• 18 abril, 2024

El buen maestro ¿nace o se hace?

El buen maestro ¿nace o se hace?

En una era donde los valores parecen diluirse con cada día que pasa, los docentes emergen como figuras fundamentales: mentores, guías y modelos a seguir para las generaciones venideras.

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Por Mauricio Curley

¿Los buenos maestros nacen con habilidades innatas para la enseñanza o las adquieren a lo largo de su carrera y formación profesional? Esta pregunta resuena entre docentes de todos los niveles educativos, padres preocupados y estudiantes inquietos por igual.

En una era donde los valores parecen diluirse con cada día que pasa, los docentes emergen como figuras fundamentales: mentores, guías y modelos a seguir para las generaciones venideras. Su influencia va más allá de las aulas, dejando una huella indeleble en el tejido social.

En este artículo platicamos con el Lic. Michael Abrego García, Docente de la Facultad de Educación (FACED) de Universidad Galileo, para conocer mas a fondo cual es el rol de un docente en la sociedad.

“Para iniciar es fundamental partir de la premisa de que un docente bien capacitado o formado en su área de especialización, no sólo transmite información sino que es capaz de despertar la curiosidad y el interés en sus estudiantes, de una manera inherente; la profundización del conocimiento y la pasión por una ciencia o arte es contagioso y motivador”, comenta el Lic. Abrego.

Los autores Ortúzar, Flores , Milesi, & Cox en 2009 realizaron un estudio para determinar si el nivel de formación de un docente impacta positivamente el desempeño académico de los estudiantes, teniendo por conclusión que todos los grupos de estudiantes cuyos profesores tenían un grado académico de licenciatura o posgrados tenían un rendimiento notoriamente mayor a los grupos cuyos profesores carecían de esta formación. Esto apoya objetivamente la relación directa entre la formación de un docente y el rendimiento académico de los estudiantes.

Algunos sostienen que la capacidad de enseñar es un don natural, una vocación arraigada en el ser desde el nacimiento. Para estos creyentes, la habilidad para conectar con los estudiantes, inspirar el aprendizaje y fomentar el desarrollo personal y académico es algo que no puede enseñarse ni aprenderse, sino que se manifiesta de manera espontánea en individuos excepcionales.

Sin embargo, existe otra corriente de pensamiento que defiende que la maestría docente es el fruto de un arduo trabajo, de una constante búsqueda de buenas prácticas y estrategias pedagógicas efectivas a lo largo de la carrera y la formación profesional. Según esta perspectiva, cualquier persona con la voluntad y la dedicación suficientes puede convertirse en un educador excepcional, siempre y cuando esté dispuesta a aprender, a crecer y a adaptarse a las necesidades cambiantes de sus estudiantes y de la sociedad en general.

“En este punto de la presente disertación, es probable que los lectores tengan una discrepancia sobre el hecho de que el rol de un docente va más allá de dominar bien un conocimiento para transmitirlo y ¡con justa razón!, allí radica la importancia del currículo oculto, este concepto hace referencia hacía ese conjunto de “reglas no escritas”, es decir, valores, comportamientos y normas que se encuentran de manera implícita en un plan de estudios, que son manifestadas y modeladas por el docente, incluyen también la forma de relacionarse entre docentes y estudiantes, así como las expectativas de rendimiento esperadas”, explica el Lic. Abrego. “A esto, en su momento Yves Chevallart (1980), le llamó contrato didáctico, incluyendo algunos otros elementos”, añade.

El currículo oculto tiene incidencia en la forma en que los estudiantes socializan, en la percepción que tienen de sí mismos, sus actitudes hacia el aprendizaje, entre otros.  “El rol del docente toma más relevancia cuando se involucra como mediador de esta armonía, ya que dota al entorno de aprendizaje de un equilibrio significativo para el hecho educativo”, comenta el profesional de Universidad Galileo.

La respuesta a esta pregunta tan compleja puede variar según el contexto, la experiencia personal y las creencias individuales. Lo que parece claro es que, ya sea por don natural o por esfuerzo consciente, los buenos maestros comparten un compromiso inquebrantable con el aprendizaje, un amor por la enseñanza y un profundo respeto por el potencial de cada estudiante para alcanzar la grandeza.

“La formación integral de un docente, desemboca en el desarrollo de habilidades pedagógicas y didácticas efectivas en su ejercicio profesional.  Un docente que es bien formado no se limita a transmitir conocimiento, sino a ser mediador de objetos de estudio, un estratega para crear situaciones de aprendizaje mientras moldea complementariamente valores e influye positivamente en el futuro de sus estudiantes”, concluye el Lic. Michael Abrego, docente universitario.

Etiquetas: docentes / El buen maestro ¿nace o se hace? / Guatemala / Universidad Galileo

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