• 16 septiembre, 2014

Grandeza de generación en generación

Al abrirse más allá de su core business, aprovechan las adyacencias que irradian desde su núcleo de negocios: sus horizontes de crecimiento y la perfección de su modelo operativo.

La sostenibilidad de un negocio depende de su crecimiento en ventas, su rentabilidad y el flujo de caja. Al crecer se crea riqueza sea esta para los accionistas, los empleados, los proveedores y los países donde operan.

Como asesores de exitosos grupos familiares en la región, en CEO Advisors utilizamos metodologías de los principales gurús y expertos de los negocios. Por ejemplo, los profesores Clayton Christensen y Michael Porter, de la Universidad de Harvard; Arnoldo Hax, del Massachusetts Institute of Technology, y Thomas Davenport, de Babson College. Además, incluimos las enseñanzas de Chris Zook, de la afamada empresa de consultoría Bain and Company.

En este capítulo explicaremos las teorías de estos grandes maestros de los negocios, que nos ayudarán a comprender el enorme éxito del Grupo Poma.

Oportunidades latentes

El fortalecimiento del modelo de negocios de un grupo empresarial familiar comienza con una evaluación de sus recursos, procesos y valores. De acuerdo con Christensen, este diagnóstico debe tomar en cuenta tres factores y sus respectivas acciones.

Lo primero es un análisis de los recursos que incluye la gente correcta, equipo, tecnología, productos, información, distribución (canales), marca y efectivo.

Luego siguen los procesos que incluyen el contratar y entrenar equipo humano, desarrollar productos y planificar presupuestos, mercados, asignar recursos y ejecutarlos. En los valores, el profesor Christensen destaca los criterios sobre los cuales se toman decisiones: ética, tamaño de la oportunidad del negocio, estructura de costos, remuneración y los estados de los resultados esperados.

Esta más que claro que una empresa sin valores no tiene propósito de existir. Los valores de la empresa son críticos para su éxito, pues estos nos dicen cómo se toman las decisiones y su ética.

Para mi padre, Roberto J. Argüello Téfel, los valores de su grupo empresarial AISA eran el comienzo de su éxito y el credo de sus acciones. Por eso, mi padre fue altamente exitoso toda su vida.

Christensen pone un enorme énfasis en la gente correcta porque, la verdad, es que con buenas personas se pueden hacer buenos negocios.

Tener los valores y el personal adecuado explica el éxito de muchas empresas familiares y, muy en especial, la del Grupo Poma; con el que estoy muy identificado por el cariño, respeto y admiración que le tenía a don Luis Poma y, hoy, a sus hijos y nietos.

Contexto

Durante las décadas de 1970 y 1980, Miami se había convertido en la capital de Centroamérica y Panamá.

Nicaragüenses y panameños habían recibido asilo político en Estados Unidos. Salvadoreños y guatemaltecos también optaban por residir en la capital de sol, buscando la paz que en sus países no encontraban debido a las cruentas guerras civiles que enfrentaban a hermanos contra hermanos.

En lo personal, me encontraba en medio de la acción. Al residir y trabajar en Miami, me codeaba diariamente con empresarios de toda Latinoamérica y, muy en especial, los de nuestra región. Ellos usaban Miami como su base de operación familiar y de negocios. En ese entonces, yo era vicepresidente del Northern Trust Bank y mi negocio era ser el banquero de las familias.

Los empresarios salvadoreños eran, sin duda alguna, una rica fuente de clientes. Estos trabajaban una semana en su país y la otra en Miami. La guerra civil de El Salvador obligó a miles de familias salvadoreñas a establecer operaciones de negocios en el exterior.

Se estima que aquel conflicto dejó un saldo de más de 75.000 muertos, el equivalente al 1,6% de la población de entonces (4,5 millones). Además, decenas de miles de personas resultaron heridas físicamente, como consecuencia de armas de fuego, explosiones y minas antipersonales. Otras miles quedaron mutiladas e incapacitadas de por vida.

