Las incubadoras impulsan principalmente la innovación y las capacidades empresariales, pero su impacto en el empleo y la supervivencia de las startups depende más de sus conexiones estratégicas que de la infraestructura que ofrecen.
Durante años, se decía que las incubadoras de negocios eran la llave capaz de abrir tres puertas a la vez: innovación, empleo y mayor supervivencia empresarial. La evidencia científica más amplia reunida hasta ahora, sin embargo, suaviza esa promesa y revela dónde radica realmente la fortaleza de estos programas.
Un estudio internacional liderado por Jorge Vinicio Murillo Rojas, profesor de INCAE Business School; junto con Jan Brinckmann (Esade Business School) y Marc van Essen (University of South Carolina y Emlyon Business School), analizó 39 investigaciones realizadas en distintos países que, en conjunto, evaluaron el desempeño de más de 55 000 empresas. Se trata del metaanálisis más extenso publicado hasta la fecha sobre el tema, difundido en Strategic Entrepreneurship Journal, una de las revistas científicas más influyentes en el campo del emprendimiento.
Los hallazgos son claros en un punto: las empresas que pasan por procesos de incubación desarrollan más patentes, invierten más en investigación y desarrollo, y lanzan más productos innovadores que aquellas que quedan fuera de estos programas. El crecimiento empresarial también se beneficia, aunque de forma más moderada.
Ahora bien, cuando la lupa se posa sobre dos indicadores clásicos que suelen justificar la inversión pública en incubadoras —la permanencia de las empresas en el mercado y la creación de empleo—, el panorama cambia. La evidencia recopilada resulta insuficiente para sostener, con solidez estadística, que estos programas mejoran esos dos frentes.
“Durante muchos años las incubadoras han sido evaluadas bajo la expectativa de que resuelvan simultáneamente problemas de innovación, crecimiento, rentabilidad, empleo y supervivencia empresarial. Nuestro estudio demuestra que esa expectativa es poco realista. Su mayor fortaleza está en acelerar la innovación y fortalecer las capacidades empresariales”, dice Jorge Vinicio Murillo Rojas, profesor de INCAE Business School.
Esto, aclaran los autores, dista de significar que las incubadoras fallan en su propósito; simplemente sus beneficios apuntan hacia objetivos distintos de los que tradicionalmente se les atribuyen.
El diseño pesa más que el edificio
Uno de los hallazgos con mayor potencial transformador para las políticas públicas tiene que ver con el formato de cada incubadora. Las que logran mejores resultados son las que priorizan la conexión de los emprendedores con inversionistas, clientes, mentores, universidades y redes de conocimiento, por encima de limitarse a ofrecer oficinas, infraestructura o trámites administrativos.
“Los resultados muestran que el verdadero valor de una incubadora es diferente de ofrecer un espacio físico, sino en conectar a los emprendedores con el ecosistema que necesitan para crecer”, agrega Murillo.
La investigación también compara tipos de incubadoras. Las privadas y las universitarias superan, en promedio, a las públicas: las primeras por su orientación de mercado, las segundas por aprovechar el conocimiento y las redes académicas para impulsar la innovación. Las públicas, en cambio, suelen operar bajo estructuras más burocráticas, una condición que limita su flexibilidad. El resultado: las startups incubadas por organizaciones privadas y universitarias alcanzan, en promedio, mayores niveles de supervivencia y rentabilidad.
Un llamado a repensar las políticas de emprendimiento
Los hallazgos interpelan directamente a gobiernos, universidades, organismos de cooperación internacional y entidades financiadoras de programas de apoyo al emprendimiento. Para los autores, las incubadoras siguen siendo una herramienta valiosa para fortalecer ecosistemas de innovación, siempre que sus objetivos estén definidos con claridad y alineados con los resultados que en verdad pueden ofrecer.
“Las incubadoras funcionan cuando están diseñadas para desarrollar capacidades de innovación y construir conexiones estratégicas, más que para convertirse únicamente en espacios de protección para las nuevas empresas”, indica el profesor de INCAE Business School.
Para América Latina, región donde el emprendimiento ocupa un lugar central en las estrategias de desarrollo económico y competitividad, el estudio aporta evidencia científica capaz de orientar mejor el diseño de políticas públicas y las inversiones destinadas a fortalecer los ecosistemas emprendedores.

