• 14 agosto, 2025

Doña Amandita, una vida bordada con amor, fe y carácter

Doña Amandita, una vida bordada con amor, fe y carácter

Matriarca de una extensa familia, formadora de generaciones de mujeres y ejemplo de resiliencia.

Por Milagros Sánchez Pinell

Entre hilos, telas y recuerdos, María Amanda Peters de Valle Quintero tejió mucho más que vestidos. Con sus manos formó un oficio, una escuela, una familia numerosa y una vida marcada por la fe católica, la disciplina y el amor al trabajo.

Nació el 4 de abril de 1915 en Managua, Nicaragua, donde creció en una casa de tres pisos junto a sus abuelos Johannes Peters y Catalina Vargas de Peters, a quienes llamaba “papá Juan” y “mamita Catalina”. De ellos recibió un afecto firme y una guía constante que moldearon su carácter.

Gracias a su lucidez admirable, doña Amandita, como cariñosamente le llamaban todos, dejó testimonio escrito de su vida a los 93 años, cuando completó un extenso cuestionario de memorias.

Esa fuente íntima, junto al emotivo relato de su nieta María Antonieta Valle Peters, permitió reconstruir el perfil de una mujer que supo ser el corazón de su familia, el centro de su hogar y el alma de cada proyecto que emprendió.

“La familia Peters tuvo un papel relevante en Nicaragua desde principios del siglo XX, especialmente por su involucramiento en la cosecha de café y hule. Fue una familia emprendedora y trabajadora, valores que marcaron profundamente la vida de mi mamita y de todas las generaciones que siguieron”, destaca, Maria Antonieta.

Infancia entre mujeres fuertes y tardes de costura

Se crió rodeada de su hermana Matilde, sus primos Juancito, Ticha y Noyita, tíos y un profundo amor familiar. Su madre, Paulina, a quien llamaban “mi Paulinita», se dedicaba a administrar varias fincas cafetaleras de la familia, mientras doña Amandita crecía bajo el cuidado y la ternura de su mamita Catalina.

Desde niña fue observadora, inquieta y emprendedora. Como relató en su libro de memorias, entre los ocho y nueve años tenía una venta donde vendía cigarros, caramelos y chicles desde la casa de sus abuelos, desarrollando así un instinto natural para los negocios que la acompañó toda la vida.

Asistió a la Escuela de la Divina Providencia y luego a la Normal Central de Señoritas, donde estudió hasta segundo año. Le gustaban particularmente las matemáticas, la gramática, la caligrafía, el dibujo y la doctrina cristiana.

Fue buena alumna, aplicada y curiosa, lo que reflejaba desde muy pequeña su vocación por el orden y el aprendizaje.

Más tarde se graduó en taquigrafía y mecanografía en la Escuela de Silviano Matamorros. Por las tardes bordaba, tejía y cosía vestidos de niñas que luego vendía.

Recibió clases de piano durante dos años y disfrutaba de ver jugar basketball, lo que revela una sensibilidad artística y una apertura hacia formas diversas de entretenimiento.

A los 14 años conoció a Mariano Valle Quintero, un joven que, sin saberlo, estaba a punto de convertirse en su compañero para siempre.

Según el relato de su nieta María Antonieta, un amigo de él le pidió que escribiera versos para enamorarla, y don Mariano accedió, pero al verla por primera vez decidió cortejarla a título personal.

A los 15 lo aceptó como novio y el 1 de mayo de 1931 se casaron, cuando ella tenía apenas 16 años y él 21. Vivieron sus primeros años como esposos en La Perla, una finca familiar en lo que hoy es residencial Bolonia en Managua, en medio de naturaleza, trabajo y nuevos comienzos hasta que construyeron su casa propia.

La madre, la maestra, la mujer de carácter

Doña Amandita y su esposo, quien años más tarde se graduó de abogado, tuvieron 11 hijos. La primera y unos gemelos nacieron sin vida, pero los otros nueve, siete mujeres y dos varones, crecieron bajo su guía firme y amorosa.

Doña Amandita y don Mariano Valle.

En su casa reinaba el orden, la generosidad y la fe. Ella lideraba con el ejemplo y, aunque exigente, era cálida y justa. Sus nietas la recuerdan con respeto profundo, admiración y una ternura que trascendía generaciones.

Se formó en la Academia de Corte, Confección y Alta Costura de los Hermanos Bern, abrió su propio taller con el nombre Academia de Corte y Confección y Alta Costura de Doña Amanda Peters de Valle Quintero, el cual promocionaba mediante anuncios en los periódicos de la época, varios de los cuales aún se conservan.

El emprendimiento funcionó durante más de cuatro décadas en su casa de habitación en Bolonia, con clases en dos turnos de lunes a viernes y cursos intensivos de tres meses.

