Desde la plataforma Clave, diseña sistemas de inteligencia artificial para transformar operaciones empresariales en Latinoamérica.
Por Milagros Sánchez Pinell
A los 14 años, en Colombia, David Domínguez tuvo en sus manos un MacBook que transformaría su vida, un dispositivo que fue mucho más que una herramienta y terminó siendo la puerta hacia un mundo hasta entonces distante, donde descubriría las historias de Steve Jobs, Bill Gates y Mark Zuckerberg.
“Al leer de sus vidas, vi que eran personas brillantes que habían sido un poco ‘raras’ en su juventud, al igual que yo. Me sentí profundamente cautivado por las formas en las que habían cambiado al mundo, y me creé la visión de convertir mi capacidad intelectual en algo útil, en crear herramientas que le sirvieran a las personas”, recuerda.
Mucho antes de ese momento frente al computador, la disciplina ya formaba parte de su vida. Creció en un entorno que le enseñó temprano el valor de la autonomía y la determinación.
“Desde muy chico entendí que mi desarrollo dependía de mí mismo. Así que construí mi identidad alrededor del esfuerzo y la disciplina”, dice.
Esa identidad comenzó a reflejarse en resultados concretos, ya que fue el mejor estudiante de su generación, obtuvo el puntaje más alto en el examen nacional de su colegio, además de aprender inglés por cuenta propia.
En su último año de colegio fundó su primer startup, una aplicación sencilla que permitía a los profesores publicar tareas, exámenes y comunicados directamente en el celular de los estudiantes, reduciendo el uso de papel y facilitando la comunicación académica en toda la institución.
“Todo el colegio la descargó. Esa experiencia me confirmó que mi vocación estaba en construir productos tecnológicos con impacto real. Desde entonces, he seguido construyendo”, indica.
Más de una década después, esa misma vocación lo llevó a fundar otros startups y a dirigir Closer, donde implementó sistemas de inteligencia artificial que operan en tiempo real para empresas en Latinoamérica.
Actualmente, David forma parte de Clave, una plataforma que integra múltiples fuentes de información en un único sistema conversacional capaz de asistir a operadores de franquicias de restaurantes en decisiones críticas del día a día.
En términos simples, trabaja en la creación de un “cerebro” digital que conecta inventarios, ventas, turnos y plataformas de delivery en un solo sistema que puede analizar datos, anticipar escenarios y recomendar acciones, desde alertar sobre una hora pico inminente hasta detectar productos que están por agotarse antes de que afecten la operación.
Su rol integra ingeniería de software y arquitectura de inteligencia artificial. Diseña agentes que analizan información, detectan patrones y ejecutan tareas para optimizar procesos tradicionalmente manuales.
La construcción de un ingeniero
El presente que lo posiciona en la intersección entre inteligencia artificial y operaciones empresariales es el resultado de un proceso exigente que comenzó con la ambición de formarse al más alto nivel posible.
“Siempre soñé con ir a Harvard. De ahí habían salido mis ídolos, Bill Gates y Mark Zuckerberg. Al final, fue Boston University quien me aceptó, pero sin ayuda financiera”, relata.
Terminó consiguiendo una beca en la Universidad de los Andes, una de las instituciones más prestigiosas de Colombia, donde estudió Ingeniería de Sistemas.
Durante sus primeros años profesionales comenzó a construir experiencia en empresas como Credibanco, donde fortaleció su perfil como desarrollador y dio sus primeros pasos liderando equipos técnicos.
Luego cofundó Agua y asumió el rol de CTO, donde diseñó una plataforma low-code con interfaz visual que permitía crear software sin escribir código desde cero.
“Aprendí que la excelencia técnica sólo tiene sentido cuando resuelve un problema real del mercado y que la velocidad de iteración es más importante que la perfección. También aprendí que liderar un equipo de ingeniería requiere tanto habilidad técnica como inteligencia emocional y que el fracaso forma parte del proceso sin que eso defina quién eres”, dice.
Posteriormente, trabajó en Mercado Libre, donde lideró un equipo de ingenieros y participó en el desarrollo de sistemas que crecieron hasta servir a más de 800 000 usuarios.
Ese proceso le enseñó que la escala es un reto técnico, humano y organizacional, un equilibrio entre sistemas que deben funcionar con precisión y equipos con liderazgo claro capaces de sostener el crecimiento.
Con esa experiencia acumulada, fundó Closer, una plataforma que ayudaba a negocios en Latinoamérica a automatizar ventas y atención al cliente a través de inteligencia artificial en WhatsApp, enfrentando de lleno la realidad del emprendimiento, producto, clientes, ingresos y sostenibilidad.
“Emprender es un ejercicio tanto emocional como intelectual. Pasé por todas las etapas: producto sin clientes, clientes sin rentabilidad, y luego optimizar hasta lograr márgenes del 80%. Aprendí que la resiliencia es despertarte después de un tropiezo y seguir construyendo”, dice.
Además, añade que aprendió que la identidad debe sostenerse en algo más profundo que los resultados de una empresa, porque los retos forman parte del camino y se requiere una base sólida para seguir adelante.
Liderar en la era de IA
Desde su experiencia liderando equipos de alto rendimiento, identifica como uno de los mayores desafíos el equilibrio entre velocidad y calidad, una tensión permanente que pone a prueba el criterio y la claridad en la toma de decisiones.
La presión por entregar resultados es constante, pero entiende que el liderazgo consiste en sostener estándares sin sacrificar crecimiento.
“La escala es técnica y también humana. Como líder aprendí a delegar, a confiar y a aceptar que otras personas pueden hacer las cosas de manera diferente y aun así hacerlo bien”, afirma.
Esa visión también guía su cultura de trabajo, donde la excelencia, sostiene, se construye con el ejemplo, estándares claros y un entorno donde el error se convierte en aprendizaje, promoviendo crecimiento individual y reconocimiento.
Fuera del trabajo, le apasionan las artes visuales, el cine, la ciencia ficción, viajar y explorar nuevas culturas. Se describe como una persona profundamente curiosa, interesada en la física, la nutrición, la historia del arte y en cualquier tema que represente un reto intelectual.
Su norte permanece intacto desde la adolescencia, construir herramientas que amplíen lo que las personas pueden hacer sigue siendo su motor.
Hoy se define como un ingeniero con mentalidad de fundador, capaz de diseñar soluciones complejas y al mismo tiempo evaluar si realmente tienen sentido de negocio. Esa combinación, sostiene, es el activo más valioso que ha construido en su carrera.
A partir de esa línea de pensamiento, quiere seguir desarrollando soluciones basadas en inteligencia artificial que resuelvan problemas reales para personas y empresas, con una apuesta por Latinoamérica.
“Quiero contribuir a que la región sea creadora de tecnología. Hay talento, hay mercado y hay retos que merecen soluciones construidas desde aquí”, afirma.
En lo personal, aspira a seguir creciendo como líder, formar equipos sólidos y demostrar que desde este lado del hemisferio también es posible crear tecnología de clase mundial.
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