El 81% de las organizaciones ya considera modelos de outsourcing como parte de su estrategia de transformación fiscal, según Deloitte.
La acelerada digitalización tributaria, el mayor acceso de las autoridades a la información empresarial, la expansión de la facturación y el reporte electrónicos, la presión por optimizar costos y la escasez de talento especializado están obligando a las organizaciones a replantear la forma en que gestionan sus funciones fiscales. Lo que hasta hace pocos años se abordaba como un proyecto de automatización hoy exige rediseñar el modelo operativo tributario.
Deloitte señala que más de 60 países cuentan con algún esquema de facturación electrónica o reporte digital y prevé que, hacia 2030, prácticamente todos los sistemas tributarios habrán incorporado alguna modalidad de reporte electrónico. Para las empresas con operaciones en Costa Rica, Panamá, Guatemala, El Salvador y República Dominicana, esto implica responder a un entorno regulatorio cada vez más digital, donde la calidad de los datos, la trazabilidad y la capacidad de adaptación son factores determinantes para el cumplimiento.
De acuerdo con el análisis ejecutivo «Automatización y tercerización adecuada de funciones fiscales y contables», elaborado por Deloitte, la transformación fiscal ya no puede entenderse únicamente como un proyecto tecnológico. El verdadero cambio pasa por integrar datos, tecnología, procesos y talento dentro de un modelo operativo que permita fortalecer el cumplimiento, mejorar la capacidad de análisis y generar mayor valor para el negocio.
Esta visión se sustenta en los hallazgos del estudio global Tax Transformation Trends 2025, elaborado por Deloitte a partir de una encuesta aplicada a 1000 líderes de impuestos y finanzas. El estudio identifica como prioridades estratégicas la gestión de datos, el cumplimiento regulatorio, el control de costos, la automatización, la inteligencia artificial y la búsqueda de una combinación más eficiente entre capacidades internas, servicios compartidos y modelos de tercerización. Asimismo, revela que el 81% de las organizaciones ya considera alguna modalidad de outsourcing como parte de su estrategia para optimizar costos y capacidades, mientras que únicamente el 22 % considera que su tecnología fiscal es líder o de primer nivel, lo que evidencia la necesidad de acelerar la transformación de estas funciones.
«Las organizaciones deben considerar el rediseño de su modelo operativo fiscal antes de expandir la automatización o externalizar procesos. El punto de partida debe ser evaluar qué actividades conviene mantener dentro de la función, cuáles pueden industrializarse y qué capacidades tecnológicas resultan indispensables para sostener una transformación que genere valor a largo plazo», explica Melvin Saguach, socio de Impuestos de Deloitte.
El análisis también destaca que una parte importante de la información tributaria se origina fuera del propio departamento fiscal. Procesos como cuentas por pagar, cuentas por cobrar, facturación, cierre financiero y administración de datos maestros generan información crítica para el cumplimiento tributario, convirtiendo a la contabilidad, las áreas financieras y los sistemas ERP en piezas fundamentales para una gestión fiscal moderna.
En ese contexto, plataformas tecnológicas como Tax Operate Platform permiten integrar datos provenientes de distintas fuentes, automatizar procesos como el cálculo de impuestos, monitorear obligaciones fiscales, gestionar conciliaciones y fortalecer la capacidad de análisis mediante inteligencia artificial. Más allá de la automatización, este tipo de soluciones permite evolucionar hacia un modelo de operación fiscal continua, con mayor trazabilidad, control y capacidad para anticipar riesgos en un entorno regulatorio cada vez más dinámico.
«La digitalización tributaria ya no es responsabilidad exclusiva del área fiscal. Es necesario fortalecer la gobernanza entre la función fiscal, contabilidad, finanzas y tecnología, porque este proceso atraviesa sistemas, procesos y responsabilidades compartidas. Cuando cada área trabaja por separado, el resultado suele ser mayor costo, menor visibilidad y un control más débil», afirma Lisa Maria Gattulli, socia de Impuestos de Deloitte.
El análisis concluye que la evolución de la función fiscal dependerá cada vez menos de incorporar herramientas tecnológicas de forma aislada y más de la capacidad de las organizaciones para construir modelos operativos que integren automatización, inteligencia artificial, datos confiables y talento especializado. Bajo este enfoque, las actividades de mayor valor estratégico permanecen dentro de la organización, mientras que otras capacidades se apoyan en modelos gestionados y plataformas tecnológicas que permiten escalar operaciones con mayor eficiencia, consistencia y resiliencia frente a un entorno regulatorio en constante evolución.
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