La demanda de formación en IA está cambiando rápidamente.
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En menos de un año, las necesidades de las empresas respecto a la inteligencia artificial han cambiado de forma significativa. Si durante la primera fase de adopción el objetivo era entender qué era la IA generativa, conocer herramientas y aprender a utilizarlas para ganar productividad, las organizaciones empiezan ahora a plantearse una cuestión más compleja: cómo integrar la inteligencia artificial en sus procesos reales de trabajo, informa RRHHDigital.
El cambio empieza a ser visible también en la formación que demandan empresas e instituciones. “Hace un año, buena parte de las preguntas eran sobre qué podía hacer la inteligencia artificial, qué herramientas utilizar o cómo conseguir que una tarea se hiciera más rápido. Ahora las preguntas empiezan a ser distintas: dónde la integramos, qué proceso podemos rediseñar, qué decisiones puede ayudarnos a tomar y qué debe seguir decidiendo una persona”, explica Montserrat Peñarroya-Farell, investigadora de La Salle-URL y directora de la consultora Quadrant Alfa, especializada en estrategia digital e inteligencia artificial aplicada a la empresa.
De aprender herramientas a transformar procesos
La evolución coincide con un cambio más amplio en la adopción empresarial de la IA.
El informe State of AI in the Enterprise 2026 de Deloitte, realizado a partir de más de 3 200 líderes empresariales y tecnológicos de 24 países, identifica precisamente este punto de inflexión: el principal reto ya no es experimentar con inteligencia artificial, sino integrarla en el modelo operativo y en la toma de decisiones de las organizaciones.
A escala global, el 84% de las organizaciones todavía no ha rediseñado los puestos de trabajo ni los flujos operativos para integrar la inteligencia artificial.
Esta diferencia entre aprender a utilizar la tecnología y transformar realmente la forma de trabajar está empezando a modificar también los contenidos de la formación.
Las demostraciones espectaculares, los catálogos de herramientas o las listas de prompts siguen siendo útiles en una primera fase, pero resultan insuficientes cuando una organización quiere trasladar la IA a su actividad cotidiana.
“Una empresa necesita saber en qué partes de su negocio la inteligencia artificial puede generar valor, con qué información debe trabajar, cómo se integra con sus procesos y qué criterios debe utilizar una persona para aceptar, cuestionar o descartar una recomendación generada por una IA”, señala Peñarroya-Farell.
La siguiente frontera: utilizar IA para decidir mejor
Uno de los cambios más relevantes se está produciendo precisamente en la toma de decisiones. Según el informe Global Human Capital Trends 2026 de Deloitte, el 60% de los directivos ya utiliza regularmente inteligencia artificial como apoyo a sus decisiones. Sin embargo, solo una minoría de las organizaciones considera que está gestionando adecuadamente esta nueva relación entre personas y sistemas inteligentes.
La cuestión, por tanto, empieza a ir mucho más allá de la productividad.
Una IA puede ayudar a analizar información, identificar patrones, explorar escenarios o generar alternativas. Pero su incorporación a una decisión empresarial plantea nuevas preguntas: quién valida la información, qué nivel de autonomía se concede al sistema, quién asume la responsabilidad de una decisión y en qué situaciones debe prevalecer el criterio humano.
“Estamos pasando de preguntar ‘¿cómo puedo hacer esto más rápido?’ a preguntar ‘¿cómo puedo decidir mejor?’. Y son problemas completamente distintos. En el segundo caso ya dejó de enseñar una herramienta: hay que trabajar sobre el proceso de decisión”, afirma Peñarroya-Farell.
Los agentes de IA acelerán el cambio
La llegada de los agentes de inteligencia artificial, capaces de ejecutar secuencias de tareas y actuar con grados crecientes de autonomía, probablemente acelerará esta transformación.
Un estudio publicado por Deloitte el 12 de agosto señala que casi dos tercios de los directivos encuestados están reconsiderando sus modelos de negocio ante la expansión de la IA agéntica. Sin embargo, solo el 5% considera que sus procesos empresariales están altamente preparados para incorporarla y únicamente uno de cada cinco afirma estar preparado para rediseñar procesos que puedan operar de manera autónoma mediante IA.
La dificultad será adaptar las organizaciones para utilizarla. Esto implica documentar mejor los procesos, revisar cómo circulan los datos, definir responsabilidades, establecer sistemas de validación y, especialmente, decidir cómo deben colaborar personas e inteligencia artificial.
Una nueva alfabetización empresarial
Este escenario también obliga a reconsiderar qué significa estar formado en inteligencia artificial. Conocer herramientas continuará siendo necesario, pero dejará progresivamente de ser una ventaja competitiva. Las aplicaciones cambiarán, aparecerán nuevos modelos y muchas funcionalidades que hoy requieren conocimientos específicos acabarán incorporadas de forma invisible al software empresarial.
El conocimiento diferencial estará en otra parte. “Creo que estamos entrando en una segunda alfabetización en IA. La primera consistía en aprender a hablar con la tecnología. La segunda consistirá en aprender a trabajar y decidir con ella”, concluye Peñarroya-Farell.
La transformación puede parecer semántica, pero supone un cambio considerable para empresas, universidades y proveedores de formación.
Porque formar en inteligencia artificial empieza a dejar de significar enseñar tecnología.
Empieza a significar enseñar a diseñar mejores procesos, mejores sistemas de trabajo y mejores decisiones.
Fuente: RRHHDigital
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