Al frente de Terra Quintas, promueve un modelo de desarrollo que combina conservación, sentido de comunidad y oportunidades para las familias.
Por Milagros Sánchez Pinell
Nacido y criado en Guanacaste, Costa Rica, Donny Pichardo creció en una región que recuerda por la fortaleza de su gente, la riqueza de su tierra y el profundo sentido de comunidad, pero también por las limitaciones que enfrentaban los habitantes de la zona.
Aunque su familia carecía de recursos abundantes, nunca faltaron enseñanzas como la ética de trabajo y el compromiso con los demás, valores que han guiado su vida personal y profesional.
Hoy es fundador y CEO de Terra Quintas, empresa dedicada al desarrollo inmobiliario en Guanacaste, desde donde impulsa proyectos enfocados en la conservación de áreas verdes, el fortalecimiento del tejido social y el acceso a oportunidades de inversión para las familias.
«Mi familia es mi brújula. Antes de ser empresario, soy hijo, esposo y padre, y esos roles definen todas las decisiones que tomo dentro y fuera de Terra Quintas. Me describiría como alguien insistente en lo que creo correcto, curioso por naturaleza, y absolutamente incapaz de separar el negocio del propósito», expresa.
Previo al nacimiento de su empresa, gran parte de su formación ocurrió fuera de las aulas y estuvo marcada por los distintos oficios que desempeñó durante sus primeros años laborales, permitiéndole aprender sobre negociación, confianza y relaciones humanas.
“Guanacaste también fue mi aula. Observar el territorio, entender su potencial antes de que nadie más lo viera, fue el verdadero punto de partida”, añade.
El conocimiento que desarrolló sobre Guanacaste y las oportunidades que ofrecía la región lo impulsó a emprender una iniciativa propia con una propuesta distinta a la que observaba dentro del sector inmobiliario.
“Guanacaste tenía tierra extraordinaria, gente con ganas de construir patrimonio y absolutamente ningún modelo de desarrollo que respetara las dos cosas al mismo tiempo. Los proyectos que existían o arrasaban con el entorno o eran inaccesibles para la familia costarricense promedio”, explica.
Fue entonces cuando, en 2004, fundó Terra Quintas decidido a ofrecer una propuesta distinta mediante proyectos con alma, áreas verdes reales, integración social y sentido de pertenencia, sin la certeza de que la iniciativa funcionaría, pero con la claridad de construir un modelo propio.
“Quería demostrar en el sector inmobiliario costarricense que se puede hacer un negocio serio, rentable y de largo plazo, conservando más de lo que se interviene. Nuestra política de respetar al menos el 75% de cada proyecto como área verde fue una convicción y un compromiso voluntario, nunca fue una concesión al mercado”, aclara.
Los primeros años de la empresa estuvieron definidos por el desafío de ganar credibilidad dentro de un sector que observaba con escepticismo tanto la región como el modelo que proponía.
“La credibilidad es el activo más difícil de construir cuando empiezas desde cero. Los primeros años fueron de mucho convencer y poco dormir”, recuerda.
Fuera del ámbito empresarial, Pichardo encuentra en su familia el principal motor, el ancla en los momentos donde todo lo demás se tambalea y el equilibrio que le permite afrontar las exigencias del día a día.
“Son el recordatorio constante de para qué es todo esto. Guanacaste también me recarga al caminar la tierra, estar en contacto con el entorno natural que hemos elegido conservar y me devuelve la perspectiva cuando el ruido del negocio se vuelve demasiado alto”, señala el empresario, quien también disfruta del golf y el pádel.
Liderar sin perder la esencia
Con más de dos décadas de trayectoria empresarial, sus responsabilidades actuales se centran en definir el rumbo de la compañía, fortalecer alianzas y velar por que el crecimiento de Terra Quintas continúe alineado con los valores que le dieron origen.
Asegura que algunos de los aspectos que más disfruta de su trabajo siguen siendo los mismos que lo motivaban cuando comenzó, especialmente aquellos relacionados con el contacto directo con el territorio y con las personas que depositan su confianza en la empresa.
«Lo que más disfruto sigue siendo lo que siempre disfruté: imaginar lo que un terreno puede llegar a ser antes de que exista un proyecto y sentir ese potencial antes de que alguien más lo vea. También disfruto las conversaciones con las familias que compran, porque sé que están poniendo en nuestras manos algo muy importante para ellas. Eso nunca pierde peso», comenta.
En la conducción de Terra Quintas, procura mantener los principios que lo han guiado desde el inicio, convencido de que el ejemplo es una de las herramientas más importantes para generar confianza y credibilidad dentro de cualquier organización.
«Lidero desde el ejemplo y el respeto. A mi equipo solo le pido que crea en algo que yo estoy dispuesto a demostrar primero. Soy exigente, pero la exigencia más alta siempre va dirigida hacia mí mismo”, aclara.
De igual manera, procura transmitir a su equipo que aspectos como la transparencia, el cumplimiento y el respeto por el entorno y las personas deben mantenerse firmes independientemente de las circunstancias.
“También creo profundamente en dar espacio a las personas para crecer. Un líder que ignora la importancia de formar a quien viene detrás está construyendo sobre arena”, dice.
En tanto, admite que los desafíos que lo motivan hoy son distintos a los que enfrentó en los inicios de la empresa, pues el crecimiento alcanzado trajo consigo nuevas responsabilidades y exigencias.
«El reto más grande hoy es crecer sin perder la esencia. Cuando una empresa alcanza cierta escala, hay una presión natural hacia hacer lo que es seguro en lugar de lo que es correcto. Mantener viva la cultura de origen, el sentido de propósito y la relación honesta con las comunidades donde operamos, me desafía todos los días», afirma.
Un compromiso que trasciende el negocio
La empresa también ha impulsado distintas iniciativas sociales, entre ellas la donación de infraestructura de agua potable en comunidades de Guanacaste y programas dirigidos a poblaciones en condición de vulnerabilidad mediante alianzas con organizaciones como Aldeas Infantiles SOS y la Fundación Pollitos de Hierro.
Una de las iniciativas que más valora está relacionada precisamente con el acceso al agua potable, causa vinculada a experiencias que marcaron su infancia en la región.
«Saber que hay familias que hoy tienen agua en su casa gracias a una decisión nuestra, además de destinar un porcentaje de nuestras ventas a niños en vulnerabilidad y apoyar a niños con diagnóstico de cáncer, es lo que más pesa en mi historia personal. Después de eso vienen las más de 1 600 familias con patrimonio propio. Eso también es un logro que se siente diferente a cualquier reconocimiento internacional”, comenta.
Sobre el futuro, asegura que su objetivo es continuar fortaleciendo el impacto de Terra Quintas, ampliando las alianzas sociales y consolidando un modelo de desarrollo que combine crecimiento, conservación y compromiso con las comunidades y protección de corredores biológicos que contribuyan a preservar los ecosistemas de la región.
«El consejo para quienes quieren emprender es uno solo, claridad antes que capital. Saber exactamente por qué estás haciendo lo que haces, a quién le sirve y en qué se diferencia, eso vale más que cualquier inversión inicial. El dinero sigue a las convicciones reales», concluye.
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