La estudiante nicaragüense ha encontrado en la memoria, el arte y el deporte distintas formas de desarrollar una imaginación que busca compartir con otros.
Por Milagros Sánchez Pinell
Camino al colegio, Amanda Vogel Martínez escuchaba a su padre, Alejandro Vogel Delgadillo, recitar de memoria más de 400 dígitos del número π mientras ella verificaba en Google.
La escena, que para muchos habría sido una simple curiosidad, despertó en ella la inquietud que, sin saberlo entonces, terminaría dando forma a uno de los proyectos más singulares de su corta trayectoria.
Junto a su padre aprovechó cada trayecto al colegio para practicar distintas técnicas de memoria hasta que una conversación sobre una competencia internacional dio origen a una idea. «¿Y si creamos uno aquí?», recuerda haberle propuesto después de que él comentara que sería increíble contar con un espacio similar en Nicaragua.
Así nació el Central American Memory Championship Club (CAMCC), una iniciativa que, según su creadora, busca enseñar a los estudiantes técnicas para fortalecer la memoria a través de ejercicios y competencias.
«La mayoría de los colegios enseña qué estudiar; CAMCC enseña cómo aprender», afirma la estudiante de octavo grado del Lincoln International Academy.
Tras presentar el proyecto ante las autoridades de su escuela y dedicar más de diez meses a preparar la propuesta, elaborar planes de clase y definir su metodología, el colegio aprobó su incorporación como actividad extracurricular a partir del año escolar que iniciará en agosto de 2026.
«Con la ayuda de mi papá preparé la propuesta y fue aprobada. Durante ese tiempo aprendí que los proyectos importantes requieren paciencia, constancia y perseverancia y que una buena idea necesita organización, planificación y mucho trabajo para convertirse en realidad», admite.
Convertir una idea en un proyecto real ha sido, hasta ahora, uno de los mayores desafíos que ha enfrentado, pues durante el proceso aprendió a preparar presentaciones, elaborar documentos, diseñar planes de clase y comunicar su propuesta con claridad.
Antes de presentar la propuesta, la adolescente y su padre investigaron la existencia de clubes escolares con características similares en Centroamérica y concluyeron que CAMCC podría convertirse en el primero de este tipo en la región.
«Más que una distinción, considero que representa la oportunidad de acercar estas herramientas a más estudiantes. ¿Por qué entrenar solo nuestro cuerpo cuando también podemos entrenar nuestra mente?», reflexiona.
Más allá de este proyecto, se define como una adolescente curiosa, creativa y perseverante, convencida de que la imaginación ocupa un lugar fundamental en la vida de las personas.
“Lo que más me apasiona es ayudar a las personas a descubrir un lado de la vida que muchas veces olvidamos: la imaginación. Con frecuencia estamos tan concentrados en nuestras responsabilidades que dejamos poco espacio para imaginar. Eso es lo que más disfruto: imaginar y ayudar a otros a hacerlo”, dice.
Desde pequeña, asegura haber tenido una imaginación muy activa, tanto que podía pasar horas soñando despierta y creando historias sin necesidad de juguetes. Incluso, cree que hablar con Dios y usar la imaginación son dos maneras de encontrar descanso en los momentos difíciles.
Mucho antes de CAMCC
Su interés por aprender y explorar nuevas disciplinas comenzó a los cuatro años, cuando encontró en el tenis un deporte que rápidamente sintió como suyo, luego de haber probado antes la gimnasia y el ballet sin llegar a identificarse con ninguna de esas actividades.
Actualmente entrena cuatro veces por semana en el Club Terraza y ha participado en numerosos torneos, aunque asegura que los trofeos nunca han sido lo más importante.
Con el paso de los años, comenta que el tenis le ha enseñado a analizar cada situación, perseverar, aprovechar sus fortalezas y afrontar los desafíos con determinación.
Por otro lado, aunque desde pequeña disfrutaba de la pintura y las fotografías de su infancia casi siempre la muestran con un pincel en la mano, fue durante la pandemia de COVID-19, en un cumpleaños celebrado por Zoom, cuando descubrió que quería dedicarle mucho más tiempo al arte.
La celebración incluía un lienzo y un juego de pinturas para que cada invitada creara su propia obra y, apenas comenzó a pintar, sintió que había encontrado una nueva forma de expresarse.
Ese momento marcó el inicio de un camino que, desde 2021, ha recorrido bajo la guía de la artista visual Damiana Corea, a quien considera una figura fundamental en su formación.
Hoy desarrolla principalmente obras de semirrealismo, aunque también incursiona en el arte abstracto. Reconoce que los retratos ocupan un lugar especial entre sus creaciones porque le permiten transmitir la esencia y las emociones de una persona de una manera distinta a una fotografía.
Amanda comenzó a participar junto a sus compañeras de arte en distintas exposiciones, la primera en noviembre de 2022 durante una expo-venta en La Tostadería y dos años después en Librerías Hispamer.
Uno de los momentos que recuerda con mayor satisfacción llegó en noviembre de 2025, cuando inauguró su primera exposición individual en el restaurante Miralagos del Club Terraza, una muestra integrada por más de 25 cuadros entre obras de su colección personal, piezas ya vendidas que fueron prestadas para la ocasión y trabajos disponibles para la venta.
Meses más tarde volvió a exponer en Librerías Hispamer, esta vez en una muestra conmemorativa por el Día Internacional de la Mujer, compartiendo espacio con más de 70 artistas, muchas de ellas de reconocimiento internacional.
El tenis, la pintura y el piano forman parte de una agenda que combina con sus estudios en el Lincoln International Academy, un equilibrio que, reconoce, ha sido posible gracias a la organización y al apoyo constante de su familia, especialmente de su mamá Rosa Martínez Icaza.
«Gracias a ella he comprendido que una buena planificación hace que los días sean más productivos y me permite disfrutar todo lo que hago», dice.
Destaca que ha tenido la fortuna de crecer rodeada de personas que la han inspirado, entre ellas su abuela, la abogada Martha Lorena Icaza Ochoa, a quien atribuye gran parte de los valores que hoy la definen, como la perseverancia, la disciplina, la creatividad y la amabilidad.
Cuando piensa en el futuro, aspira a seguir creciendo como estudiante, artista y deportista, continuar aprendiendo y compartir ese conocimiento con otras personas, además de ver crecer CAMCC para que cada vez más estudiantes descubran que aprender también puede ser una experiencia divertida.
«Mi mayor meta es utilizar lo que aprendo para ayudar e inspirar a otras personas. Quiero seguir creando proyectos que tengan un impacto positivo y recordar siempre que el verdadero éxito se mide por los reconocimientos y por la diferencia que podemos hacer en la vida de los demás. Espero nunca perder la curiosidad que me ha llevado a descubrir tantas pasiones», concluye.
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