• 8 junio, 2026

Ellos saben que aquí estoy…

Ellos saben que aquí estoy…

La maternidad de hijos adultos es aprender a amar desde la distancia, con fe, confianza y la certeza de seguir siendo siempre un lugar seguro al que pueden volver.

Por Karla Icaza M. Vicepresidenta Ejecutiva Gobierno Corporativo de Grupo Promerica.

Hace un par de semanas, me desperté a las dos y media de la madrugada pensando en un artículo que escribí sobre una situación que atravesó uno de nuestros hijos. Sentí que el Espíritu Santo me despertó. Me levanté, lo busqué, le tomé foto y se lo mandé al mismo hijo, que casualmente, estaba pasando por una circunstancia similar. Desde que comencé a escribir columnas para un periódico de mi país, la maternidad ha sido uno de los temas de mis escritos. Cuando publiqué el libro El Cielo en la tierra, experiencias de nuestra vida cotidiana, le dediqué una sección completa a este tema. Como saben, todo lo que yo escribo es sobre mis experiencias como esposa, madre y profesional. Es lo que soy y siempre tengo algo que contar.

Cuando mis tres hijos estaban creciendo, mi esposo y yo buscamos como ayudarnos para tratar de ser buenos padres. Nos leímos los libros del Dr. James Dobson: Cómo criar a los varones, Cómo criar a un niño de voluntad firme, Tener hijos no es para cobardes, y a pesar de que aprendimos bastante igual cometimos errores. Criar hijos es el trabajo más difícil que existe. Cada uno es un mundo, lo que funciona con uno no funciona con el otro.

El otro día me topé con un post en Instagram sobre lo que significa ser mamá de hijos adultos. Cuando lo leí me puso en perspectiva muchas de las cosas que he sentido desde que nuestro primer hijo se fue a estudiar a la universidad. Los tres estudiaron fuera del país y prácticamente nunca volvieron a casa. Como profesionales buscaron su rumbo, tristemente en diferentes países. Sacando la cuenta el otro día, tenemos el nido vacío desde hace diez años.

Nadie nos prepara para esta etapa. Pasamos años protegiéndolos de todo: de las caídas, de las decepciones, de los peligros visibles e invisibles. Y un día entendemos que amar también significa soltarlos… aunque el alma tiemble.

Ser mamá de hijos adultos es amar sin poder protegerlos. Guardar silencio cuando quisiera decir mil cosas. Es mirar cómo toman decisiones que yo no hubiera tomado y aun así respetar su camino. Porque llega un momento en que el amor deja de ser control y se convierte en confianza, pero es difícil, porque una parte de mi sigue viendo a ese niño pequeño que un día necesito de mi para poder cruzar la calle.

Ser mamá de hijos adultos es sufrir en silencio cuando están atravesando un momento difícil; es escribir un mensaje, borrarlo, escribirlo otra vez… y al final solo poner: “¿Todo en orden? Love you”.

Es observar desde lejos batallas que daría cualquier cosa por pelearlas yo misma. Es entender, con el alma apretada, que hay lecciones que no se pueden vivir por ellos.

Ser mamá de hijos adultos es otra forma de maternidad: una más callada, más madura y más llena de fe.

Porque cuando eran pequeños, el amor se demostraba resolviendo. Ahora muchas veces se demuestra escuchando sin juzgar, respirando hondo antes de opinar, confiando en los valores sembrados durante años, aprendiendo que estar presente no siempre significa intervenir. La maternidad no termina cuando los hijos se van de la casa. Solo cambia de lugar.

La maternidad deja de vivir en las rutinas diarias y empieza a vivir en las llamadas inesperadas, en los mensajes cortos, en las oraciones silenciosas de la madrugada, en esa intuición de madre que sigue despierta, aunque ellos ya hayan crecido.

Y aunque ya no me necesiten como antes, ellos saben que aquí estoy, como una luz encendida, un lugar seguro al que siempre pueden volver cuando la vida pesa demasiado; donde pueden derramar su corazón y saber que serán apoyados, aconsejados, comprendidos… pero sobre todo amados.

Lo más hermoso de esta etapa es entender que el amor de una madre madura no desaparece, no disminuye, solo aprende nuevas maneras de abrazar, y el corazón se hace más grande, porque ahora no son tres si no seis, y en unos meses serán siete y pronto después, más…

Como flechas

Etiquetas: Columna / conecta2 / Ellos saben que aquí estoy… / Kaarla Icaza / maternidad / opinión

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