• 5 julio, 2026

De incentivos fiscales a motores de resiliencia: el nuevo rol de las zonas francas en América Latina

De incentivos fiscales a motores de resiliencia: el nuevo rol de las zonas francas en América Latina

Las zonas francas ya han demostrado su capacidad para atraer inversión y transformar economías.

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Alejandra Arguedas, Associate Partner EY Centroamérica, Panamá y República Dominicana

Durante décadas, las zonas francas han sido una herramienta clave para atraer inversión extranjera, impulsar las exportaciones y generar empleo formal. Hoy, lejos de perder relevancia, entran en una nueva etapa: se consolidan como plataformas estratégicas para fortalecer la competitividad, la resiliencia y la integración de América Latina en las cadenas globales de valor.

El contexto internacional abre una oportunidad importante para la región. Las empresas continúan buscando eficiencia, pero también valoran la estabilidad, la flexibilidad operativa, la cercanía con sus mercados y la capacidad de responder con rapidez ante los cambios. En ese escenario, las zonas francas ofrecen una combinación atractiva de infraestructura, talento, conectividad y marcos regulatorios que facilitan la inversión de largo plazo.

Centroamérica, Panamá y República Dominicana ya ocupan una posición destacada en esta transformación.

La subregión concentra el 77% de las zonas francas de América Latina, una cifra que refleja la continuidad de las políticas de atracción de inversión y la consolidación de ecosistemas productivos cada vez más especializados.

El aporte económico es significativo. En algunos países, las zonas francas representan más del 50% de las exportaciones nacionales y funcionan como puerta de entrada a mercados internacionales. Su evolución también ha permitido diversificar las economías, elevar el valor agregado de la producción y crear capacidades que benefician a proveedores, profesionales y comunidades.

Costa Rica es un ejemplo de especialización en sectores como dispositivos médicos, manufactura avanzada, electrónica y servicios globales. República Dominicana ha construido un modelo de escala y diversificación que combina manufactura, dispositivos médicos, tabaco, textiles y servicios internacionales, con una importante generación de empleo formal.

Panamá aprovecha su conectividad y su posición como hub regional para fortalecer actividades de logística, almacenamiento, distribución internacional y servicios globales. El Salvador mantiene una sólida base en textiles y confección, al tiempo que amplía su oferta hacia centros de servicios.

Guatemala presenta un alto potencial para integrarse con mayor fuerza a cadenas regionales de suministro, mientras Honduras cuenta con ventajas logísticas y una plataforma manufacturera con posibilidades de crecimiento.

Esta diversidad es una fortaleza. Permite que cada país desarrolle una propuesta de valor propia y que la región funcione como una red complementaria de capacidades. Para los grupos multinacionales, esto facilita diseñar arquitecturas regionales que distribuyan riesgos, acerquen operaciones a los mercados clave y aprovechen las ventajas de cada ubicación.

El valor de las zonas francas también se está ampliando. Además de ofrecer condiciones competitivas para la inversión, contribuyen a reducir fricciones operativas, fortalecer la continuidad del negocio y acelerar la adopción de nuevas tecnologías. La digitalización aduanera, la automatización de procesos y la incorporación de criterios ambientales, sociales y de gobernanza están convirtiendo estos espacios en laboratorios de modernización productiva.

El siguiente paso consiste en profundizar esa evolución. La competencia regional jamás dependerá únicamente de los incentivos disponibles, su eje está  en la calidad integral de los ecosistemas: talento preparado, infraestructura confiable, seguridad jurídica, agilidad institucional, sostenibilidad y capacidad de innovación.

La relocalización productiva representa una ventana de oportunidad extraordinaria. Se estima que este proceso podría generar hasta US$78.000 millones adicionales en exportaciones para América Latina. Capturar una mayor parte de ese potencial exigirá visión de largo plazo y coordinación entre gobiernos, empresas, academia y comunidades.

Las zonas francas ya han demostrado su capacidad para atraer inversión y transformar economías. Ahora pueden convertirse en uno de los principales motores de una región más competitiva, diversificada y resiliente. En la nueva economía global, los incentivos abren la puerta, pero son los ecosistemas sólidos y las certezas los que convierten una inversión en una relación duradera.

Redaccion
Etiquetas: cadenas globales de valor / relocalización / zonas francas

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