Por cosas del destino, tuve el honor de conocer a don Luis Poma, como persona e individuo, así como valorar su enorme contribución a su familia, El Salvador y nuestra región.

En plena contienda del país, resultó electo presidente José Napoleón Duarte, graduado en 1948 de la misma universidad de donde nos graduamos mi padre y yo: la Universidad de Notre Dame.

El entonces presidente del Club de Notre Dame de Miami, el abogado Robert N. Allen, me pidió que le ayudara a organizar una cena en Miami con la comunidad hispana de Florida en honor a Duarte. Esta cena era importante para que el Congreso y el Senado de Estados Unidos notaran el apoyo que tenía el Gobierno de El Salvador en el país del norte.

Ese apoyo era vital. El Congreso y el Senado estaban en manos del Partido Demócrata, que se oponía a las iniciativas del entonces presidente Ronald Reagan para apoyar, financieramente, la lucha armada del gobierno de Duarte contra la guerrilla marxista que asediaba a El Salvador.

Al involucrarme en la organización del evento, logré conocer muy bien a muchos de los empresarios salvadoreños que vivían en Miami y que buscaban cómo salvar a su país de las garras del comunismo. También logré conocer muy bien a los altos funcionarios de la Administración Reagan, encargados de las políticas de nuestra región, funcionarios que pertenecían a los Departamentos de Estado, del Tesoro, la Central Estadounidense de Inteligencia y el Consejo de Seguridad Nacional.

En mis pláticas con las autoridades norteamericanas, resaltaba siempre el nombre de don Luis Poma, como una persona prudente y con un gran prestigio, quien me podía ayudar con la organización del evento. Como no lo conocía, le pedí a Róger Francisco Terán Bendaña, mi amigo de infancia, que me lo presentara, ya que sabía que este último era muy buen amigo del hijo de don Luis, Eduardo.

Invité a almorzar a Eduardo, quien luego me presentó a su padre y, así, nació una larga y linda amistad con toda la familia Poma.

El primer día que conocí a don Luis le conté que, desde que tenía 10 años, había comenzado a escuchar de mi padre los nombres de empresarios salvadoreños que llegaban a Nicaragua a acompañar a don Diego de Sola en su misión de fundar el Instituto Centroamericano de Administración de Empresas (Incae, fundado en 1964). Mi padre me decía que le gustaba platicar con don Luis porque siempre aprendía de él, porque era una persona íntegra y un gran empresario.

Al conocer a don Luis, me fue evidente el enorme dolor que sufrió junto con su familia.
A raíz de los horrores de la Guerra Civil de El Salvador, su hijo Roberto había sido cruelmente asesinado en 1977 por un comando guerrillero.

De pequeño, había escuchado anécdotas de ese hijo asesinado. Él era íntimo amigo de Juan Sacasa (este último socio de mi padre en AISA, quien casualmente también había estudiado junto con Roberto en la Universidad de Notre Dame).

Roberto era el primogénito de don Luis y había obtenido una maestría en Administración de Empresas en la Universidad de Stanford. Su hermano menor, Ricardo, se había graduado de la Universidad de Princeton y luego de Harvard, con la misma maestría.

Al graduarse, ambos hermanos regresaron a El Salvador. Roberto ejerció primero en el servicio público y Ricardo en el Grupo Poma. Luego Roberto se convirtió en el presidente de la Junta de Turismo.

En 1977, Roberto fue secuestrado por guerrilleros de la izquierda radical y exigieron un voluminoso rescate, el cual fue pagado por la familia Poma. Sin embargo, los secuestradores dejaron morir a Roberto a causa de las heridas ocasionadas durante su retención. Roberto dejó, además de su esposa de origen nicaragüense, Lucía Raskosky, a dos hijos: Alejandro y María Gabriela.

Me une una linda y larga amistad con Alejandro, a quien conozco desde pequeño y he observado cómo triunfa en la vida. Él es una extraordinaria persona y un exitoso empresario.

