La inclusión financiera y la organización comunitaria pueden convertirse en motores de desarrollo económico sostenible.
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En Alta Verapaz, Guatemala, la transformación económica está comenzando en un lugar poco habitual para los programas de desarrollo: el suelo. Allí, más de 200 familias productoras participan en una iniciativa que combina agricultura regenerativa, inclusión financiera, organización comunitaria y generación de valor agregado, con resultados que empiezan a mostrar que la sostenibilidad puede convertirse también en una estrategia de crecimiento económico.
La historia de Dominga, agricultora de San Pedro Carchá, resume el alcance de esta transformación. Durante años vendió su café al primer intermediario disponible, sin capacidad para negociar precios ni acceder a mejores mercados.
Ahora, tras participar en el programa de Agricultura Regenerativa impulsado por Fundación Bi e implementado por Sarape Social, diversifica su producción, usa bioinsumos elaborados localmente y recibe los pagos directamente en una cuenta digital a su nombre. El cambio se refleja en sus cultivos, pero también en la forma en que administra sus ingresos y planifica el futuro de su familia.
Lo que ocurre en Alta Verapaz responde a una tendencia que cada vez gana más espacio en el mundo empresarial, y es entender que la sostenibilidad genera valor cuando logra integrarse a la productividad. En este caso, el programa de Agricultura Regenerativa convierte la regeneración de los suelos en una herramienta para mejorar ingresos, fortalecer cadenas productivas y crear oportunidades económicas en territorios históricamente excluidos.
El programa de Agricultura Regenerativa opera en los municipios de San Pedro Carchá, San Cristóbal Verapaz, San Juan Chamelco y Cobán, del departamento de Alta Verapaz. Durante dos años ha acompañado a familias agricultoras en la implementación de sistemas agroforestales que integran café, cúrcuma, malanga y yuca bajo modelos de agricultura sintrópica diseñados para recuperar la fertilidad del suelo y reducir la dependencia de insumos externos.
Los resultados muestran avances significativos. Según las evaluaciones realizadas, más del 90% de los participantes del programa de Agricultura Regenerativa adoptó nuevas prácticas de agricultura sintrópica y el 35% logró incorporarse a cadenas de valor. Además, se establecieron cinco hectáreas de siembra y se benefició directamente a 200 personas distribuidas en 20 aldeas.
Más allá del impacto ambiental, el programa de Agricultura Regenerativa busca modificar la estructura económica de las parcelas. Una de las proyecciones más relevantes indica que una finca de referencia de 440 metros cuadrados podría aumentar sus ingresos anuales de Q1.800 a Q6.598 para 2028, lo que representa un crecimiento de 272%. La clave está en la diversificación productiva y en la posibilidad de participar en etapas de mayor valor dentro de la cadena comercial.
La inclusión financiera constituye otro de los pilares del modelo. El 91% de los participantes activos del programa de Agricultura Regenerativa finalizó 2025 con acceso a una cuenta digital, permitiendo que familias que históricamente habían permanecido fuera del sistema financiero formal puedan ahorrar, recibir pagos y gestionar recursos con mayor seguridad. Para una región donde las barreras geográficas y económicas limitan el acceso a servicios bancarios, esta incorporación representa una oportunidad de desarrollo tan importante como las mejoras agrícolas.
El programa de Agricultura Regenerativa también ha puesto énfasis en la organización comunitaria. Nueve grupos productivos cuentan hoy con estructuras formales de gobernanza y mecanismos de toma de decisiones. Esta capacidad organizativa resulta fundamental para negociar mejores condiciones comerciales, acceder a financiamiento y fortalecer la resiliencia frente a la volatilidad de los mercados agrícolas.
Otro dato relevante es el papel de las mujeres dentro del programa de Agricultura Regenerativa. El 74% de los participantes son mujeres que lideran procesos productivos y financieros dentro de sus comunidades. En muchos casos, son ellas quienes administran las parcelas, toman decisiones de inversión y coordinan actividades asociativas, convirtiéndose en actores clave para la sostenibilidad económica de los hogares rurales.
La capacitación ha sido un componente central de la estrategia del programa de Agricultura Regenerativa. Los participantes completaron más de 200 horas de formación agroecológica presencial, recibieron 1236 horas de acompañamiento personalizado y participaron en laboratorios de ideas enfocados en agricultura sintrópica y procesamiento del café. Los resultados reflejan una alta apropiación del conocimiento: el 100% de los asistentes afirmó haber adquirido herramientas útiles y la mayoría considera posible replicar lo aprendido en sus propias actividades productivas.
De cara al futuro, el programa de Agricultura Regenerativa ya identifica nuevas oportunidades de crecimiento. El acceso a maquinaria para procesamiento postcosecha, la consolidación de modelos asociativos y el fortalecimiento de canales de comercialización aparecen como los siguientes pasos para capturar mayor valor económico dentro de la cadena agrícola. La meta es que los beneficios de la regeneración del suelo se traduzcan en ingresos sostenibles y competitividad para las comunidades rurales.
La experiencia de Alta Verapaz plantea una lección empresarial relevante: cuando conocimiento, financiamiento, organización y sostenibilidad trabajan juntos, como lo demuestra el programa de Agricultura Regenerativa impulsado por Fundación Bi, incluso una pequeña parcela puede convertirse en una unidad productiva con capacidad de generar crecimiento, resiliencia y prosperidad a largo plazo.
Agricultura regenerativa en números
• 200 beneficiarios directos en 20 aldeas.
• 5 hectáreas incorporadas a sistemas de siembra regenerativa.
• Más del 90% de adopción de nuevas prácticas agrícolas.
• 35% de los participantes integrados a cadenas de valor.
• 50 talleres agroecológicos impartidos.
• 1.236 horas de acompañamiento personalizado.
• Más de 200 horas de formación presencial para productores.
• 5 biofábricas establecidas para producción de insumos orgánicos.
• 6 parcelas demostrativas y 10 talleres por participante.
• 68% de asistencia y compromiso promedio.
• 74% de los participantes son mujeres.
• 91% de los beneficiarios activos cuentan con acceso a servicios financieros formales.
• Proyección de crecimiento de ingresos de hasta 272% en parcelas modelo para 2028.
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