Los alimentos ricos en proteínas aumentan el llamado efecto térmico de los alimentos, es decir, el organismo gasta más energía para digerirlos y metabolizarlos.
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Mantener un buen nivel de energía y bienestar físico es un objetivo frecuente para muchas personas. En ese contexto, existen estrategias respaldadas por la ciencia que pueden ayudar al organismo a aumentar el gasto energético de manera natural, sin recurrir a medidas extremas.
“Es importante recordar que no existe una fórmula mágica. Combinar una alimentación equilibrada, buena hidratación, entrenamiento inteligente, sueño adecuado y más movimiento a lo largo del día puede marcar la diferencia en el gasto calórico, todo de forma natural y sostenible”, señala la médica especialista en nutrición clínica y obesidad, Dra. Rocío Medina, miembro del Consejo Consultor de Nutrición de Herbalife.
A continuación, algunos consejos de la experta para aplicar en la rutina diaria:
1.Consumir más proteínas en las comidas
Los alimentos ricos en proteínas aumentan el llamado efecto térmico de los alimentos, es decir, el organismo gasta más energía para digerirlos y metabolizarlos. Evidencias científicas muestran que la digestión de las proteínas puede consumir alrededor del 20% al 30% de las calorías ingeridas, un porcentaje mayor al observado con carbohidratos y grasas. Además, las dietas con mayor contenido proteico se asocian con mayor saciedad, lo que puede favorecer el control de la ingesta, y pueden contribuir a la preservación de la masa magra, especialmente durante procesos de pérdida de peso a corto plazo.
2. Incluir fibras solubles en el día a día
Presentes en alimentos como avena, cebada, legumbres, frutas ricas en pectina (como manzana y cítricos) y semillas (psyllium, linaza y chía), las fibras solubles forman un gel en el tracto digestivo que retrasa la digestión y la absorción de los carbohidratos, ayudando a reducir los picos de glucosa después de las comidas. Según una revisión publicada en la revista Foods, este efecto contribuye a una respuesta de la insulina más controlada, reduce los picos de glucosa después de las comidas y favorece un metabolismo más equilibrado a lo largo del tiempo. “Además, algunas fibras solubles ayudan a mantener el microbioma intestinal equilibrado”, añade Rocío.
3. Entrenar en ambientes más frescos (o climatizados)
Realizar actividad física en temperaturas más moderadas puede aumentar levemente el gasto calórico, ya que el cuerpo necesita trabajar más para mantener su temperatura. De acuerdo con un estudio publicado en el Journal of Clinical Endocrinology and Metabolism, la exposición al frío estimula la activación de la grasa parda, un tipo de tejido especializado en la producción de calor y asociado a un mayor consumo energético. Este mecanismo ayuda a explicar por qué los ambientes más frescos —como horarios de menor temperatura o espacios con aire acondicionado— pueden favorecer un gasto energético ligeramente mayor durante el ejercicio.
4. Apostar por el HIIT
El entrenamiento intervalo de alta intensidad (HIIT) se considera uno de los métodos más eficientes para optimizar el gasto calórico en menos tiempo. Según una revisión publicada en el Journal of Sports Sciences, los ejercicios de alta intensidad generan un mayor efecto EPOC (consumo de oxígeno posterior al ejercicio), haciendo que el cuerpo continúe gastando energía incluso después de finalizar el entrenamiento. “Vale la pena considerar sesiones de HIIT de dos a tres veces por semana, con una duración de 4 a 15 minutos. Pueden ser tan eficaces como los ejercicios de mayor duración, siempre que estén bien orientadas para evitar lesiones”, señala Rocío.
5. Beber más agua — de ser posible, fría
Mantener una buena hidratación resulta clave para el correcto funcionamiento del metabolismo, ya que el agua participa en múltiples funciones del organismo, ayuda en la eliminación de desechos y contribuye al rendimiento físico, reduciendo la fatiga.
6. Moverse más a lo largo del día
El cuerpo gasta energía en actividades simples de la rutina diaria, como caminar, subir escaleras o pasar más tiempo de pie. Este gasto se conoce como NEAT (Non-Exercise Activity Thermogenesis) y, según estudios, puede representar una parte importante de las calorías quemadas diariamente. Por eso, pequeñas elecciones —como ir caminando a lugares cercanos, estacionar más lejos o preferir las escaleras— pueden marcar la diferencia en el gasto energético diario.
7. Apostar por la cafeína con moderación
La cafeína estimula el sistema nervioso central y puede aumentar de forma temporal el gasto energético y la oxidación de grasas, según un estudio publicado en el American Journal of Clinical Nutrition. Además, su efecto puede contribuir a mantener el cuerpo activo durante más tiempo. Café, yerba mate o té verde pueden ser aliados, siempre respetando la sensibilidad individual.
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