Perder un hijo debe de ser lo más duro en la vida para un padre y una madre, por lo que no me imagino lo que debe de haber sentido don Luis y su familia cuando perdieron a Roberto. Lo que sí sentí es que el dolor de la familia Poma se enfocó en el bien y en crear riqueza en nuestra región.
En lo personal, me siento muy identificado con esa gran familia.

Talento genético

Escribo esto, porque, como veremos en todo nuestro libro Creadores de riqueza en Centroamérica y Panamá, el Grupo Poma, con sus aportes de inversión en múltiples empresas, ha creado una enorme riqueza en nuestra región.

En los últimos 20 años ha crecido enormemente. Quien ha liderado este esfuerzo ha sido Ricardo Poma, el segundo hijo de don Luis. Él ha logrado transmitir las enormes virtudes de su padre, como la integridad, la pureza y la excelencia moral, al tiempo que mezcla estos valores con su visión y tenacidad en los negocios.

Ricardo aprendió de su padre que una persona virtuosa es aquella que vence cualquier obstáculo que se le avecina siempre haciendo el bien. Sin lugar a dudas, el amor y cariño que le dieron sus padres lo transmite a todos sus seres queridos, así como a los miles de colaboradores que hoy componen el Grupo Poma.

¿Por qué el éxito del Grupo Poma?

“De mi padre aprendí, que toda empresa familiar exitosa tiene su fórmula de éxito. Esta incluye los valores, recursos y procesos con que cuenta la familia. Los valores definen los criterios por los cuales se toman decisiones, comenzando con la ética, tamaño de la oportunidad de negocio, análisis de rentabilidad y estado de resultados, estructura de costos y remuneración.

Los recursos comienzan con tener socios correctos, el mejor equipo humano, productos y servicios, tecnología, información, marca, distribución, efectivo y capital.

Los procesos comienzan en cómo contratar y entrenar al equipo, desarrollo de productos, planeamiento y presupuesto, asignación de recursos, finanzas, mercadeo y ejecución.

A la fórmula que incluye los valores, recursos y procesos, hay que añadirle un proceso disciplinado de crecimiento tomando en cuenta que existen situaciones que requieren una redefinición estratégica”, explica Poma.

Para entender el éxito de esta familia, utilizaremos la metodología del consultor de la prestigiosa consultora Bain Company: Chris Zook.

Nos explica el señor Zook que toda empresa, sea pública o familiar, tiene su negocio núcleo y que alrededor de este existen seis adyacencias.

Las adyacencias son el modelo de negocio, segmentos, productos, canales, geografías y cadena valor. Toda la metodología del señor Zook está detallada en su libro Profit from Core and Beyond the Core.

Zook y el éxito Poma

El modelo de negocio describe el modo en que una empresa crea riqueza, distribuye y captura la atención de uno o varios segmentos del mercado, proposiciones de valor por segmento, canales, esquema de ingresos, estructura de costos, actividades, recursos y socios. Los Poma tienen total y absoluta claridad del modelo de negocio de cada unidad.

El grupo comenzó como una empresa que distribuía automóviles en El Salvador, luego pasa a construir y operar un hotel dentro del mismo país. Su primera incursión en un mercado fuera de El Salvador fue en Nicaragua, con la construcción y operación de lo que fue y es el mejor centro de compras del país (Metrocentro).

Conforme mejora la economía de la región, el Grupo Poma experimenta una fuerte expansión en los tres núcleos, automóviles, hoteles y bienes raíces. Al ser un grupo familiar liderado por Ricardo Poma, hombre de grandes valores, ha podido atraer a sus filas personas de enorme talento, así como obtener los recursos necesarios. Ha logrado préstamos de las principales instituciones del mundo como el Banco Mundial y su filial International Finance Corporation.

El impacto del Grupo Poma se siente a lo largo y ancho de nuestra región. Miles de colaboradores trabajan en él y miles de personas se benefician de forma directa e indirecta de este gran grupo familiar, ejemplo en el mundo.

Etiquetas: Creadores de riqueza / El Salvador / Grupo Poma / Roberto J. Argüello

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