la familia y la rentabilidad de la empresa” aclara. Incluso el ordenamiento de una empresa, con ayuda de una buena asesoría, permite tomar mayores ventajas de las oportunidades que aparecen, hasta a la hora de vender si sus propietarios así lo desean, proceso que también acompaña.

“Un mal manejo afecta de tal manera a la empresa que muchas veces se tiene que vender la empresa por conflictos y lo primero que se escucha son esos problemas, entonces ya eso devalúa automáticamente la compañía y la oferta será menor”, comenta.

El ingeniero Cordero recalca que la confianza es un valor muy elemental, así como mantener la neutralidad. Cualidades que ha sabido manejar muy bien porque está claro que, si ambas son inexistentes, lo mejor es cambiar el consultor y perder un cliente es una situación a la que nunca apuesta.

Para finalizar, enfatiza que el darse cuenta que hay problemas en la empresa es el primer paso para resolverlos. Y mejor aun cuando se resuelven de la mano de un buen consejero con sólidos valores morales y cristianos, como es su caso.

 

el autorRedaccion
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