¿Hacia dónde va el Norte?

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¿Hacia dónde va el Norte?

Capitolio de Estados Unidos.

Un análisis sobre lo que nos espera con los proyectos y planes de la Administración Biden.

Por Luis Manuel Piantini*

El traspaso de mando del Partido Republicano al Partido Demócrata desde el pasado 20 de enero en los Estados Unidos de América implicará cambios de políticas migratorias, medioambientales, económicas, fiscales, comerciales y energéticas, entre otras. La profundidad de los cambios en cada una de ellas ya se perciben debido a las primeras medidas tomadas por ordenes administrativas por parte del Ejecutivo. Es indudable que la profundidad de las mismas dependerá de si pueden contar con superar el procedimiento del filibusterismo, 60 votos en el senado de 100, que demandará su aprobación. Los jueces ligados al conservadurismo republicano también pueden actuar como muro de contención, impidiendo que las medidas del Ejecutivo puedan ser ejecutadas, como sucedió con un juez de Texas, que declaró inconstitucional la congelación por parte de Biden de la medida tomada por Trump de deportar a los ilegales durante los 90 días de su apresamiento.

El sector energético también ha sido objeto de la ejecución de medidas radicales desde el primer día al prohibir actividades que ya habían sido aprobadas por Trump para el desarrollo de oleoductos desde Canadá, y de nuevas explotaciones fracking en territorios federales. Por otra parte, la Administración se apresta a auspiciar importantes decisiones fiscales y arancelarias para desarrollar un vigoroso programa de industrialización y producción de energías renovables, incluyendo el uso de cuantiosos recursos destinados a la investigación, lo que va muy ligado a su decisión de retornar de nuevo a los Estados Unidos a ser parte del Tratado de París contra el Cambio Climático. Esto es algo que el mundo entero ha celebrado.

Esta política tiene como propósito desalentar la explotación y la producción de recursos fósiles incluyendo el gas. No obstante, el reciente episodio del extremo clima invernal congelando el estado de Texas y sacando de servicio las plantas operadoras de energías renovables, eólica y solar, han demostrado que el uso de los recursos fósiles como fuente de uso primario o alternativo, es aconsejable para hacerle frente a estos eventos extremos que podrían ser cada vez más frecuentes con un mayor calentamiento global, por lo que las Autoridades deberían dejar de desalentar la producción energética con el gas natural, que es el menos contaminante de los fósiles, hasta que bienes energéticos renovables puedan desempeñar su mismo papel frente a los climas extremos.

Adicionalmente, el aumento reciente del petróleo por las políticas de recortes de producción de los países de la OPEP y aliados, y la aceleración de la producción global, según estimaciones del FMI que sería superior al 5%, lo que demandaría un mayor aumento en la disponibilidad de productos energéticos, deberían llevar a pensar doblemente a las autoridades el desalentar la explotación de los productos fósiles, cuando el sistema de transporte americano depende todavía enormemente del uso de estos combustibles y de su efecto sobre los precios globales y la inflación. Con esto, reitero mi posición favorable a las renovables y a la toma de medidas urgentes de ahorro energético que frenen el aumento del calentamiento global.

En el área de comercio exterior, es indiscutible que la política proteccionista introducida por el presidente Trump con el objetivo de desalentar las importaciones a Estados Unidos de productos chinos va a continuar aunque de una forma más moderada. La Administración Biden ha reafirmado su compromiso de fortalecer sus vínculos con el sistema de organismos multilaterales y una muestra de esto, ha sido su incorporación de nuevo a la OMS y al Tratado de París. En el lado del comercio, una señal alentadora ha sido la decisión de la administración de apoyar junto a los demás países miembros de la OMC el reconocimiento de la Ministra de Nigeria como la nueva directora general de dicha organización. Sin embargo, aunque el presidente Biden en su reciente intervención ante los líderes del G7, solicitó la unión de todos para enfrentar a China y Rusia, posiblemente en la OMC, los Estados Unidos mantendrán vacantes los puestos de los jueces del Órgano de Apelación, como mecanismo de presión para que el organismo elimine el status de China como país en desarrollo para el uso de las facilidades que otorga el Trato Especial y Diferenciado, así como para la aplicación de penalizaciones comerciales a las faltas de notificaciones de los subsidios agrícolas, lo cual ha sido para Estados Unidos una falta de China e India. A nivel regional, la Administración Biden podría estar más abierta a renegociar un DR-CAFTA, que le cree espacios a los países de Centroamérica y el Caribe a desarrollar economías de seguridad alimentaria, por un lado, y por otro lado, el desarrollo de industrias que estimulen la creación de cadenas de valor en la región que aumenten el empleo formal para combatir las causas que crean pobreza y estimulan la migración. Frente a las continuas catástrofes naturales, pandemias, y la escasez y el aumento de precios de los alimentos en los mercados internacionales, es importante que los países de la región construyan sus propias redes de seguridad alimentaria, y esta administración podría formar parte de esos esfuerzos si los países de la región se unen en estos propósitos.

