La incertidumbre comercial y logística exige a las organizaciones revisar sus cadenas de valor y anticipar escenarios para mantener su competitividad.
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El crecimiento de las exportaciones guatemaltecas abre oportunidades para las empresas que buscan ampliar sus operaciones y llegar a nuevos mercados. Sin embargo, el entorno del comercio internacional plantea desafíos que van más allá de vender en el extranjero: cambios en las políticas arancelarias, interrupciones en las cadenas de suministro, variaciones en los costos logísticos y mayores exigencias de cumplimiento pueden incidir directamente en la rentabilidad y continuidad de los negocios.
De acuerdo con cifras de la Asociación Guatemalteca de Exportadores (AGEXPORT), las exportaciones del país alcanzaron US$8.613,3 millones durante el primer semestre de 2026, un crecimiento de 4,9% respecto al mismo período de 2025. Este desempeño refleja oportunidades para la actividad exportadora, pero también ocurre en un contexto en el que los resultados de los sectores no son uniformes y persisten presiones relacionadas con el transporte, los combustibles y la infraestructura.
Para Jaime Morales, Global Trade Senior Manager de EY, las empresas deben reconocer que el modelo de comercio exterior ha cambiado y que su gestión requiere una visión estratégica. Las disrupciones provocadas por factores geopolíticos, conflictos internacionales y fenómenos climáticos han puesto a prueba los esquemas tradicionales de abastecimiento e inventario.
“Las empresas encuentran en la gestión de comercio exterior un elemento de competitividad dentro de la organización”, señala Morales. El dejar de monitorear estos factores puede derivar en incumplimientos contractuales, quiebres de inventario y pérdida de competitividad en determinados mercados.
Uno de los principales desafíos para las empresas consiste en determinar cómo una modificación arancelaria puede afectar sus operaciones. Sin embargo, el impacto no es necesariamente igual para todos los productos ni implica, por sí solo, una reducción de los márgenes.
Según Morales, el efecto depende de variables como la elasticidad del precio del producto, la capacidad de trasladar el costo al consumidor, los acuerdos entre proveedores y clientes y las condiciones de competencia. En determinados casos, una empresa podría trasladar el arancel al precio final sin experimentar una reducción significativa de la demanda; en otros, las partes podrían negociar cómo distribuir ese costo.
También existen estrategias aduaneras que pueden contribuir a mitigar el impacto, siempre que sean aplicables y se analicen técnicamente para cada operación. Por ello, las organizaciones necesitan evaluar su cadena de valor, el tipo de mercancía, su origen, el mercado de destino y las disposiciones comerciales correspondientes antes de tomar decisiones.
La rentabilidad depende de toda la operación
El análisis de costos tampoco debe limitarse a la carga arancelaria. Los gastos de transporte, los riesgos logísticos, el costo de mantener inventarios y las responsabilidades asumidas por cada participante de la cadena pueden modificar el margen real de una operación internacional.
En este contexto, Morales destaca la importancia de revisar contractualmente quién asume los riesgos durante el proceso de comercio exterior. Una distribución poco clara de responsabilidades puede generar controversias comerciales o aduaneras, especialmente ante el aumento de las exigencias de cumplimiento.
La trazabilidad de las operaciones, la correcta aplicación de las reglas de origen y el cumplimiento de las disposiciones aduaneras y comerciales de cada país también deben formar parte de los controles empresariales. A esto se suma la necesidad de desarrollar inteligencia comercial para anticipar cambios en requisitos arancelarios, obstáculos técnicos al comercio y políticas industriales que puedan afectar el abastecimiento.
La diversificación de mercados y proveedores es otra herramienta para reducir la exposición ante cambios en las políticas comerciales. Sin embargo, esta decisión debe responder a un análisis estructurado que considere los costos, los requisitos regulatorios, la capacidad operativa y la viabilidad de cada alternativa.
“Es importante tener siempre un plan B o C que permita reaccionar rápidamente a esos cambios”, explica Morales. Esto implica evaluar tanto las fuentes de materias primas e insumos como los mercados en los que una empresa puede colocar sus productos si las condiciones comerciales de un destino se modifican.
Para fortalecer esta capacidad de respuesta, el especialista identifica tres prioridades para las empresas guatemaltecas:
- Analizar la cadena de valor: realizar una evaluación que permita identificar debilidades y amenazas, desarrollar un plan estratégico y estructurar un mapa de riesgos.
- Desarrollar el talento humano: contar con personas capaces de interpretar la información disponible y tomar decisiones fundamentadas en criterios técnicos.
- Implementar tecnología: aprovechar herramientas de inteligencia de mercado y soluciones que permitan construir trazabilidad de las operaciones aduaneras y comerciales.
La gestión del comercio exterior exige, por tanto, una coordinación entre las áreas comerciales, financieras, operativas, legales y aduaneras. Para las empresas guatemaltecas, anticipar los riesgos y prepararse para distintos escenarios puede marcar la diferencia entre reaccionar ante una interrupción y mantener la continuidad de sus operaciones en un mercado internacional cada vez más dinámico.
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