Se pueden utilizar técnicas y prácticas agrícolas que creen suelos más saludables y prevengan el uso excesivo de fertilizantes químicos.
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Los bosques y los alimentos están interconectados. A medida que el mundo avanza aceleradamente hacia una transición alimentaria que genere resultados mejores y más sostenibles para las personas y el planeta, debemos reconocer que los bosques, las zonas boscosas y los paisajes son fundamentales para esta transición, pero también para los objetivos de desarrollo sostenible más amplios.
Las inversiones en los bosques son inversiones en las comunidades locales, las economías nacionales y nuestro planeta. Conversamos sobre este tema con dos de nuestros expertos en silvicultura y agricultura.
Dato 1: La agricultura y los bosques están inextricablemente relacionados
En muchas zonas forestales se producen alimentos. Además, la aplicación de prácticas agroforestales puede mejorar la salud del suelo aumentando el ciclo de la materia orgánica y los nutrientes. Estas prácticas también crean hábitats para polinizadores vitales y apoyan la resiliencia general del ecosistema. Aunque la agricultura sigue siendo uno de los principales factores que impulsa la deforestación, existen numerosas pruebas de que puede coexistir en armonía con los paisajes forestales y beneficiar, en lugar de dañar, al planeta.
Como se indica en nuestro último informe emblemático, Receta para un planeta habitable (i), adoptar un enfoque que abarque todo el paisaje puede generar beneficios importantes para los países. Por ejemplo, reducir la conversión de bosques en tierras de cultivo o pasturas y promover la reforestación o la agrosilvicultura puede recortar significativamente las emisiones de gases de efecto invernadero y aumentar el almacenamiento de carbono en la biomasa y los suelos. Un tercio de las oportunidades para disminuir las emisiones del sistema agroalimentario se relacionan con el uso de la tierra en los países de ingreso mediano.
Dato 2: El sector forestal emplea a decenas de millones de personas
Si bien es cierto que la agricultura es una de las principales fuentes de empleo en los países en desarrollo, también lo son los bosques. Al menos 33 millones de personas[MIS1] trabajan en el sector forestal en todo el mundo, y los empleadores abarcan desde plantaciones o aserraderos locales hasta empresas internacionales de celulosa y papel. Esta cifra representa alrededor del 1 % del empleo total a nivel mundial en todas las actividades económicas. Muchos millones más trabajan en el sector de productos forestales no madereros, que incluye industrias como los productos medicinales y sanitarios, la artesanía y los textiles.
Dato 3: Los bosques son una fuente esencial de alimentos, combustibles e ingresos
Los bosques proporcionan una gran cantidad de alimentos para los seres humanos y son una ayuda vital para las comunidades más pobres y vulnerables que dependen de los ecosistemas forestales. Durante muchos siglos, las comunidades indígenas y que habitan en los bosques han dependido de los bosques para alimentarse, incorporando raíces, plantas, frutas y presas a sus dietas. Alrededor de 2600 millones de personas[MIS2] también utilizan leña para cocinar. Los bosques ofrecen una infinidad de otras oportunidades, desde el embalaje de fibra de madera que puede reducir las pérdidas posteriores a la cosecha hasta los piensos orgánicos para animales.
Dato 4: El Banco Mundial invierte en los bosques y los paisajes
Sabemos que la salud de los bosques y de las personas están interrelacionadas. En resumen, cuando los bosques florecen, las personas también florecen. Por lo tanto, trabajamos en estrecha colaboración con asociados mundiales, regionales y nacionales para que los bosques saludables sean una realidad y beneficien a las comunidades. Esto es particularmente cierto en el caso de los pueblos indígenas, que dependen en gran medida de los bosques para obtener alimentos y medios de subsistencia.
Un ejemplo de esta cooperación es PROGREEN (i), una alianza mundial liderada por el Banco Mundial que apoya a los países con el financiamiento, la experiencia y los conocimientos necesarios para que puedan invertir en sus bosques y paisajes, y gestionarlos de manera sostenible. En la actualidad, PROGREEN está presente en 67 países, entre ellos Ghana, donde el programa respaldó el desarrollo de más de 500 planes de gestión comunitaria de las cuencas y la capacitación de unos 53 000 pequeños agricultores, el 53 % de los cuales eran mujeres.
Otro ejemplo es el Programa de Impacto sobre Sistemas Alimentarios y Uso y Recuperación de la Tierra (i) (FOLUR), una iniciativa de US$345 millones que impulsa la agrosilvicultura y las prácticas agrícolas sostenibles en 27 países. En China, donde el programa abarca 1,5 millones de hectáreas, la gestión integrada de la tierra y los esfuerzos de restauración están comenzando a producir beneficios tangibles en materia de biodiversidad y conservación de los ecosistemas.
El nuevo Programa de Desafíos Mundiales (i) sobre los bosques apoyará la intensificación de la agricultura climáticamente inteligente, de modo que se puedan producir más alimentos para una población en crecimiento y, al mismo tiempo, reducir la huella agrícola en los bosques.
De cara al futuro, podemos apoyar a ambos recursos, produciendo y consumiendo alimentos de una manera que se protejan los bosques y los ecosistemas. Podemos utilizar técnicas y prácticas agrícolas que creen suelos más saludables y prevengan el uso excesivo de fertilizantes químicos.
La buena noticia es que hay una serie de medidas asequibles y comprobadas que podemos tomar ahora para que los alimentos y los bosques existan en armonía.