Sentandos de izq. a derecha: Sonia, Catalina y Suyen. De pie de izq. a derecha: Hugo, Paulina, Yadira, Amanda y Mariano. Atrás: María Amanda Peters de Valle Quintero.

“Muchas de sus alumnas eran hijas de amigas o vecinas que buscaban aprender un oficio digno”, recuerda María Antonieta, con la voz entrecortada por una ausencia que sigue doliendo.

Un hogar con sabor, música y propósito

Además de modista, fue maestra de cocina. Preparaba buffets para eventos y cocinaba a diario para una mesa grande que nunca estuvo vacía.

En su libro de recetas, editado y publicado por su nieta María Antonieta bajo el título Generaciones del arte culinario, quedaron plasmados sabores que hoy son memoria viva en cada plato familiar.

La edición fue un esfuerzo conjunto con su hermana Angie, también nieta de doña Amandita, e incluyó fotografías tomadas por su bisnieta Suyen Torres Montenegro, lo que convirtió la obra en un verdadero homenaje intergeneracional.

Fue especialmente devota de la Virgen del Perpetuo Socorro, una devoción que la acompañó siempre y que reflejaba en sus actos de generosidad y oración cotidiana.

Resiliencia y nuevos comienzos

Doña Amandita vivió los terremotos de 1931 y 1972, las pérdidas materiales, la muerte de su hija Suyen en 1976 y la viudez. En 1979 falleció don Mariano, poco después de cumplir 48 años de casados.

“Sentí que me cortaron las piernas cuando murió Mariano”, confesó años después. Pero lejos de rendirse, volvió a empezar en Estados Unidos, adonde emigraron en 1979. Vivió en ciudades como Cincinnati, San Francisco, Houston y, finalmente, Miami, donde se estableció rodeada de parte de su familia.

Cabe destacar que en Cincinnati abrió Amanda’s Pastries, una panadería especializada en donas, que más adelante cerró y reabrió en Nicaragua, manteniendo la producción activa hasta principios de los 2000.

En Estados Unidos, preparaba nacatamales para Navidad y hacía pan dulce por encargo. Además, continúo ejerciendo su profesión de modista y seguía siendo el eje de su familia.

Presencia viva

Sin duda fue madre presente, abuela protectora y matriarca vigilante. Falleció el 3 de enero de 2020 a los 104 años y pidió ser enterrada en Managua junto a su esposo y su hija Suyen.

Murió en su casa de Miami rodeada del amor de su familia, dejando un legado de 40 nietos, 80 bisnietos y 27 tataranietos que representan la herencia viva de su entrega.

María Antonieta recuerda que, durante su vela, quienes se acercaron a despedirla repetían con emoción y gratitud que había sido “una mujer tan linda, tan sabia y tan buena”. Su presencia seguía allí, como una costura invisible uniendo generaciones.

 

Hoy, doña Amandita habita en los aromas de una cocina familiar, en las fotos de una boda con vestidos hechos a mano, en un sábado de música y en un corazón que aprendió a dar.

Se definía como una mujer de carácter inquebrantable, seria, trabajadora, fiel, honrada, piadosa y con un sentido de humor pícaro. Y todo en su vida lo confirmaba.

Un recuerdo que perdura

“Le pedí a Milagros Sánchez, nuestra editora encargada de las entrevistas de personas importantes y relevantes de nuestros países, que entrevistara a Maria Antonieta Valle Peters, mi querida prima, sobre la vida modelo que llevó mi tía Amanda, la hermana de mi adorada abuela Matilde Peters de Osorio, y de esta forma, hacer justicia a esta sensacional mujer, corazón de una familia ejemplo”, expresa nuestro Chairman, Roberto J. Arguello.

De izq. a derecha: Leonor, Matilde, Amanda y Leticia.

Como parte de la familia Osorio Peters, señala que aprendió a querer profundamente a su tía Amanda, a su esposo Mariano y a sus hijos: Sonia, Suyen, Paulina, Amanda, Mariano, Hugo, Catalina, Yadira y María Antonieta. También expresó su cariño por todos sus primos, descendientes de esta gran familia. Recordó con especial afecto el amor que doña Amanda mantuvo hasta el final de sus días por su hermana Matilde, y afirmó que hoy descansan unidas nuevamente en el cielo.

“Toda nuestra familia le está sumamente agradecida a Maria Antonieta, una súper historiadora de biografías de familias exitosas, quien ha escrito varios sensacionales libros sobre familias de enorme relevancia en Nicaragua, y de quien haremos un artículo próximamente”, concluye.

Etiquetas: Doña Amandita / emprendedora / Estados Unidos / familia / fe y carácter / Nicaragua / una vida bordada con amor / valores

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