• 13 marzo, 2023

Visión de unidad y liderazgo para una nueva caficultura

Visión de unidad y liderazgo para una nueva caficultura

El café es identidad y orgullo de latinoamérica para el mundo.

Por César Augusto Echeverry

Soy Campesino de las Montañas Occidentales de Colombia, donde mi familia desde hace más de 100 años ha vivido, crecido y nutrido de la caficultura; de la cual nos sentimos inmensamente orgullosos y soñamos que nuestros hijos y nietos puedan continuar por generaciones en este legado de mantener este tejido social y conservar la estabilidad de los ecosistemas de estas laderas Andinas.

El café es identidad y orgullo de latinoamérica para el mundo; pero también es capital social estratégico, articulador y dinamizador económico de la ruralidad de nuestros países y sustentabilidad ambiental de los ecosistemas. Que no se podrá dejar perder, ni siquiera debilitar en su estructura organizacional y económica; por coyunturas transitorias de los mercados y/o la crisis institucional cafetera y/o de gobernabilidad por parte de los estados.

Desde niño me enseñaron que la caficultura tenía tiempos buenos, regulares y malos (tal vez más regulares y malos que buenos en las últimas décadas); a causa de la oferta ambiental (el clima, las enfermedades como la roya y la broca) y/o de los mercados internacionales en bonanza o depresión de precios; pero que si siempre se cultivaba bien la tierra y se sembraba con pasión, amor y esperanza; se podrían esperar cosechas de bienestar y progreso para nuestras familias y comunidades. Mandato que continuamente hemos cumplido y aspiramos mantener; pues sin dedicación, esfuerzo y perseverancia no habrá nunca oportunidades para seguir adelante…

Conscientes de esa responsabilidad trascendental, hemos puesto todas nuestras capacidades y recursos para lograr sustentabilidad de largo plazo en nuestra empresa cafetera; para ello se priorizaron esfuerzos en brindar formación y capacitación a las nuevas generaciones; pretendiendo el intercambio efectivo de saberes tradicionales y aprendizajes académicos, a través del complemento generacional; permitiéndonos el desarrollo de un sistema tecnológico, enfocados en un modelo agroforestal; que continua manteniendo su viabilidad económica (a pesar de dificultades del mercado), con una promisoria equidad social y ante todo un aprovechamiento racional y profundo respeto por nuestros recursos naturales.

Pero nuestra preocupación radica, que esta situación es un caso  atípico en nuestra caficultura; pues la realidad del común es que hay una verdadera erosión del talento humano de las zonas rurales cafeteras, especialmente de las comunidades más vulnerables, como son las nuevas generaciones;  una de las causas del desestimulo y la limitada apropiación tecnológica por parte de nuestros cafeteros; construyendo un círculo vicioso de brecha tecnológica, baja productividad, bajos ingresos, falta de recursos para mantener el sistema productivo, baja competitividad y perdida de mercados. Pues infortunadamente el gran esfuerzo en educación de jóvenes desarrollado por décadas en las zonas cafeteras; ha fallado por la falta de pertinencia del conocimiento y la limitada practicidad de las enseñanzas, que impide la aplicabilidad tecnológica; conllevando a cientos de miles de jóvenes académicamente acreditados a migrar de las zonas rurales a centros urbanos y muy especialmente a los países del Norte, donde podían aspirar a mayores ingresos económicos, relegando a comunidades más adultas y académicamente menos capacitadas, a resignarse sobreviviendo de las duras y mal remuneradas tareas del campo.

Otra causa estructural del escenario actual, es que cuando a la caficultura latinoamericana a mediados de los 70´s, llego la moda internacional de la revolución verde (sistema tecnológico desarrollado para cultivos estacionales de ciclo corto) y a los campesinos cafeteros nos transfirieron con un rígido formato (modelo impuesto por todos los frentes); la eliminación de sombríos, el cambio de las variedades tradicionales, y la dependencia de la nutrición con fertilizantes químicos; se fueron conjugando factores del desbalance del equilibrio natural de los ecosistemas cafeteros; generando como consecuencia que en la década de los 80´s y 90´s se desarrollaran agresivamente poblaciones de enfermedades y plagas tan devastadoras como la roya y la broca del Café y el desarrollo de un modelo productivo, altamente dependiente de insumos externos y muy vulnerable frente a fenómenos como el cambio y la variabilidad climática; el cual persiste actualmente…

Este análisis, No se trata nunca de resistencia al cambio tecnológico, sino la necesidad de generación acertada de conocimiento, con apropiación y ajuste tecnológico para adaptarnos y construir escenarios de mediano y largo plazo; agregando criterios de ecoeficiencia y agroecología a nuestros sistemas productivos; que trasciendan más allá, de la necesaria mirada productivista y de adecuada competitividad en el corto plazo; que permanentemente es permeada por afanes políticos, de mostrar resultados inmediatos de gestión; cuando los sistemas naturales son resilientes y que ante todo obedecen a una lógica natural trascendente.

