• 19 marzo, 2026

De la crisis a un ícono: la historia detrás de la pizzería El Portón Rojo

De la crisis a un ícono: la historia detrás de la pizzería El Portón Rojo

Dos empresarias costarricenses reinventaron su camino y construyeron una marca sólida que hoy es un referente en la industria gastronómica.

En el mundo de los negocios, pocas decisiones nacen en el momento perfecto. Algunas, las más memorables, surgen justo cuando todo parece desmoronarse.

Así comenzó la historia de El Portón Rojo, hoy una de las pizzerías más emblemáticas de Costa Rica, fundada por las socias Giannina Feoli, administradora de negocios, y Karla Chaves, arquitecta.

Lo que inició como una respuesta a una crisis en la industria textil terminó convirtiéndose en un referente gastronómico y cultural.

Reinvención

Antes de incursionar en la gastronomía, ambas construyeron una sólida trayectoria en el sector textil, donde durante más de 15 años desarrollaron una empresa exitosa. Sin embargo, los cambios en el mercado internacional comenzaron a afectar el negocio.

“La producción nacional se volvió muy cara y dejamos de ser competitivas. Fue el principio del fin”, recuerda Feoli.

En medio de ese contexto, surgió una oportunidad inesperada: un local vacío, una patente de pizzería y la necesidad de generar ingresos.

Sin experiencia en el sector, pero con una mentalidad abierta al cambio, decidieron apostar por algo completamente nuevo.

“El universo conspiró para que todo se diera así”, comenta Chaves sobre ese momento decisivo.

En apenas mes y medio, el proyecto tomó forma. Con una inversión inicial limitada, apoyo de un socio y mucha intuición, El Portón Rojo abrió sus puertas el 19 de marzo de 2011.

Desde cero

El restaurante comenzó con menos de diez mesas y un equipo que aprendía sobre la marcha.

“¿Qué sabíamos de salón? Nada. Nos tocó hacer de todo: servir mesas, limpiar, atender clientes”, cuenta Feoli.

Incluso, parte del equipo provenía del negocio textil. Personas que antes trabajaban en máquinas de coser pasaron a desempeñarse en cocina o servicio.

Pero hubo algo que marcó la diferencia desde el inicio: la comunidad.

“Los primeros clientes fueron nuestros amigos. Ellos venían, ayudaban, llenaban el restaurante… y poco a poco empezó el boca a boca”, recuerdan.

Ese crecimiento orgánico, sin estrategias sofisticadas de mercadeo, sentó las bases de lo que hoy es la esencia del Portón Rojo.

Colaboradoras de El Portón Rojo.

Mucho más que una pizzería

Desde su origen, El Portón Rojo fue concebido como algo más que un restaurante. Ubicado en la antigua casa del artista costarricense Teodorico “Quico” Quirós, el espacio ya respiraba arte.

Esa identidad se convirtió en parte fundamental del concepto.

“Queríamos crear un lugar con identidad, con alma y con una conexión genuina con la cultura del país”, afirma Feoli.

Así, el restaurante abrió sus puertas también a artistas emergentes, convirtiendo sus paredes en una galería viva que se renueva constantemente.

“Los artistas, los proveedores, los clientes… todos se convirtieron en parte de una comunidad. El Portón Rojo es una familia”, explica Chaves.

Esa mezcla entre gastronomía, arte e identidad costarricense es, para ellas, una de las claves del éxito.

A diferencia de otros negocios, El Portón Rojo no creció de forma acelerada, sino paso a paso.

“Nosotros no crecimos de un bombazo. Todo ha sido poco a poco: un espacio más, otro horno, más personal”, cuenta Feoli.

Hoy, el restaurante genera empleo directo para más de 35 personas y trabaja en su mayoría con proveedores locales, reforzando su compromiso con la economía nacional.

Pero más allá de las cifras, el mayor logro ha sido mantenerse vigente en un mercado cada vez más competitivo.

“Mantenerse es lo difícil. Hay mucha más oferta ahora, y por eso también hay que reinventarse constantemente”, señala Feoli.

Liderazgo femenino

Para estas empresarias, el liderazgo femenino nunca fue una barrera, sino una fortaleza que se construyó desde la experiencia.

“Siempre fuimos mujeres muy empoderadas desde jóvenes. Nos tocó aprender a liderar desde muy temprano”, comenta Feoli.

Su fórmula combina estructura, disciplina y creatividad: una dupla que ha permitido sostener el negocio durante tres décadas como socias.

Cuando la vida da limones…

Si algo resume la historia de El Portón Rojo es la capacidad de transformar la incertidumbre en oportunidad.

“Cuando la vida te da limones, hay que hacer limonada… y la mejor limonada posible”, dicen Chaves.

Ese mensaje, lejos de ser una frase hecha, es el reflejo de un camino construido con esfuerzo, intuición y pasión.

Hoy, 15 años después, El Portón Rojo es un espacio donde conviven la cultura, la comunidad y el emprendimiento.

Y, sobre todo, una prueba de que las grandes historias muchas veces comienzan cuando no queda otra opción que empezar de nuevo.

Etiquetas: comida / Costa Rica / De la crisis a un ícono: la historia detrás de la pizzería El Portón Rojo / Emprendedoras / Gastronomia / liderazgo femenino / Mujeres / Pizza

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