“Biodiversidad Prehispánica, Los Misterios de la Selva”, la nueva exposición de la Fundación La Ruta Maya

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“Biodiversidad Prehispánica, Los Misterios de la Selva”, la nueva exposición de la Fundación La Ruta Maya

Tapaderas de vasija con figuras de quetzales. Tierras altas de Guatemala.

La Fundación La Ruta Maya está presentando una exhibición temporal de piezas mayas, titulada “Biodiversidad Prehispánica, Los Misterios de la Selva”, la cual muestra una una selección de 123 piezas arqueológicas que ilustran la importancia que tuvo el entorno natural desde la época prehispánica hasta nuestros días y cómo se representaban diferentes especies en el arte.

La exhibición se encuentra en el antiguo colegio de la compañía de Jesús, en Antigua Guatemala (6ta. avenida norte, entre 3ra. y 4ta. calle poniente), y estará vigente hasta el 28 de febrero de 2018. En la misma destacan vasijas, figurillas, joyería y esculturas hechas de cerámica y piedra con motivos de las especies animales, vegetales y florísticos más representativos de la época.

Desde los antiguos mayas, el entorno natural es un componente básico en la vida de la población local. Además de ser fuente de materia prima y alimento, la naturaleza es el lugar donde habitan todos los seres sobrenaturales. En esos tiempos, ese reino físico, espiritual y mágico era donde la sociedad interactuaba con sus deidades, los animales, las plantas y los fenómenos atmosféricos, entre otros.

Sellos de cerámica.

“Algunas veces es difícil identificar determinadas especies en particular, por la artística fusión de los rasgos morfológicos, sin embargo, es interesante ver cómo los artistas de la antigüedad prestaban atención al comportamiento animal y a las características de la fauna y la flora, realzando así sus significados y atributos sobrenaturales, y sobre todo, disfrutando de su entorno natural”, indicó Sofía Paredes Maury, directora ejecutiva de la Fundación La Ruta Maya.

Aunque las piezas expuestas corresponden al área maya de Guatemala, las costumbres y conceptos se distribuían de igual manera por toda Mesoamérica (la región geográfico-cultural que abarca desde el norte de México hasta el oeste de Honduras y El Salvador).

Esta colección está registrada bajo la custodia de la Fundación La Ruta Maya con fines de protección, conservación, investigación, divulgación y exhibición al público con fines educativos. Por tanto, está registrada como Patrimonio Cultural de la Nación ante el Registro de Bienes Culturales del Ministerio de Cultura y Deportes.

Los mayas prehispánicos y su entorno

Para los grupos culturales de Mesoamérica -y en especial los de la región Maya- el centro del cosmos era dominado por la Ceiba Sagrada o Yax-ché, la cual estaba plantada en el centro de la Tierra y servía de comunicación entre los diferentes niveles del universo: cielo, tierra (o mundo de los vivos) e inframundo.  Este espacio cosmológico también incluía los cuatro puntos cardinales, así como el cenit (“arriba”) y el nadir (“abajo”), que eran parte de la ruta del sol por el cielo y el inframundo.

Mesoamérica se distingue por su rica biodiversidad.Los mayas en particular aprovechaban las plantas por su propiedad medicinal, artesanal, alimenticia, decorativa, sagrada, energética, simbólica y adivinatoria. También se aprovecharon las plantas de diversos ecosistemas, como plantas acuáticas, de la montaña, de las praderas y las xerófitas de lugares secos.

Las plantas y las flores no sólo eran decorativas, sino que tenían distintos significados. Entre las representaciones más tempranas, aparecen figuras de maíz y brotes de vegetación en artefactos Olmecas de piedra verde y en las estelas de estilo Izapa de Chiapas (México) y la Costa Pacífica de Guatemala. Figuras de árboles, algunos dando frutos, también aparecen ilustrando escenas en vasos y platos. Por otro lado, las pinturas en la cerámica y los murales mayas muestran flores bordadas en la indumentaria y joyería fina con esa forma. Se han encontrado cuentas, pectorales, orejeras y otros adornos con forma de flor en materiales como el jade, hueso y concha, los cuales podrían haber sido adornos para el cabello o tocados; cosidos a los trajes o formar parte de collares. Por todo lo anterior, las flores eran y siguen siendo elementos importantes en los adornos durante las fiestas rituales y en las ofrendas de sacrificio.

Sellos de cerámica.

Para los mayas prehispánicos, los animales fueron la principal fuente de proteína y una de las principales fuentes de materia prima como pieles, plumas, hueso, pelo y otros materiales. La adaptación de los animales como carnívoros, herbívoros, frugívoros (que comen fruta) o hematófagos (que se alimentan de sangre) sirvió también para que los grupos prehispánicos los asociaran a determinados rasgos naturales, deidades o niveles del universo.

Por la frecuencia de representaciones de determinadas especies y el simbolismo que manifiestan, se podría inferir que los mayas prehispánicos usaron un sistema de clasificación organizando a los seres vivos según su forma, comportamiento o hábitos predadores.

Los mamíferos dominaron gran parte de los motivos decorativos en el arte prehispánico. Las imágenes más comunes eran los felinos (especialmente el jaguar y el puma), los cánidos (perros y coyotes), pecaríes o coches de monte, venados, monos, armadillos, conejos y algunos roedores. También encontramos vasijas decoradas con una amplia gama de reptiles, anfibios, peces, crustáceos y caracoles. Y por último, las aves ocuparon los rangos más altos en la jerarquía sobrenatural que habita el universo maya. Referencias tempranas de aves aparecen no sólo entre los mayas, sino en otras culturas mesoamericanas, especialmente como figuras pintadas en cerámica, talladas en piedra o como materia prima para elaborar objetos de arte plumario. En el arte monumental, por ejemplo, el ave aparece como el componente más importante de los tocados y penachos reales.

La exhibición se encuentra en Antigua Guatemala.

Las aves tenían un simbolismo polivalente: unas estaban relacionadas al cielo (quetzal, guacamayas, loros, aves rapaces y demás pájaros de plumaje colorido) y otras a las entradas del inframundo (como es el caso de las aves acuáticas y nocturnas. Esta especie atrajo la atención de los pueblos prehispánicos a través de su canto, su plumaje, su apariencia, su comportamiento natural y por su uso cinegético (alimento y materia prima) como las gallináceas que servían de alimento y las aves de plumaje colorido. Los rasgos dominantes como picos y plumas fueron copiados fielmente o estilizados para destacar el simbolismo sobrenatural del ave, el simbolismo del personaje humano que le acompaña, o la escena completa.

“Es imprescindible que como sociedad volvamos a desarrollar el respeto que nuestros antepasados mostraron hacia la naturaleza y las especies silvestres, si deseamos conservar los recursos naturales y culturales que aún tenemos disponibles. Este tipo de exhibiciones nos muestran justamente esta cultura que podemos reconstruir”, concluyó Paredes Maury.

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