Tendencias como clean girl, balletcore, coquette y cottagecore convierten la ropa en parte de una identidad más amplia, impulsada por las redes sociales y especialmente por TikTok.
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La industria de la moda atraviesa una transformación en la manera de presentar las tendencias. Para la Generación Z, conceptos como clean girl, balletcore, coquette, tomato girl, office siren o cottagecore representan mucho más que una forma de vestir: funcionan como identidades estéticas que combinan ropa, maquillaje, peinados, hábitos, música, decoración y referencias culturales.
El fenómeno refleja un cambio respecto a las tendencias tradicionales. Mientras antes una temporada podía estar marcada por determinadas prendas, colores o estampados, ahora las plataformas digitales impulsan universos estéticos completos, capaces de definir cómo una persona quiere presentarse y qué estilo de vida desea proyectar.
De las tendencias a las identidades
El concepto de clean girl permite observar esta evolución. La estética asociada con una apariencia cuidada y sencilla incorpora elementos como peinados recogidos, maquillaje discreto y determinados códigos de vestimenta, pero también se relaciona con hábitos y rutinas vinculados con la productividad, el ejercicio y el autocuidado.
Algo similar ocurre con el estilo coquette, asociado con la hiperfeminidad, los lazos, el rosa, los encajes y una imagen de inocencia.
El tomato girl, por su parte, construye una imagen vinculada con el verano mediterráneo, mientras que el balletcore toma referencias del ballet clásico mediante bailarinas, faldas de tul y medias de canalé, y las combina con ideas como delicadeza, disciplina y feminidad clásica.
En el caso del cottagecore, la estética incorpora vestidos florales y tonos pastel, pero también referencias a la naturaleza, la vida rural y determinados imaginarios culturales.
De esta manera, cada tendencia reúne una serie de elementos que permiten reconocer rápidamente una identidad. La ropa funciona como uno de los componentes de un conjunto mucho más amplio.
TikTok como motor de las nuevas estéticas
El cambio también está relacionado con la forma en que la Generación Z descubre y reproduce las tendencias.
Las revistas de moda dejaron de ser el único punto de referencia. TikTok y sus sistemas de recomendación desempeñan un papel central en la difusión de estas estéticas, al agrupar contenidos mediante etiquetas y comunidades digitales.
Conceptos como old money, dark academia o cottagecore permiten clasificar grandes cantidades de contenido y facilitan que los usuarios encuentren imágenes, consejos y productos relacionados con una misma estética.
El algoritmo también contribuye a ampliar el universo de cada tendencia. A partir de una determinada estética pueden aparecer recomendaciones sobre ropa, maquillaje, alimentación, libros, decoración, rutinas o actividades asociadas con ella.
Así, el usuario encuentra una cadena de contenidos que presenta una identidad completa en lugar de una tendencia aislada.
Una identidad que también se consume
Cuando una estética reúne múltiples elementos de consumo, las posibilidades de incorporar nuevos productos aumentan.
El contenido de redes sociales también ha evolucionado. Los tradicionales vídeos de compras o hauls conviven con formatos que presentan rutinas y transformaciones personales, como prepararse para vivir una determinada estética o incorporar sus hábitos a la vida cotidiana.
El resultado es una relación más estrecha entre identidad, contenido digital y consumo.
La psicóloga especializada en moda Jennifer Heinen, citada por Xataka, plantea que estas tendencias toman una necesidad humana relacionada con la pertenencia y la identidad y la convierten en categorías de contenido que pueden buscarse y consumirse.
La transformación también modifica la estrategia de las compañías de moda. Algunas marcas han pasado de presentar únicamente colecciones a construir universos estéticos reconocibles, capaces de asociar sus productos con determinadas formas de vida.
La lógica de las microidentidades permite, además, crear comunidades alrededor de una estética específica y mantener una conversación constante en redes sociales.
Para las plataformas digitales, estas categorías resultan especialmente útiles porque facilitan la clasificación del contenido. Para los consumidores, ofrecen una manera rápida de identificar y experimentar con diferentes formas de expresión personal.
El peso del algoritmo en la construcción de identidad
La influencia de estas tendencias adquiere una dimensión mayor cuando se observa su relación con la construcción de la identidad entre los jóvenes.
El artículo recoge investigaciones que señalan que los algoritmos pueden influir en la manera en que se representa la feminidad, especialmente al asociarla con la apariencia, el autocuidado y el consumo.
Esta dinámica también puede generar presión para mantener una determinada imagen personal y adaptarse a la velocidad con la que aparecen nuevas tendencias.
La consecuencia es una identidad estética en permanente transformación: una persona puede adoptar una estética durante un periodo y posteriormente cambiar hacia otra, siguiendo el contenido que encuentra en las redes sociales.
Identidades cada vez más cambiantes
La característica más relevante de este fenómeno es su velocidad. Una persona puede identificarse con el balletcore durante un periodo y posteriormente adoptar una estética como office siren, según las tendencias que ganen visibilidad en las plataformas digitales.
Más que identidades permanentes, estos estilos funcionan como personajes o códigos visuales que pueden activarse, combinarse y sustituirse con rapidez.
La moda, en este escenario, amplía su campo de acción: deja de centrarse exclusivamente en la pregunta de qué ponerse y comienza a plantear qué identidad proyectar y qué universo cultural representa cada elección.
Para la Generación Z, las tendencias digitales se convierten así en herramientas de experimentación personal, mientras que para la industria y las plataformas representan nuevas formas de organizar, distribuir y monetizar la cultura de la moda.
Fuente: Xataka
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