El desarrollo de este modelo productivo “revolucionario” (dependiente); se vio ampliamente favorecido por un escenario de mercado internacional regulado por pactos de cuotas cafeteras (sustentado por un componente geopolítico); con precios estables y al alza; combinado con manejos macroeconómicos del estado; que garantizaban el mantenimiento de unas tasas de cambio altamente competitivas; que permitían transferir un buen poder adquisitivo al café y un importante porcentaje de ahorro para la inversión social y la estabilización de precios a largo plazo. Lo que les permitió sobrellevar con éxito las vicisitudes ambientales y mantener una muy importante participación en los mercados internacionales; hasta cuando en 1989, principalmente por razones políticas; se rompe el pacto cafetero y se expone nuestra caficultura a la libre competencia de los mercados internacionales; que por demás, el café es uno de los comodites más volátiles de las bolsas de valores, donde el 99% de las transacciones son toma de posiciones especulativas, donde poco o casi nada tiene que ver los factores fundamentales de los mercados; la oferta, la demanda, los inventarios o lo quizás más importante la calidad integral del producto…

Durante estos últimos 34 años en la montaña rusa del “libre mercado”; se han venido estableciendo intermediarios de la cadena de provisión del café, oligopolios de gran poder de negociación, que han venido capturando recursos, a través de la obstrucción del libre y transparente relacionamiento entre productores y consumidores; invisibilizando particularidades de los productos y limitando la agregación de calidad (pues su negocio son las mezclas de tipos y orígenes de café); impidiendo así la transferencia de valor; llegando a la absurda cifra que al productor primario se le pueda estar transfiriendo menos del 5% del valor que paga el consumidor final por su producto.

El mercado mundial del café, está hoy en un escenario de océano rojo, con una competencia voraz entre productores (25 millones de familias en más de 80 países subdesarrollados), que aportan desordenada y desesperadamente materias primas indiferenciadas (transformamos escasamente las calidades inferiores para nuestros incipientes mercados internos), para exportar nuestras mejores presentaciones para abastecer las mezclas en productos cada vez más homogéneos (en el segmento de la media y baja calidad) y una absoluta desarticulación del mercado, que se traduce en grandes tensiones y dificultades entre actores de la cadena de suministro.

Los estados Latinoamericanos y las instituciones cafeteras han sido incapaces de gestionar una solución a esta absurda realidad, permitiendo un gran atraso tecnológico y en infraestructura, con grandes ineficiencias y sobrecostos logísticos (con falta absoluta de trazabilidad interna); resultado que queda manifestó cuando perdimos la participación del mercado y una fuerte caída en la producción, la pregunta que como cafeteros les tenemos a nuestras autoridades es… Cuál es la visión estratégica (más allá de unos transitorios y limitados subsidios, que parece es donde han concentrado todos sus esfuerzos), que tienen para desarrollar nuestra caficultura generadora de valor y bienestar para nuestras comunidades; porque lo que evidenciamos miles de familias es el escenario grotesco del conflicto, con la pérdida del liderazgo, la desesperanza y la desilusión frente a nuestro futuro…

Podría afirmarse con toda claridad y contundencia que no se logra un alineamiento de objetivos de calidad en cadena; para generar conjuntamente océanos azules de la innovación y sustentabilidad de largo plazo. Allí puede estar la clave del mercado, con alta diferenciación, posicionamiento y valoración con productos y coproductos de los ecosistemas cafeteros; donde se construyan círculos virtuosos de trabajo articulado en procesos de ciencia, tecnología e innovación; vinculando comunidades científicas y académicas, para realizar investigación aplicada (preferiblemente con la utilización de la Investigación Acción Participativa); involucrando proactivamente a las comunidades productoras y técnicos de campo; con miras a una efectiva apropiación tecnológica; combinando objetivos con los actores claves de la cadena, como son los tostadores y baristas (quienes tienen  más cerca la percepción de los mercados), que permita satisfacer cada vez más adecuadamente las necesidades y expectativas de clientes y consumidores que nos reconozcan, prefieran y valoren a través de modelos de negocios prosperar + prosperar que sean más inclusivos, equitativos y justos para todos; pues solo así podremos lograr la sostenibilidad… con esto esperamos que nuestros hijos y nietos, puedan decir con cada vez más orgullo y menos resignación, que son Cafeteros con prosperidad, progreso y bienestar; porque Unidos Logramos Todo…

 

Etiquetas: café / caficultura / sustentabilidad

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