• 31 julio, 2026

¿Cómo serán los seres humanos del futuro? La evolución continúa, pero ahora también está en nuestras manos

¿Cómo serán los seres humanos del futuro? La evolución continúa, pero ahora también está en nuestras manos

La evolución humana sigue activa, aunque sus motores están cambiando. La alimentación, el ambiente, la migración y las preferencias de pareja continúan modificando la frecuencia de ciertos genes, mientras tecnologías como CRISPR abren la posibilidad de intervenir directamente sobre el ADN.

Síganos en Instagram: @revistavidayexito

Durante miles de años, las enfermedades, las hambrunas y las condiciones ambientales ejercieron una fuerte presión sobre la evolución humana. La supervivencia favorecía determinadas características y, generación tras generación, esos rasgos podían hacerse más frecuentes en una población.

La medicina moderna, el saneamiento y el acceso más estable a los alimentos han transformado buena parte de ese escenario. Sin embargo, la evolución humana continúa.

Jason Hodgson, antropólogo y genetista evolutivo de la Universidad Anglia Ruskin, en Reino Unido, sostiene que existe evidencia inequívoca de que la evolución sigue ocurriendo. La clave está en observar cómo cambian las frecuencias de determinados genes a lo largo de las generaciones.

El proceso ocurre lentamente. Por eso, los grandes cambios evolutivos requieren muchas generaciones y difícilmente pueden percibirse durante una sola vida.

La alimentación también transformó nuestros genes

Uno de los ejemplos más conocidos de evolución humana reciente está relacionado con la capacidad de digerir leche durante la edad adulta.

Briana Pobiner, paleoantropóloga del Museo Nacional de Historia Natural del Smithsonian, explica que alrededor de un tercio de la población mundial puede digerir la leche en la adultez, una capacidad que era extremadamente poco frecuente hace entre 5000 y 10 000 años.

La expansión de la ganadería lechera creó nuevas condiciones para la supervivencia. Durante periodos de escasez de alimentos, las personas capaces de aprovechar la leche como fuente de grasas y proteínas tuvieron una ventaja, lo que favoreció la transmisión de esos genes.

El resultado fue un cambio evolutivo particularmente rápido para los estándares de la historia humana.

El ambiente dejó su huella en nuestra apariencia

La migración de los seres humanos desde África hacia distintas regiones del planeta también produjo adaptaciones relacionadas con el entorno.

Las poblaciones que se asentaron en lugares con diferentes niveles de radiación ultravioleta desarrollaron variaciones en la pigmentación de la piel. La piel más clara, por ejemplo, favorece la síntesis de vitamina D en regiones donde la exposición a la luz ultravioleta es menor.

Durante miles de años, el aislamiento relativo entre poblaciones permitió que determinadas características se hicieran más frecuentes en distintas regiones.

La situación actual es diferente. La migración y la globalización han conectado poblaciones que durante siglos permanecieron separadas, modificando las condiciones en las que opera la evolución.

Sin embargo, la mezcla genética tampoco sigue una trayectoria uniforme.

La altura ofrece un ejemplo. Investigaciones citadas por el antropólogo han encontrado una relación entre la estatura de las personas y la de sus parejas.

Características como la altura, el peso y determinados rasgos faciales pueden presentar patrones de selección en algunas poblaciones. Factores sociales y culturales, como las preferencias personales o la tendencia a formar parejas dentro de determinados grupos, también pueden influir en la frecuencia de ciertos genes.

De esta manera, la evolución humana responde a una combinación de factores biológicos, ambientales y sociales.

La apariencia puede cambiar durante una sola vida

La evolución genética requiere generaciones. La tecnología y las decisiones individuales, en cambio, permiten modificar la apariencia humana en cuestión de años o incluso meses.

El ejercicio, la ortodoncia y los procedimientos estéticos pueden transformar determinados rasgos físicos durante una vida, aunque esos cambios adquiridos carecen de la misma transmisión genética que caracteriza a la evolución.

Según datos de la Sociedad Internacional de Cirugía Plástica Estética (ISAPS), en 2024 se realizaron cerca de 38 millones de procedimientos estéticos en todo el mundo, entre intervenciones quirúrgicas y tratamientos no quirúrgicos. La cifra representa un aumento de 40% frente a 2020.

Esta capacidad para modificar la apariencia introduce una diferencia fundamental entre lo que cambia durante una vida y lo que puede transmitirse genéticamente a las siguientes generaciones.

CRISPR abre una nueva etapa

El escenario podría cambiar de manera mucho más profunda con el desarrollo de tecnologías de edición genética como CRISPR.

Esta herramienta permite localizar segmentos específicos del ADN y modificarlos. Actualmente se utiliza para tratar determinadas enfermedades genéticas, incluidos algunos trastornos de la sangre.

La posibilidad de intervenir sobre las células germinales —las que dan origen a óvulos y espermatozoides— plantea un escenario diferente, porque una modificación realizada en ellas podría transmitirse a las siguientes generaciones.

Aquí aparecen algunas de las preguntas más complejas sobre el futuro de la especie humana: ¿hasta dónde debería llegar la edición genética?, ¿podrían los padres elegir determinadas características de sus hijos?, ¿qué ocurriría si las modificaciones genéticas se convirtieran en una práctica habitual?

Hodgson considera que la humanidad todavía se encuentra muy lejos de contar con la seguridad y precisión necesarias para modificar deliberadamente características complejas de una persona.

También existen profundas discusiones éticas relacionadas con los llamados “bebés de diseño”, la posibilidad de aumentar determinadas desigualdades y el riesgo de estigmatizar a personas con discapacidades.

A largo plazo, sin embargo, el investigador plantea una hipótesis radical: dentro de miles de años, la edición genética podría llegar a modificar la propia manera en que entendemos la evolución.

¿Podría aparecer una nueva especie humana?

Predecir el aspecto de los seres humanos dentro de miles o millones de años resulta prácticamente imposible. La razón es sencilla: el futuro evolutivo depende de cómo cambie el entorno.

Hace alrededor de un millón de años, distintas especies humanas, como Homo erectus, habitaban el planeta. El Homo sapiens apareció mucho después, hace aproximadamente 300 000 años.

El mismo proceso que permitió la aparición de nuestra especie podría, en un futuro extremadamente lejano, conducir a nuevas formas humanas.

La diferencia es que esta vez la evolución podría estar acompañada por una capacidad inédita: la intervención deliberada de los propios seres humanos sobre su material genético.

Por ahora, la evolución sigue siendo un proceso gradual impulsado por la interacción entre genes, ambiente, comportamiento y reproducción. Pero la ciencia está introduciendo una posibilidad que habría parecido ciencia ficción durante la mayor parte de nuestra historia: que una especie pueda comenzar a intervenir conscientemente sobre su propia evolución.

 

 

Fuente: BBC

Redaccion
Etiquetas: adaptación / CRISPR / evolución humana / futuro de la humanidad / Genética

Recomendaciones sobre este tema

Cómo los hábitos saludables pueden compensar la genética y sumar años de vida

Cómo los hábitos saludables pueden compensar la genética y sumar años de vida

La genética puede suponer un 21% más de riesgo de muerte prematura, según un estudio publicado en BMJ…
Se aproxima una generación de vacas modificadas para luchar contra el cambio climático

Se aproxima una generación de vacas modificadas para luchar contra el cambio climático

Si la crianza de animales predispuestos a emitir menos CH4 tiene éxito, Canadá podría reducir hasta 50% su…