La doctora dominicana promueve una visión de la salud infantil que integra hábitos, prevención y bienestar.
Por Milagros Sánchez Pinell
Para Caren Pichardo, promover la salud infantil implica mucho más que brindar recomendaciones médicas, requiere trabajar junto a las familias, las escuelas y las comunidades para crear entornos que faciliten decisiones saludables desde la infancia.
Hoy, esa filosofía guía su trabajo desde Pediatric Gastroenterology Associates and Obesity Clinic, afiliada a Nicklaus Children’s Hospital, donde combina la gastroenterología pediátrica con su especialización en obesidad infantil y salud metabólica.
Mucho antes de dedicarse a la medicina pediátrica, ya observaba con atención el impacto que el cuidado podía tener en la vida de las personas.
Mientras crecía en Santo Domingo, República Dominicana, acompañaba a su madre en el cuidado de sus abuelos y tías abuelas, y visitaba con frecuencia el consultorio de su tío Allan Vargas, quien además de ser su pediatra se convirtió en una de las primeras figuras que despertaron su interés por la medicina.
Hija de arquitectos y la tercera de cinco hermanos, creció en una familia unida donde la salud, la naturaleza y el bienestar ocupaban un lugar importante en la vida cotidiana.
Durante su infancia convivió con el asma y visitaba con frecuencia el consultorio de su tío. Allí observaba de cerca la relación de confianza que construía con sus pacientes, mientras que el ejemplo de cuidado que veía en su madre le inculcó la importancia de estar presente para los demás.
Aquellas experiencias, reconoce, le enseñaron que la medicina trasciende diagnósticos y tratamientos, haciendo que la empatía, la cercanía y la capacidad de brindar tranquilidad en momentos difíciles se convirtieran en pilares de una visión que definió su manera de ejercer la profesión.
A esa influencia familiar se sumaron los veranos en la finca de su abuelo, donde aprendió cómo se cultivaban los alimentos y desarrolló una conexión especial con la naturaleza.
Formación y trayectoria
Estudió medicina en la Universidad Iberoamericana (UNIBE) y realizó rotaciones clínicas en Miami. Junto a su esposo, quien también es médico, se preparó para los exámenes de licencia y continuó realizando rotaciones que le permitieron familiarizarse con el sistema de salud estadounidense.
Con perseverancia y esfuerzo logró incorporarse al programa de residencia de Nicklaus Children’s Hospital en Miami, la institución que había imaginado como parte de su futuro profesional desde años atrás.
Aunque siempre tuvo claro que quería trabajar con niños, observar de cerca los desafíos relacionados con el peso que enfrentaron su madre y su abuela despertó su interés por comprender mejor la salud metabólica y los múltiples factores que influyen en ella.
“Inicialmente pensé que mi camino estaría en la endocrinología pediátrica, pero durante mi rotación de gastroenterología en Nicklaus Children’s Hospital descubrí una especialidad que integraba muchas de las áreas que más me apasionaban. Fue ahí donde encontré la combinación perfecta entre mis intereses personales y profesionales”, afirma.
Su formación continuó en Children’s National Medical Center, en Washington, D.C., donde trabajó con una población compuesta mayoritariamente por familias inmigrantes centroamericanas y comprendió de primera mano cómo factores sociales, económicos y culturales influyen en la salud de los niños y en las posibilidades reales de adoptar hábitos saludables.
“Fue una experiencia profundamente enriquecedora porque aprendimos juntos a encontrar soluciones prácticas a las barreras que enfrentaban para adoptar hábitos más saludables”, expresa.
Durante esa etapa también participó en el programa We Can, una iniciativa enfocada en la prevención y el manejo de la obesidad infantil, donde colaboró con familias en actividades relacionadas con alimentación saludable y actividad física, motivándola a certificarse como especialista en medicina de la obesidad y fortaleciendo aún más su compromiso con esta área.
Aprender de cada familia
Pichardo ha construido vínculos duraderos con niños y familias que acompaña de manera constante, viendo en cada consulta una oportunidad para comprender nuevas perspectivas y conocer realidades distintas.
“Me gusta ser mucho más que su médica, ser una aliada, una mentora, parte de su equipo y, muchas veces, su mayor porrista en el camino hacia una mejor salud”, manifiesta.
Según explica, la atención médica funciona como un intercambio de conocimientos en el que aporta su experiencia profesional mientras aprende de las historias, culturas, tradiciones y valores de cada familia, elementos que han enriquecido su práctica médica.
“Los niños y las familias que han pasado por mi consulta han sido algunos de mis mejores maestros. Quizás una de las lecciones más profundas ha sido observar el inmenso amor que los padres sienten por sus hijos y los sacrificios que están dispuestos a hacer para garantizar su bienestar”, reconoce.
La especialista señala que encuentra una motivación constante en el privilegio de acompañar a los niños durante su crecimiento y trabajar junto a sus familias para encontrar soluciones, celebrar avances y enfrentar desafíos.
“Hay algo difícil de explicar, pero muy real para mí. Cuando estoy en la clínica rodeada de niños y familias, siento que los colores se ven más brillantes. Ellos llenan mi vida de alegría, propósito y esperanza. Me recuerdan cada día por qué elegí esta profesión y por qué sigo sintiéndome tan agradecida de ejercerla”, dice.
The Happy Body Project
Esa visión de la salud como un esfuerzo compartido encontró una nueva dimensión en The Happy Body Project, una iniciativa de medicina del estilo de vida pediátrica impulsada por una de sus pacientes, Adriana Levy, junto a su madre, Alegre Levy.
El proyecto promueve hábitos saludables y bienestar integral entre niños, adolescentes y familias, llevando mensajes de salud más allá del consultorio, donde Pichardo participa como guía y gestora de salud, aportando una perspectiva médica que complementa el trabajo educativo y comunitario.
“Lo que más me motivó a involucrarme fue precisamente esa visión de comunidad. La salud se fortalece cuando las familias, los jóvenes y los distintos actores de la comunidad trabajan juntos hacia un mismo objetivo”, señala.
También incorpora aprendizajes obtenidos en programas de salud familiar, donde comprendió la importancia de involucrar a todo el núcleo familiar y de adaptar las recomendaciones a las realidades particulares de cada hogar.
La huella que desea dejar
Más que ser recordada por diagnósticos o tratamientos específicos, espera ser recordada por la forma en que acompañó a las personas durante momentos importantes de sus vidas.
Convencida de que la salud también se construye fuera del consultorio, aspira a contribuir a comunidades donde cada familia encuentre las herramientas, el acompañamiento y las oportunidades necesarias para desarrollar una vida más saludable.
“Me gustaría dejar una huella basada en la colaboración, la empatía y la individualización del cuidado. Quisiera que las familias se sintieran parte activa de su proceso de salud y que vieran a sus médicos como aliados, trabajando juntos hacia objetivos comunes”, expresa.
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