En las empresas familiares, honrar el legado implica adaptarlo con visión estratégica para seguir siendo relevantes y sostenibles en el futuro.
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Por Enrique Cordero*
El éxito alcanzado por una generación fundadora en una empresa familiar suele convertirse en una fuente de orgullo, cohesión e identidad. Sin embargo, esa misma historia de logros puede actuar como un ancla que dificulta adaptarse a nuevos escenarios. El crecimiento requiere evolución, y esta muchas veces exige cuestionar lo que, en su momento, funcionó de manera impecable.
En empresas familiares que han prosperado durante décadas, la experiencia acumulada representa una ventaja. Esa trayectoria ha servido para consolidar relaciones con clientes, posicionar la marca y establecer una cultura empresarial basada en principios que han probado ser eficaces. Aun así, los mercados cambian, la tecnología avanza y las expectativas de las nuevas generaciones se transforman. La capacidad de honrar el pasado sin quedar atrapado en él marca la diferencia entre las empresas que trascienden y aquellas que se estancan.
La dificultad surge cuando las decisiones del presente se validan únicamente por haber funcionado en el pasado. Frases como “así lo hicimos siempre” o “esto fue lo que nos trajo hasta aquí” suelen bloquear ideas frescas y limitar la innovación. El legado merece respeto, pero también requiere actualización. Permanecer fiel al propósito original de la empresa implica reinterpretar sus fórmulas históricas con creatividad para mantener su relevancia.
Una práctica útil en este contexto es separar las decisiones estratégicas de las emociones que acompañan la historia empresarial. Muchos fundadores sienten una conexión profunda con los métodos que aplicaron, las marcas que crearon o las formas en que resolvieron los desafíos iniciales. Esa conexión emocional puede enriquecer la cultura organizacional si se canaliza como inspiración, sin convertirse en una barrera para el cambio.
Por otro lado, las nuevas generaciones llegan con ideas distintas en un entorno muy diferente al que enfrentaron sus padres o abuelos. Lo que antes se resolvía con relaciones personales ahora se complementa con herramientas digitales. Lo que antes se medía en volumen de ventas ahora se analiza con indicadores más sofisticados. Al abrir espacios para el diálogo intergeneracional, la empresa familiar puede combinar lo mejor de la experiencia acumulada con el impulso de la innovación.
Una recomendación clave es institucionalizar los procesos de revisión estratégica. Contar con juntas directivas activas, conformadas por miembros familiares y profesionales independientes, ayuda a evaluar con objetividad cuáles aspectos del modelo de negocio deben mantenerse, cuáles pueden mejorarse y cuáles deben transformarse. Este tipo de gobernanza permite tomar decisiones basadas en evidencia, sin que las emociones dominen el análisis.
Asimismo, el protocolo familiar puede incluir principios sobre cómo gestionar el legado. Establecer que los símbolos históricos, como el nombre, el logotipo o el eslogan, se mantendrán mientras sigan alineados con la visión futura, permite conservar la identidad sin comprometer la competitividad. En otras palabras, el legado se cuida mejor cuando se adapta.
Otro aspecto relevante es el desarrollo del liderazgo sucesor. La formación de las nuevas generaciones debe contemplar tanto la historia empresarial como las competencias del entorno actual. Preparar a los futuros líderes para asumir el timón sin estar condicionados por el pasado, les da libertad para construir su propio estilo de dirección y les permite contribuir con ideas que mantengan a la empresa vigente y rentable.
En este proceso de transformación consciente, el reconocimiento al pasado cumple un rol esencial. Celebrar los hitos, documentar la historia y transmitir los valores fundacionales enriquece la cultura organizacional. Lo importante es que ese reconocimiento inspire movimiento, en vez de inmovilidad. Honrar el legado significa preservarlo en lo esencial y actualizarlo en lo funcional.
El mayor homenaje que una generación puede hacer a sus fundadores es asegurar que la empresa que crearon siga siendo útil, competitiva y sostenible. Para lograrlo, es necesario construir sobre lo hecho, sin depender de repetirlo. Cada época trae sus propios desafíos, y cada generación tiene el deber de responder con las herramientas disponibles en su tiempo.
Los negocios familiares que han perdurado lo han hecho porque supieron cuándo cambiar, transformarse y reinventarse. Se trata de escribir nuevos capítulos a partir la historia de la empresa. El pasado entrega raíces; el futuro requiere alas.
En conclusión, el éxito del pasado debe ser punto de partida, nunca punto final. En la medida en que las familias empresarias se atrevan a revisar con apertura lo que alguna vez los definió, estarán en mejores condiciones para continuar dejando huella. Porque en las empresas familiares, el futuro se construye con respeto al origen, pero mirando siempre hacia adelante.
* Consultor principal y fundador de EMCOR Consulting Group.
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