• septiembre 27, 2022

Conozca las diferencias entre apetito, el hambre y la saciedad

Conozca las diferencias entre apetito, el hambre y la saciedad

El hambre, apetito y saciedad se regulan por un sistema neuroendocrino bastante complejo en el que participa el cerebro, específicamente el hipotálamo.

El control de qué comemos y cuándo lo hacemos es el resultado de una compleja interacción de numerosos factores como la edad, el sexo, el estado de ánimo, si se realiza ejercicio o no, y muchos otros más que afectan directamente los mecanismos que regulan el apetito, la saciedad y el hambre.

Para comprender más de este punto hay que aprender a diferenciar que es el hambre, el apetito y la saciedad.

El hambre es esa necesidad urgente que tiene el cuerpo de ingerir alimentos, por lo que aparecen señales fisiológicas como el aumento de ruidos intestinales. Por otro lado, el apetito corresponde a ese deseo psicológico por comer alimentos, que se asocia más con experiencias sensoriales y emotivas. Y saciedad hace referencia a cuando ya ha pasado un tiempo más largo sin hambre o sin necesidad de requerir alimentos hasta la siguiente señal de hambre.

Mariel García, nutricionista de GoodMed explica que “las necesidades nutricionales de las personas están determinadas por muchísimos factores, como, por ejemplo: edad, sexo, peso, talla, cantidad de masa muscular, cantidad de grasa corporal y el nivel de actividad física. Es decir, cada uno de estos factores determina cuántas calorías (en teoría) debe consumir una persona para encontrarse saludable.”

El hambre es esa necesidad urgente que tiene el cuerpo de ingerir alimentos.

“Pero, hoy en día se sabe que la ingesta de alimentos no solo depende de estos cálculos teóricos, sino que más bien depende en gran medida de complejos mecanismos fisiológicos y psicológicos”, agregó García.

En cuanto al aspecto fisiológico, el hambre, apetito y saciedad se regulan por un sistema neuroendocrino bastante complejo en el que participa el cerebro, específicamente el hipotálamo, que es el encargado de regular las señales de hambre y saciedad a corto, mediano y largo plazo.

“Sin embargo, el control de la ingesta de alimentos no solo depende de factores fisiológicos. Si esto fuese así, comer sería una actividad muy parecida a respirar, donde no se involucran nuestras emociones o nuestro contexto de vida. Esto sería un punto de vista muy reduccionista de la conducta alimentaria”, comentó García.

Es así como se logró determinar que la ingesta de alimentos también depende de otros factores, los cuales se detallan a continuación.

 

Factor Efecto
Horas y calidad de sueño. Al dormir poco, se aumentan las oportunidades para comer, así como se desregulan la acción de la grelina y la leptina. También se han visto alteraciones en el control de las glicemias y la aparición de resistencia a la insulina, lo que se traduce en un aumento del hambre.
Tamaño y color del plato. Se ha visto que, si el plato es más grande, se consume mayor cantidad de alimento; en cambio si el plato es pequeño, se consume menor cantidad de alimento y aún así se alcanza la saciedad. Además, entre más colorido sea el plato, también se vuelve más apetitoso y se tiende a querer comer más.
Composición nutricional de la dieta. La inclusión o no de grupos de alimentos que contengan nutrientes que nos den mayor o menor saciedad también afectará en el apetito de la persona.
Características sensoriales del alimento. El color, la textura y el olor pueden influenciar en el apetito que se tiene.
Ambiente en el que se ingieren los alimentos. La temperatura, la luz, el ruido, ver televisión, revisar el teléfono, trabajar en la computadora, etc. Todos estos son factores que afectan la cantidad de comida que se ingieren.
Actividad física. Se ha visto que realizar actividad física puede desde inhibir el hambre hasta exaltarlo, por lo que también es un factor que puede modificar la ingesta de alimentos.
Contenido de fibra y carbohidratos complejos en la dieta. Al ser nutrientes que dan mucha saciedad, si no se incluyen en la dieta de forma regular, se puede tender a comer de más.
Hambre emocional. No solo se come por necesidad fisiológica, sino que también puede darse el hambre emocional en donde se come en respuesta a una situación (cumpleaños, graduación, estrés, ansiedad, etc.).
Situaciones sociales, culturales, religiosas, económicas, familiares, políticas, etc. La ingesta de alimentos también va a depender de la disponibilidad de alimentos en el hogar o país de la persona, de sus costumbres religiosas, de sus prácticas sociales o culturales, etc.

Finalmente, la nutricionista menciona que aunque los mecanismos se entienden cada vez mejor, aún no  se comprende la complejidad de la conducta alimentaria. Pero, que  sí se pueden proporcionar algunas pautas para tener una relación sana y satisfactoria con nuestra alimentación como por ejemplo ingerir alimentos de buena calidad, introducir alimentos que aporten color al plato, tratar de acompañar nuestros platos con muchas verduras, legumbres y hortalizas. Esto, además de sabor, nos proporcionan fibra, un nutriente clave para mantener nuestro “cerebro” saciado más tiempo.

Etiquetas: apetito / GoodMed / hambre / saciedad

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