Tres hoteles inmersos en la selva de La Fortuna reúnen villas con piscinas termales, gastronomía internacional, bienestar y una experiencia de naturaleza que comienza dentro de la propia habitación. Durante setiembre y octubre, Nayara abre además una ventana especial para nacionales y residentes.
Costa Rica encontró hace décadas en su biodiversidad una de sus grandes razones para viajar. Pero cuando el bosque se combina con habitaciones concebidas para permanecer en ellas, piscinas privadas, aguas termales, restaurantes con distintas cocinas del mundo y un servicio que intenta adelantarse a los deseos del huésped, la experiencia cambia.
Eso ocurre en Nayara Resorts, en La Fortuna de San Carlos. En una misma propiedad conviven Nayara Gardens, Nayara Springs y Nayara Tented Camp, tres hoteles con personalidades distintas unidos por senderos que atraviesan una vegetación abundante. La idea es sencilla: el huésped puede pasar de una villa rodeada de bosque a una cena mediterránea, observar perezosos, tomar un tratamiento de spa o terminar la noche frente a una copa de vino sin abandonar el complejo.
La propiedad ocupa unas 14 hectáreas y suma 124 habitaciones entre los tres hoteles. Gardens tiene un perfil familiar; Springs es exclusivo para adultos y pertenece a Relais & Châteaux; mientras Tented Camp lleva el concepto de glamping de lujo a tiendas inspiradas en los safaris africanos. En los tres casos, la naturaleza forma parte de la habitación: las piscinas privadas, las terrazas y la vegetación buscan mantener esa sensación de estar dentro del bosque.
Para Jairo Quesada, resort manager de Hoteles Nayara, esa relación entre lujo y entorno comienza por entender de otra manera el servicio.
“Para nosotros, el lujo está en la calidad del tiempo, en respetar al huésped y conocer lo que le gusta para, a partir de esa información, crear momentos inolvidables”.
Quesada explica que la intención es anticiparse a las necesidades. La habitación, las amenidades y la arquitectura importan, pero el servicio sigue siendo el elemento que conecta toda la experiencia. “El huésped obtiene lo que quiere sin tener que pedirlo”, resume.
Un viaje gastronómico sin salir de Nayara
Buena parte de ese viaje ocurre alrededor de una mesa. Nayara ha desarrollado una oferta de siete restaurantes que permite cambiar de país, ingredientes y técnicas prácticamente en cada comida.
La dirección gastronómica está a cargo del chef italiano Gianluca Re Fraschini, con una carrera internacional que incluye experiencias en Europa, Medio Oriente y Asia. Bajo su conducción, los restaurantes trabajan conceptos diferenciados y una combinación de productos importados y locales.
“Con un equipo de 180 colaboradores en la parte de gastronomía y los chefs de cada restaurante hemos trabajado en experiencias y menús donde el sello sea disfrutar los auténticos sabores de la comida mediterránea, asiática, italiana y peruana, por mencionar algunas. Siempre con la insignia de trabajar con producto fresco, orgánico y de alta calidad”, explica Fraschini.
En Mis Amores, la experiencia gira alrededor de la cocina italiana, con pastas y pizzas al horno de leña. Asia Luna mira hacia el sureste asiático y combina técnicas de esa región con ingredientes costarricenses. Ayla, con un chef libanés, se concentra en sabores mediterráneos.
Después aparece Amor Loco, concebido únicamente para cenas, con menús de cinco o siete tiempos y una cocina contemporánea que utiliza ingredientes locales. La Terraza del Arenal propone alta cocina latinoamericana con productos de temporada y, cuando las condiciones lo permiten, una de las vistas más buscadas de la zona: el volcán Arenal.
La ruta puede continuar después de la cena. Nostalgia Wine Bar ofrece vinos importados mediante un sistema de dispensado por copas acompañadas de tapas españolas. Para una pausa distinta está Mi Cafecito, dedicado al café, los postres y la pastelería, con experiencias relacionadas con la preparación de café y espacios para juegos de mesa.
Esa variedad convierte la gastronomía en uno de los motivos para quedarse dentro de la propiedad. En dos o tres días, un huésped puede desayunar frente al bosque, almorzar cocina italiana, cenar sabores mediterráneos y reservar la noche siguiente para un menú de varios tiempos.
El bosque también forma parte del hotel
La naturaleza en Nayara tampoco funciona únicamente como paisaje. Parte importante de la propiedad que hoy está cubierta por vegetación fue anteriormente terreno ganadero. Con el desarrollo del complejo se inició un proceso de reforestación con especies tropicales y nativas.
Ana Emilia Villalobos, gerente de Experiencia de Nayara y guía naturalista, explica que ese crecimiento del bosque modificó la presencia de fauna dentro del hotel. Actualmente es posible encontrar perezosos y observar distintas especies de monos y aves mientras se recorren los senderos.
“Solamente venir a Nayara y caminar por los senderos yo ya lo llamo terapia. Todo es un conjunto: los animales, el lugar, el ambiente. La gente puede sentir una desconexión total de su rutina”, comenta Villalobos.
Los huéspedes pueden realizar caminatas acompañadas por naturalistas, observar aves y ranas, recorrer el santuario de perezosos o complementar el día con yoga y tratamientos de bienestar que utilizan ingredientes como café, cacao y barro volcánico.
La operación incorpora también separación de residuos, medidas para reducir el consumo energético en las habitaciones y programas de educación ambiental. Villalobos señala además que los tres hoteles obtuvieron certificación Green Globe y que la propiedad mantiene acciones de apoyo a proyectos de conservación y rescate de fauna en la zona.
Tres maneras de vivir Nayara
Nayara Gardens fue la primera propuesta de la marca en La Fortuna. Sus casitas y villas están rodeadas de vegetación y se orientan también al mercado familiar. Nayara Springs ofrece una experiencia exclusiva para adultos, con villas privadas y piscinas alimentadas por aguas termales. Tented Camp introduce otra forma de hospedarse en el bosque: tiendas de lujo de inspiración safari, también con piscinas propias.
Los tres hoteles están conectados. Es posible recorrerlos caminando por los senderos o trasladarse en carritos de golf; al cambiar de propiedad también cambia el ambiente, aunque el bosque continúe alrededor.
Esa propuesta ha llevado a Nayara a aparecer regularmente en rankings internacionales. En los World’s Best Awards 2026de Travel + Leisure, Nayara Tented Camp fue reconocido como el hotel número uno de Centroamérica y ocupó el puesto 28 entre los 100 mejores hoteles del mundo; Nayara Gardens apareció en el puesto 97 global y Nayara Springs entre los diez mejores resorts de Centroamérica.
Temporada para quedarse cerca
Hasta el 31 de octubre de 2026, Nayara mantiene una promoción dirigida a costarricenses y residentes en sus tres propiedades. La oferta contempla hasta un 30% de descuento sobre la mejor tarifa publicada, con una estadía mínima de tres noches consecutivas.
Jonathan Rojas, gerente de Relaciones Públicas y Mercadeo B2B de Nayara Resorts, resume la invitación desde una perspectiva sencilla: permitir que quienes viven en Costa Rica conozcan una experiencia que muchas veces descubren primero los viajeros internacionales.
Y quizá esa sea una de las particularidades de Nayara: viajar hasta La Fortuna y, una vez allí, tener pocas razones para salir. El bosque está afuera de la habitación, las aguas termales pueden estar en la terraza y, cuando llega la hora de cenar, el siguiente destino puede ser Italia, Asia, el Mediterráneo o América Latina.
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