• 22 mayo, 2026

La memoria salvada por el celo: el ingreso de Ramón Rivero Blanco a la Academia de Historia del Estado Carabobo y la vindicación del archivo privado

La memoria salvada por el celo: el ingreso de Ramón Rivero Blanco a la Academia de Historia del Estado Carabobo y la vindicación del archivo privado

La incorporación de Ramón Rivero Blanco a la Academia de Historia del Estado Carabobo es un hito luminoso.

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Por Roberto J. Argüello,  Chairman Northern Media Group, rjarguello@ceoadvisors.us

El pasado 21 de mayo de 2026, la Academia de Historia del Estado Carabobo vistió sus mejores galas para un acto de estricta justicia historiográfica: la incorporación del investigador de historia naval Ramón Alberto Rivero Blanco como Miembro Correspondiente. Su discurso de ingreso, titulado «La Resistencia de la Memoria: El archivo privado y la microhistoria como pilares de la identidad carabobeña», no fue una mera pieza de retórica académica; fue, en esencia, la declaración de principios de un hombre que encarna a la perfección la figura del coleccionista ilustrado. Como bien apuntó en su impecable contestación el Doctor José Alfredo Sabatino Pizzolante, presidente de la Academia —y como ha respaldado desde la junta directiva el Doctor Fernando Falcón Veloz, vicepresidente de la institución, siendo ambos calificados por el propio recipiendario como pilares afectivos e intelectuales de su travesía investigativa —, la llegada de Rivero Blanco premia la convergencia exacta entre el investigador riguroso y el custodio apasionado.

Para quienes compartimos el oficio silencioso y tantas veces incomprendido de rescatar el viejo papel y el objeto desahuciado, las palabras de Rivero Blanco resuenan con la fuerza de un manifiesto. Su intervención situó el debate en una de las aristas más complejas de la teoría contemporánea: la tensión entre la «Historia de Bronce» —frecuentemente oficial, monolítica y distante— y esa microhistoria latente que palpita en los baúles familiares, las gavetas polvorientas y los epistolarios domésticos. Invocando el paradigma indiciario de Carlo Ginzburg y la agudeza metodológica de Marc Bloch, el nuevo académico demostró que el conocimiento del pasado no es un bloque de mármol inmutable, sino un organismo vivo que se transforma a través de fuentes heterogéneas y disidentes.

La conexión de Ramón Rivero con Carabobo y la historia naval no es un accidente biográfico, sino un legado consustancial que corre por sus venas. Nieto del capitán de corbeta Ramón Díaz Flores y de su padre, el capitán de navío Ramón Rivero Núñez —figura señera que supervisó la infraestructura moderna del astillero de Puerto Cabello (IADAN/DIANCA) —, el recipiendario transformó la preservación del archivo familiar en una cruzada de utilidad pública. De su constancia en el resguardo contra el hongo, la humedad y el olvido institucional, han visto la luz obras de indudable valor como El legado del Capitán de Corbeta Ramón Díaz (2013) y Espadas y Sables de la Armada de Venezuela, Siglo XX (2016).

El núcleo del discurso —e indiscutiblemente el momento de mayor impacto para la historiografía nacional en el evento— fue la presentación pública de un hallazgo documental de primer orden procedente de un archivo privado. Gracias a la donación del capitán de fragata Ramón Guerrero Ramírez, Rivero Blanco custodia hoy el archivo de su tío, el contralmirante Luis Ramírez Aranda. En este fondo reposaban, invisibles para los registros oficiales del Estado, 21 Juramentos originales de los marinos adictos a la Unión Militar Patriótica (UMP) que ejecutaron el golpe de Estado del 18 de octubre de 1945 contra el presidente Isaías Medina Angarita.

Este hallazgo no solo enmienda y completa de forma definitiva las listas parciales e inconclusas que periodistas e historiadores como Ana Mercedes Pérez o el contralmirante Pastor Naranjo publicaron en el pasado, sino que arroja datos estadísticos de enorme valor explicativo. Alrededor del 76% de esos juramentos previos se firmaron en Puerto Cabello, ratificando al enclave carabobeño como el motor logístico y operativo de la Revolución de Octubre.

Aún más sorprendente resulta la revelación de otros 19 Juramentos desconocidos, posteriores al éxito del movimiento (suscritos entre el 22 y el 25 de noviembre de 1945), que demuestran una fase de consolidación post-revolucionaria dentro de las filas de la Armada de la que no existía registro alguno en la historiografía conocida. Es la prueba irrefutable, como bien defendió el recipiendario, de que las herencias y las casualidades domésticas salvan las páginas que la desidia oficial arranca de la historia.

Como coleccionistas, nos adherimos con entusiasmo a la categórica advertencia que tanto Rivero Blanco como Sabatino Pizzolante lanzaron desde la tribuna académica: el coleccionismo en el siglo XXI enfrenta una encrucijada ética. Ya no basta con poseer de forma egoísta o petulante, condenando las piezas al anonimato del secreto ; el imperativo de los nuevos tiempos es el rigor científico y la democratización del acceso a través de la digitalización. El coleccionista debe dejar de ser un «carcelero de la historia» para convertirse en su difusor.

La incorporación de Ramón Rivero Blanco a la Academia de Historia del Estado Carabobo es un hito luminoso. Al sentar en su seno a un custodio de esta estirpe, la institución se ratifica como un faro de confianza y un puerto seguro para que las familias venezolanas donen, cataloguen y compartan sus legados sin el temor al extravío o al descuido institucional. Celebramos su ingreso no solo como el reconocimiento a una impecable trayectoria profesional y académica, sino como la consagración de una verdad eterna: que mientras exista un coleccionista ilustrado resguardando con celo un viejo papel, habrá siempre una verdad esperando ser descubierta para salvar nuestra identidad del olvido.

Etiquetas: Academia de Historia del Estado Carabobo / Ramón Alberto Rivero Blanco

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