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Tiene tras de sí 14 años de andadura. Pura adolescencia. Es inconformista, como la vida misma. Irreverente, porque el arte lo requiere. E integradora, porque involucra a todos los países del Istmo, a excepción de Belice.

La VIII Bienal de las Artes Visuales del Istmo Centroamericano (BAVIC 8) se puede jactar de haber llegado al estrellato en su octava edición. Panamá, el país más sui generis del área, la ha acogido, por segunda vez, con los brazos abiertos. Y el público la ha jaleado como el que más. A mediados de febrero, los organizadores contabilizaron ya 1.435 visitantes al Museo del Arte Contemporáneo, sede central del evento, donde se exhibieron las creaciones de 41 artistas hasta el 17 de febrero. Y un mínimo de 30 visitantes han llegado cada día a descubrir las obras, para deleite de los gestores del museo. Mientras, el pasado 15 de enero, en la inauguración se contó con alrededor de 700 asistente. Sin duda alguna, la bienal ha sabido captar la atención.

“Un éxito tanto localmente como en cuanto a la organización a nivel centroamericano”, afirma Carla García de los Ríos, productora general de la BAVIC 8. En la exposición, dividida en varias galerías, se exhibieron dos obras de cada uno de los seis artistas representantes de cada país, salvo Panamá, que participó con cinco.

“Lo más importante de la bienal es el encuentro de los artistas cada dos años”, dice Adrienne Samos, coordinadora del Simposio De facto: acciones desbordantes. “Se ha creado una especie de red, en la que se comparte más allá del arte y se han reforzado los nexos culturales, con lo que tenemos en común y lo diferente como un complemento”, añade la también curadora de los artistas panameños para la BAVIC 8.

“Ha habido un progreso en el trabajo de los materiales y el trabajo conceptual de los artistas –continúa Samos– y eso se debe al proceso de internacionalización que hay entre los distintos países. Porque a pesar de las influencias de otros lados, hay todo una serie de lenguajes y temas que se tocan en esta área”.

¿Nuevo rumbo?

Si algo ha dejado patente esta bienal, que nació en 1998 enfocándose en la pintura, para pasar en el 2002 a abrirse a los lenguajes más contemporáneos del arte universal, es que “está pasando por un proceso para transformarse en un proyecto independiente, logrando así su objetivo de institucionalidad de la bienal centroamericana”, reflexiona García de los Ríos.

En este sentido, Adrienne Samos considera que se ha alcanzado tal grado de “madurez que ha llegado el momento de unir fuerzas para que un equipo haga una muestra más curada, con mayor investigación” y así apostar al máximo por el talento regional e incrementar la proyección de la muestra regional, el evento artístico más importante en Centroamérica.

Centrando la mirada en las entrañas de la BAVIC llama la atención “cómo han florecido los colectivos, un fenómeno muy interesante en el Istmo, por la voluntad de trabajar en conjunto y de sanar mediante el rito simbólico y la metáfora del arte las heridas psicológicas de la violencia”, observa Samos. Máquinas, fuerzas de la naturaleza, sensibilidad hacia el entorno urbano, el contexto socio-político, la desigualdad, la memoria histórica…, los artistas tienen mucho sobre lo que hacernos reflexionar.

En cuanto a formatos, han primado los proyectos híbridos: videos (en menor cantidad), videoinstalaciones, instalaciones, fotografía, intervenciones en el espacio público.
En esta ocasión se optó por dejar de lado confeccionar un catálogo impreso, “apostamos a la web, al uso de la tecnología como una herramienta de cambio para promover y fomentar el arte ya sea localmente o internacionalmente”, explica García de los Ríos.

Las críticas no han podido ser mejores, y la prensa internacional también ha dejado muestra de ello, como el corresponsal Roger Atwood, de la revista Art News; Hans Michael Herzog, director de la Colección Daros Latinamerica; el cubano Gerardo Mosquera, curador de PhotoEspaña, entre otros. Todos ellos y curadores de primera línea e importantes coleccionistas se acercaron a ver “el pulso regional de la bienal”, señala la productora de la bienal.

