Siempre está trabajando, pintando, grabando contenido, pensando una idea nueva o soñando en el próximo proyecto.
Por Milagros Sánchez Pinell
Para Carla Romero, este momento de sus veintes se siente como una etapa de exploración, enfocada en el desarrollo de su propia marca y en redefinir cómo quiere construir su camino profesional y creativo.
Es un proyecto muy personal que mezcla arte, curaduría y estilo de vida, al que le está dando forma de manera orgánica mientras se da tiempo para pintar y explorar cómo comunicar su proceso creativo.
“Todavía me estoy descubriendo, quién soy, qué quiero construir y qué tipo de vida quiero diseñar para mí. Sé que viene mucho trial and error, muchos intentos y cambios de rumbo, y honestamente estoy lista para eso. Me niego a elegir entre negocio o arte. Mi meta es que ambos convivan y construir una vida donde crear y comunicar sean parte del mismo camino”, afirma.
Formada en publicidad, relaciones públicas y comunicación, ha desarrollado su experiencia profesional en el ámbito de la comunicación y la producción de contenido, trabajando en proyectos creativos y con marcas.
Creció en Ecuador, en una familia que siempre la apoyó y que entendió desde muy temprano que su camino iría por lo creativo, ya que desde niña dibujaba, escuchaba música, escribía e inventaba “marcas” y campañas como un juego.
“Para mí, crear y comunicar nunca fue una decisión profesional, fue mi forma natural de existir”, añade.
Mudarse sola a Miami y empezar desde cero fue otro momento determinante en su historia personal. Recuerda que ese proceso la llevó a confiar más en sí misma, a atreverse y a tocar puertas sin miedo, además de aprender a resolver, adaptarse y creer en sus ideas incluso cuando todavía estaban en construcción.
Al definirse, se describe como una persona curiosa, sensible, perseverante y resiliente, con una forma muy observadora de entender a los demás y de vincularse con su entorno.
Admite que hay una fuerza interna que la impulsa y que asocia directamente a su fe en Dios, una confianza que le aporta calma y valentía para avanzar en su camino personal y profesional.
De la psicología a la comunicación
Inicialmente, pensó estudiar psicología, impulsada por su interés en entender a las personas y sus formas de relacionarse. Sin embargo, a los 18 años realizó una pasantía en la productora de contenido ASAFILMS y ese proceso marcó un punto de inflexión.
La experiencia la llevó a recorrer Ecuador participando en proyectos de gran escala con marcas globales y equipos multidisciplinarios, y redefinió su camino hacia la comunicación.
“Esa etapa me enseñó algo clave: a conectar con las personas más allá de la edad, a leer su energía, su carácter y su forma de pensar. Hasta hoy mantengo amistades muy cercanas con gente de distintas generaciones gracias a esa forma de vincularme”, dice.
Destaca el acompañamiento de los fundadores de ASAFILMS, Diego Cadavid y Miriam Rabascall, quienes le dieron libertad para involucrarse en proyectos reales y descubrirse profesionalmente.
Tras esa primera experiencia en producción de contenido, realizó una pasantía en Estée Lauder, que representó su primer acercamiento a un entorno corporativo global, donde se familiarizó con estructuras, procesos y una atención rigurosa al detalle.
La combinación de ambas experiencias le permitió integrar dos aprendizajes distintos, por un lado estructura y estrategia, y por el otro creatividad y cercanía con las personas, una base que terminó por marcar su forma de entender la comunicación.
En enero de 2025, se incorporó a Lettera, su primera experiencia en un entorno más estructurado y con una mentalidad emprendedora, tras un recorrido vinculado a proyectos creativos y equipos pequeños.
Abrir Lettera Miami desde cero resultó determinante, porque más que sumarse a un equipo, explica que participó activamente en su construcción, desde los primeros clientes, las propuestas y las reuniones, hasta la definición de cómo la agencia buscaba posicionarse en la ciudad.
También influyó de manera significativa el trabajo junto a los fundadores, Eduardo Bonilla y Manuel Ignacio Gómez, cuya apuesta por el mercado estadounidense, basada en la convicción de ofrecer un servicio con nivel internacional, marcó el desarrollo de la agencia.
Durante ese período, relata que su rol estuvo enfocado en acompañar el proceso entre el cliente y el equipo creativo, actuando como un puente entre ideas y ejecución.
Trabajó de cerca con marcas y líderes, dedicando gran parte de su día a escuchar, ordenar ideas y traducir conversaciones en acciones concretas.
“Algo que he aprendido muchísimo es la empatía porque trabajamos con personas más que con cuentas, cada cliente tiene su historia, su ritmo y su forma de ver el mundo, y cuando logras entender eso todo se vuelve más fácil y más humano”, señala.
La pintura como espacio propio
Por otro lado, la pintura ha sido una constante en su vida, para ella, pintar es un espacio personal al que regresa para procesar lo que vive y siente.
Admite que, a diferencia del trabajo en comunicación, que implica estructura y decisiones racionales, la pintura se mueve desde la intuición, la emoción y la libertad, sin lineamientos ni expectativas externas.
“Muchas veces pinto lo que me resulta difícil de explicar con palabras. Es donde saco miedos, recuerdos, etapas difíciles, cambios… y también momentos bonitos. Es casi terapéutico. Hay días que termino una pieza y siento que entendí algo de mí que antes permanecía desordenado”, relata.
Desde su apartamento, un espacio que poco a poco ha ido adaptando como estudio, trabaja principalmente en la abstracción, partiendo de emociones más que de imágenes concretas.
“Casi nunca empiezo pensando en ‘quiero pintar esto específico’. Empiezo más desde una emoción, y eso siento que va de la mano con los colores que elijo. Me interesa mucho más pintar lo que se siente que lo que se ve”, advierte.
El color, la textura y el movimiento ocupan un lugar predominante en su proceso, que se construye a partir de capas, gestos libres y ensayo constante.
Señala que sus obras abordan temas como memoria, identidad, cambios y etapas de la vida, una exploración que dio origen a su serie Inner Landscapes, concebida como paisajes internos o mapas emocionales.
Ha expuesto y vendido obras en Ecuador, aunque también conserva piezas más íntimas. Para ella, el arte mantiene una dualidad clara, nace de una necesidad de expresión personal y, en algunos casos, se convierte en un puente con otros.
“Para mí, pintar nunca empezó pensando en vender, empezó como una necesidad de expresarme. Lo demás ha sido una consecuencia bonita del camino”, dice.
- Carla Romero, entre la comunicación y el arte - 23 febrero, 2026
- Ignacio Chavarría: de las finanzas a la analítica - 19 febrero, 2026
- María Alejandra Sureda, una fuerza generacional detrás del crecimiento de KB Stores - 16 febrero, 2026