La administración Biden tiene en carpeta la implementación de una reindustrializacion con medidas protecccionistas, tales como el Buy American, con matices parecidos al American First de Trump, que tiene como propósito que las compras gubernamentales de bienes y servicios se realicen solo con empresas estadounidenses, lo que violaría el Acuerdo Plurilateral de Compras Gubernamentales de la OMC, implicando la generación de acciones retaliatorias por los demás países miembros contra empresas privadas de ese país. Si dentro de esta nueva política industrial se incluyen subsidios fiscales y aumentos arancelarios para incentivar la instalación de empresas que considerarían esenciales, como las de equipos médicos por los problemas en el acceso a estos que evidenció la pandemia, posiblemente veríamos la partida hacia el mercado americano de empresas que hoy gozan de los beneficios de nuestras zonas francas. Por lo que tenemos que adelantarnos con las autoridades americanas  para evitar que tales políticas perjudiquen nuestros bienes exportables y el empleo.

Por último, hay políticas que se van a implementar en los Estados Unidos, que podrían afectar adversamente la región, aunque tengan sus efectos favorables temporales como la generación de mayores ingresos de remesas y de demanda de bienes de exportación. Políticas como el plan de los demócratas de aprobar un paquete de estímulo de US$1,9 trillones en valores equivalentes americanos alertan a economistas de gran prestigio como Larry Summers, ex economista principal del Banco Mundial y ex secretario del Tesoro durante el gobierno de Obama, que en un reciente artículo en The Washington Post, expresó su inquietud de que este paquete pueda provocar una aceleración en la inflación con perjudiciales consecuencias, ya que demandaría de la Reserva Federal la aplicación de medidas restrictivas que aumenten las tasa de interés provocando crisis de pagos de deudas y desaceleración de las economías. El editor económico del Financial Times, el prestigioso economista Martin Wolf en la edición del periódico del pasado 23 de febrero, expresa la misma inquietud. Estados Unidos se encuentra ya en un proceso de recuperación económica, y los últimos indicadores del crecimiento de los dos últimos trimestres en lo que va del año lo demuestran. Con un aumento del ahorro privado equivalente al 16% del PIB en el 2020, el mayor aumento desde la década de los años 70, y una expansión de emisión monetaria de la Reserva Federal durante el 2020, igual al valor de la emisión acumulada desde que se fundó la Reserva Federal hasta el 2019, para dichos economistas, el aumentar la expansión fiscal en 13% del PIB (US$0,9 billones de Trump en diciembre y US$1,9 trillones de Biden, ambos valores americanos), adicional al déficit fiscal del 16% del PIB del 2020, le agregaria un enorme empuje al elevado nivel de liquidez del sistema que provocaría un sobrecalentamiento de la economía con su secuela inflacionaria y de presión al rompimiento de las burbujas ya creadas en los mercados de capitales, generando una posible crisis financiera.

Hace pocos días que los bancos americanos informaron a sus clientes principales que se abstengan de continuar aumentando los depósitos en sus cuentas. Así la bolsa de valores sufrió grandes fluctuaciones en días recientes también por el exceso de liquidez que las personas tienen en sus manos. Para Wolf, este paquete es más apropiado a la situacion de Europa, donde la economía se encuentra en un débil repunte y le falta un empuje fiscal que sustituya las emisiones del Banco Central Europeo que generan burbujas financieras. Para algunos esta acción del gobierno de Biden pondrá a prueba la validez de la teoría keynesiana, aunque para otros el exceso de las medidas y sus secuelas adversas, pueden perjudicar la aplicación en el futuro para casos semejantes de estas medidas de políticas expansivas. La sugerencia de Summers, la cual secundo, es que parte del paquete de estímulo a la demanda como política de ingreso, una porción de US$1 trillón, se utilice para la renovación de la infraestructura física del país que aumente los niveles de productividad y el producto potencial. Notando que le parece difícil que luego de la aprobación del paquete de US$1,9 trillones sin contar con el voto republicano, estos luego apoyen un nuevo paquete de gasto fiscal dirigido a la infraestructura. Y se perderá esa preciosa oportunidad de mejorar la infraestructura física del país, con la creación de empleos y la inyección de fuertes recursos a la innovación, desarrollo tecnológico y aumento de productividad, que Estados Undos está en urgencia de emprender para enfrentar con éxito la creciente competencia e innovaciones tecnológicas de China.

* Luis Manuel Piantini es economista y laboró 34 años en el Banco Central de República Dominicana, de los cuales nueve fue como vicegobernador y un año y medio como miembro Titular de la Junta Monetaria. Laboró durante 16 años en organismos multilaterales, tales como el FMI como Director Ejecutivo Alterno, Asesor en el BM, Embajador ante la OMC y la UNCTAD, de la que fue presidente.

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