La joven nicaragüense convirtió su afición por la pintura en MAKA, un emprendimiento de bolsas pintadas a mano cuyas ganancias contribuyen al Hogar San Antonio.
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Por Milagros Sánchez Pinell
Antes de los lienzos y de las bolsas pintadas a mano estuvieron los libros para colorear, aquellos que su mamá le compraba durante su infancia para ayudarla a manejar la ansiedad.
Con los años, la relación de Mariana Castillo con la pintura fue evolucionando entre clases de arte, nuevas técnicas y distintos materiales hasta llegar al lienzo, un recorrido que años después daría paso a MAKA.
A través de este proyecto, encontró una manera de unir su interés por el arte con su deseo de contribuir a otras personas, mientras su propuesta creativa toma forma en Esencia, su primera colección, integrada por cinco diseños inspirados en plantas y figuras abstractas.
La joven emprendedora vive en Managua junto a su familia y sus dos hermanos menores, con quienes mantiene una relación cercana, mientras divide su tiempo entre el colegio, la pintura y otros intereses como la lectura, las salidas con sus amigas y los momentos en familia.
“Si tuviera que escoger una palabra para definirme, diría que soy trabajadora”, expresa Castillo, quien reconoce en el esfuerzo y la constancia dos elementos que ha aprendido a aplicar tanto en sus estudios como en MAKA, especialmente cuando alcanzar los resultados que busca implica continuar, aun frente a las dificultades.
Las ganas de emprender también la acompañaban desde pequeña, aunque reconoce que con el tiempo comenzó a imaginar la posibilidad de crear algo propio que trascendiera la venta de un producto y tuviera un propósito social.
De la combinación entre arte, emprendimiento y deseo de aportar nació MAKA, un proyecto que permaneció en construcción durante casi un año antes de su lanzamiento oficial y que tuvo desde el comienzo a Esencia como su primera colección.
Antes de llegar a los diseños finales, relata que pasó por numerosas pruebas, pintando bolsas una y otra vez mientras experimentaba con técnicas, materiales y procesos hasta encontrar aquellos que mejor funcionaban.
“Fue un proceso de mucho ensayo y error. Ver que después de todo ese trabajo, otras personas se interesan en lo que hago se siente increíble”, sostiene.
El propósito social de MAKA también tiene un origen anterior al emprendimiento, ya que conoció el Hogar San Antonio durante una actividad de servicio social de su colegio.
Cuando comenzó a desarrollar la idea de su proyecto, aquella conexión influyó en la decisión de destinar sus ganancias a un lugar con el que ya mantenía un vínculo personal y donde sentía que cada aporte podría ser valorado.
De allí surgió Antes de Nosotros, una serie publicada en las redes sociales de MAKA en la que comparte experiencias y recuerdos de los adultos mayores del Hogar San Antonio, acercando sus historias a otras personas y ampliando el propósito del proyecto más allá de la contribución económica.
Ese apoyo ya se ha traducido en acciones concretas, pues los fondos recaudados a través de la marca permitieron contribuir a la remodelación del área de enfermería y comprar nuevos equipos de ejercicio para los adultos mayores.
Desde su lanzamiento, según su creadora, MAKA ha experimentado un crecimiento gradual tanto en sus redes sociales, que comenzaron desde cero, como en la cantidad de bolsas vendidas, avances que valora especialmente al tratarse de un emprendimiento que todavía se encuentra en sus primeras etapas.
Entre las personas que ha conocido durante este camino, recuerda especialmente a doña Rosa, a quien conoció antes del nacimiento de su marca y con quien tuvo un encuentro que todavía conserva entre sus recuerdos.
“La primera vez que hablamos, me contó su historia y me regaló una pulsera que, hasta el día de hoy, todavía conservo”, recuerda.
Tiempo después, la joven emprendedora regresó al Hogar San Antonio gracias a MAKA y volvió a encontrarse con ella, quien la reconoció y le dio una nueva dimensión al impacto que buscaba generar con su iniciativa.
“Me dijo que siempre fuera una buena persona, porque personas como yo les alegraban el día y tenían un impacto mucho mayor del que imaginaban”, comparte Castillo, para quien aquel encuentro significó comprender que los gestos aparentemente pequeños pueden adquirir un valor mucho mayor en la vida de otra persona.
Aprender sobre la marcha
Detrás de cada bolsa pintada a mano también existe una faceta menos visible de MAKA, una que la llevó a familiarizarse con costos, inventario, ventas y promoción mientras continúa cursando la secundaria.
“Al principio, mi enfoque estaba principalmente en la parte creativa, pero rápidamente entendí que detrás de cada bolsa también había que pensar en costos, inventario, ventas, promoción y muchas otras cosas que nunca había manejado antes”, explica.
Adentrarse en áreas desconocidas ha implicado investigar, tomar decisiones, equivocarse y volver a intentarlo, un proceso que la joven identifica entre las principales enseñanzas que ha obtenido desde que comenzó el emprendimiento.
“Creo que esa ha sido una de las mayores enseñanzas de MAKA, entender que emprender significa estar preparado para aprender, en vez de tener todo resuelto desde el principio”, sostiene.
A ese aprendizaje se suma el desafío de distribuir su tiempo entre el colegio, su vida personal y las responsabilidades de MAKA, una dinámica que ella misma describe como “bastante caótica” y que la ha llevado a fortalecer su organización, disciplina y capacidad para establecer prioridades.
“Hay días en los que estoy estudiando para un examen y, al mismo tiempo, terminando una bolsa para entregarla al día siguiente”, cuenta nuestra roaring 20, quien procura mantener el colegio como su prioridad y reservar las tardes, los fines de semana y otros espacios libres para trabajar en el emprendimiento.
En ese proceso, su familia ha sido una presencia constante y, particularmente, su mamá, la misma persona que años atrás le compraba aquellos primeros materiales para pintar y que hoy continúa acompañándola y aconsejándola mientras aprende a desenvolverse en el mundo del emprendimiento.
Ese respaldo, añade, le ha brindado confianza y motivación para avanzar incluso en aquellos momentos en los que todavía está descubriendo cómo enfrentar los desafíos que aparecen en el camino.
Mariana Castillo planea estudiar Mercadeo y Analítica y desarrollarse profesionalmente en el mundo de los negocios, un camino que espera continuar vinculando con el servicio y la posibilidad de generar un impacto que trascienda el crecimiento de una empresa.
Para otros jóvenes que también tienen una idea o desean generar un impacto desde sus comunidades, comparte una lección que ella misma ha puesto en práctica durante la construcción de su marca, comenzar aun cuando queden preguntas por resolver y aprendizajes por recorrer.
“Empezá ya. Está bien tener cosas por resolver y aprender durante el camino. El momento perfecto para comenzar difícilmente existe. También se vale empezar un jueves, sin esperar hasta el lunes”, concluye.
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