• 13 febrero, 2026

Trabajar sin mirarse en el espejo ajeno

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Por Soraya Pérez R.

La comparación aparece en la vida profesional de uno de una manera muy constante y silenciosa. Puede ser que surja en conversaciones, en reuniones o en simples observaciones de la vida diaria. En ciertos casos, hasta se puede amplificar en plataformas como LinkedIn, donde los logros se presentan concreta y ordenadamente, mientras que aún hay un proceso abierto y en construcción. Es en estos momentos, que sin darse cuenta, la atención empieza a desplazarse.

La vida profesional puede comenzar como una aventura de mucha claridad sobre los objetivos y, tras exponerse a avances ajenos, se puede experimentar una sensación de desajuste o insatisfacción. Empieza a acelerar procesos que requieren calma tras percibir que otros avanzan más rápido. Se encuentra reevaluando decisiones que ya había establecido como coherentes. La comparación introduce un punto de referencia externo que altera la percepción del trabajo propio.

Este desplazamiento tiene un impacto fuerte y directo en el rendimiento de uno. Todo parte de la energía mental que deja de invertirse en la tarea y más bien se dirige a evaluar la posición, visibilidad y ritmo relativo. Los objetivos y el foco empiezan a fragmentarse. El cerebro empieza a alternar entre producir y medirse. Con el tiempo, esta acción reduce la profundidad y claridad del pensamiento, afectando la calidad de las decisiones que uno toma.

Simultáneamente, se va modificando la relación con el progreso. Los logros reales pierden peso cuando se observan desde un marco comparativo. La sensación de sentir que uno va avanzando se vuelve dependiente de lo que hacen los demás y aparece una urgencia constante por alcanzar estándares externos. Esto se traduce al día a día, con agendas saturadas, menor capacidad de priorización y dificultad de sostener procesos largos.

En este proceso de comparación, también se introducen tensiones sutiles. Empieza a proteger su imagen, compartir menos sobre el aprendizaje y competir más que nada por el reconocimiento implícito. Esto causa un cierto deterioro en las relaciones laborales, ya que la colaboración se debilita y el desgaste aparece con mayor rapidez.

Frente a este escenario, recuperar el foco implica cambiar el ángulo de evaluación. Trabajar desde el criterio propio significa definir los parámetros internos sobre el rendimiento, como: calidad de trabajo, aprendizaje generado, impacto real y la coherencia con los objetivos personales. Cambiar esta perspectiva libera atención y devuelve profundidad al proceso.

Una manera de enfrentar la comparación consiste en observar sin convertirla en guía. Está en reconocer que todas las personas tienen objetivos y ambiciones distintas. Al igual, que reconocer que información es útil y cual nos distrae de lo importante. La atención se entrena volviendo al trabajo presente y concreto: la tarea en cursos, la decisión inmediata y evaluando el siguiente paso claro. Este paso tan sencillo empezará a reorganizar la energía mental.

Otra estrategia que se puede aplicar en esta situación consiste en redefinir el progreso como proceso acumulativo. Evaluar el trabajo en función del aprendizaje sostenido y del impacto a largo plazo, fortalece la estabilidad interna. El rendimiento regresa a ser menos reactivo y más consistente cuando está siendo apoyado por una trayectoria clara.

Es igual de relevante construir un espacio para pausas reflexivas. Hay mucho poder en tomarse momentos para revisar objetivos, ajustar el ritmo y reafirmar cuales son las prioridades. Estas pausas funcionan como anclas que devuelven dirección en entornos cargados de estímulos externos.

Trabajar sin mirarse en el espejo ajeno implica elegir conscientemente donde poner la atención. Significa pasar de evaluación constante a construcción deliberada. El rendimiento laboral se fortalece cuando la energía se orienta hacia aquello que depende del criterio propio.

Sin embargo, la comparación puede ofrecer contexto, pero siempre que el foco propio ofrezca dirección. En un entorno profesional y dinámico, desarrollar esta capacidad se convierte en una ventaja silenciosa.

Ese es el gesto que transforma la manera de trabajar: pasar de medirse con otros a avanzar desde el propio criterio.

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