• 21 enero, 2026

El costo de ser complaciente

El costo de ser complaciente

Una reflexión sobre la complacencia y cómo moldea la presencia profesional.

Síganos en Instagram: @revistavidayexito

Por Soraya Pérez R.

Algo que he notado mucho últimamente es cómo los patrones rara vez se anuncian como problemas. La mayoría del tiempo, inicialmente se perciben como virtudes. Como el ser complaciente. Una persona complaciente se puede ver como alguien flexible, colaborativa, con disposición y autocontrol emocional. Sin embargo, esta cualidad puede llegar a convertirse en una actuación constante, que comienza a generar consecuencias silenciosas.

El ser complaciente es algo que puede surgir como una reacción natural. Esto se debe a que se siente cómodo y práctico en un momento de tensión. Estar de acuerdo con lo que los demás dicen o piensan mantiene la armonía y permite que el trabajo fluya sin interrupciones o fricciones que en el momento pueden parecer innecesarias. Tendemos a decir que “sí” sin pedir ningún tipo de clarificación u objeción alguna, todo con la intención de ser más eficientes.

El desafío surge en el momento en que esto se vuelve un hábito, un patrón inconsciente que toma el poder. Suele suceder más seguido de lo que pensamos, sobre todo en un ambiente profesional.

Si eres nuevo en un trabajo o en una posición, lo que uno tiende a ver como más conveniente es simplemente asentir y seguir adelante. Evitamos dar malas impresiones o parecer desafiantes de ninguna manera. El impacto que esto tiene en el carácter personal de uno y en la identidad laboral es mucho más extenso de lo que pensamos.

La pregunta que debemos hacernos es: ¿cómo puedo romper este hábito que se ha convertido en una característica?

Primero, hay que entender cómo aparece este patrón. Usualmente, es de una forma muy sutil. Comienza a identificar los momentos en los que está minimizando sus necesidades incluso antes de expresarlas. Visualice sus prioridades basadas en los contextos. Hágase la pregunta: en este momento, por el bien general, ¿es mejor elegir armonía o precisión?

La alternativa a la complacencia consiste en la definición. Expresar desacuerdos con claridad. Sostener una postura con criterio. Es importante recordar que hacer preguntas, desafiar ideas y dar comentarios adicionales es lo que crea ideas y proyectos extraordinarios. Lo que forma su identidad profesional es cómo uno aborda estas situaciones de tensión, si lo hace con respeto, con empatía, con convicción.

Esos son los factores relevantes.

Los humanos somos criaturas de hábito. La complacencia se vuelve un hábito para uno mismo, pero también para los demás. La repetición de este comportamiento empieza a crear expectativas externas. Le puede llegar a quitar voz y presencia.

Para evitar esto, empiece con pasos pequeños, en diferentes ambientes. Si sale con amigos, colabore dando su opinión sobre qué restaurante elegir. Empiece a contestar con preguntas. Haga una pausa antes de dar una respuesta. Haga contribuciones sin pedir perdón.

Aunque estos momentos se sientan incómodos, hay que aceptar la incomodidad y sentarse con ella. Con el tiempo, esta nuevas prácticas se volverán una reacción automática. Use esta tensión como información que revela lo que una vez había evitado y suavizado.

Este pequeño ajuste interno en su vida diaria transformará cómo se relaciona consigo mismo dentro de diferentes espacios. La energía dejará de centrarse en percepciones externas y más en llenar un rol con plenitud e identidad.

Notará cómo con el tiempo surge una diferencia fundamental: deja de ser intercambiable.

La complacencia siempre podrá seguir siendo una elección consciente, pero dejará de ser un hábito natural.

Ahí es donde empezará a marcar su crecimiento personal y profesional.

 

Etiquetas: crecimiento personal y profesional. / El costo de ser complaciente / identidad profesional / Soraya Pérez R / ¿cómo puedo romper este hábito que se ha convertido en una característica?

Recomendaciones sobre este tema