La figura humana y los desnudos en el arte

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La figura humana y los desnudos en el arte

La fascinación de los artistas con la desnudez de los cuerpos humanos ha sido ampliamente documentada en la historia y el homenaje a la forma humana continúa siendo una herramienta importante utilizada para la expresión artística

Ha vencido al tiempo. No es de extrañar, pues su presencia estará latente mientras la humanidad pueble la tierra. Y es que la admiración por la desnudez es tan natural, como la naturaleza misma del ser humano.

Por esa razón, la figura humana es uno de los temas más recurrentes en las artes visuales, en las manifestaciones escultóricas y está presente en todas las culturas, sin importar el continente que se trate, ni de cuántos millones de metros cúbicos de océano o kilómetros las separen.

A lo largo de la historia traspasa culturas

Una escultura femenina de grandes senos y amplísimas caderas sin rasgos faciales, la Venus de Willendorf, que resguarda el Kunsthistorisches Museum de Viena, Austria, ya mostraba, hace 22.000 años, la fascinación del ser humano por el cuerpo desnudo, en este caso el femenino.

Omar D’León, Mujer con Lámpara, técnica mixta sobre lienzo. 21 x 28,5 pulgadas (53,34 x 71,75 centímetros).

Más tarde, a lo largo de la historia, famosas obras de arte, como el Discóbolo de Mirón o la Venus de Milo, ambas representaciones escultóricas de la Grecia Antigua confirmaron esa fascinación por el cuerpo humano, tanto masculino, como femenino.

En la Edad Media, los desnudos se observaban en obras de arte sacro y se limitaban a representar personajes que así lo requirieran, cuya desnudez fuera parte característica de su esencia, como Adán y Eva o en la crucifixión de Cristo.  Su presencia fue escasa y casi nula.

En el Renacimiento, la narración de escenas religiosas, históricas o mitológicas abrió espacio a la representación de desnudos en el arte, inspirados en los modelos clásicos, muchos de ellos de origen griego.

El hecho de que todos los ejemplos citados sean de origen europeo no implica que esta admiración por el cuerpo humano se limite a ese continente, pues el arte precolombino mexicano, centroamericano, peruano y de otras zonas del continente también lo utiliza
y, en ciertas ocasiones, lo erotiza y le da un carácter sexual, situación que ocurre con las esculturas de templos hindúes que representan relatos del Kamasutra, escrito que se desarrolló en el periodo Gupta entre el 240 y el 550 después de Cristo.

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Arturo Castro Barrantes

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