México, país invitado

En esta ocasión México ha sido el país invitado, “para sacarnos un poco el vicio centroamericano, porque siempre estamos hablando de nosotros mismos y nos olvidamos de que estamos entre dos grandes capitales del arte, Colombia y México”, continúa la coordinadora general. Porque también hay mucha influencia de los creadores centroamericanos hacia México y desde México. Expositores mexicanos como los artistas Carlos Amorales y Rubén Gutiérrez y los curadores José García y Paola Santoscoy dejaron caer sus improntas en el congreso.

De facto: acciones desbordantes ha sido el gran evento teórico de la muestra regional, un titulo que trata de aludir a que a pesar de no contar con las mejores condiciones artistas y gestores culturales, “con tremendo compromiso, voluntad, disciplina y pasión, logran sortear todos los obstáculos y crear actividades y arte de gran valor que traspasa las fronteras y las barreras legales”, explica Adrienne Samos. En este sentido repasa las diversas iniciativas que guiadas desde el mundo del arte se adentran en proyectos educativos y culturales innovadores. “Como sugiere Carlos Amorales: ‘Si no lo tienes, invéntalo ya’”, acota la curadora panameña.

Una de las panelistas que participaron en el simposio fue la chilena Rocío Aranda-Alvarado, curadora de el Museo del Barrio. Entre este y la bienal centroamericana “ya hay una conexión”, por la que varios artista de la región han expuesto en el museo neoyorkino. Aranda recordó los inicios de este proyecto, entre la rebeldía y la contracultura, principios marginales que aún se mantienen. Porque debe primar “la voluntad de mantener el arte en un terreno inestable, con un pie en lo efímero, el caos, lo contingente…”, advierte Samos.

También los artistas Stefan Benchoam, codirector del Nuevo Museo de Arte Comtemporáneo de Guatemala; Ernesto Salmerón, fundador del Ejército Videasta Latinoamericano; Andrés Asturias, director de la revista Rara, Raúl Quintanilla, director de la publicación Malagana; Bayardo Blandino, director de Mujeres en las Artes; Michèle Dalmace, catedrática en la Universidad Michel de Montaigne, entre otros muchos dinamizadores culturales y artísticos tuvieron la palabra.

Durante la bienal se ha podido disfrutar de dos muestras individuales paralelas, la del artista y curador mexicano Rubén Gutiérrez y la del costarricense Fabrizio Arrieta.
La BAVIC es auspiciada por el sector privado y cada dos años rota a una capital centroamericana distinta. Sus promotores son: la Fundación Paiz de Guatemala, el Banco Promerica de Honduras, el Banco Promerica El Salvador, la Fundación Ortiz-Gurdián de Nicaragua, Empresarios por el Arte de Costa Rica, y por parte de Panamá, la Fundación Alemán Healy, St. Georges Bank, Filántropos por el Arte, Claro y la Oficina de Participación Ciudadana del Ministerio de la Presidencia.

La clausura de la bienal centroamericana se dio con “una apuesta a la educación”, apunta Carla García de los Ríos, con el taller de investigación curatorial impartido por Inti Guerrero, director artístico de TEOR/éTica, centrado en las bases conceptuales, investigativas y críticas que sustentan sus exhibiciones colectivas realizadas en el 2012, Edificio metálico y Hombres entre las ruinas, dos proyectos que, desde la curaduría, reformulan ideas arraigadas acerca de la identidad, el territorio y la región.

Para los más pequeños también hubo un taller infantil para acercarlos al fascinante mundo del arte.

Solo queda congratularse por esta gran iniciativa que ha calado hondo en la maraña artística regional, tejiendo unas redes cada vez más sólidas y participativas, que juegan con la trasgresión y el intercambio de reflexiones, ideales y retos. Y esperar un par de años más para que esta plataforma de los lenguajes más contemporáneos del arte vuelva a renacer en otro de los países del Istmo. Empieza la cuenta atrás.

Myriam B. Moneo

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