La volatilidad del dólar vuelve a poner bajo presión a las economías dolarizadas de América Latina, que dependen cada vez más de las decisiones de la Reserva Federal y del ciclo político en Estados Unidos.
Los analistas se inclinan hoy por un escenario de dólar más débil, que desde el año pasado ha empezado a reordenar las cuentas de estos países latinoamericanos que tienen en el billete verde su moneda oficial, como es el caso de Ecuador, Panamá y El Salvador.
El reto para economías altamente dependientes del dólar es que cuanto mayor es la dolarización de la deuda y del sistema financiero, menor es la capacidad de ajuste vía inflación o depreciación.
Eso hace que el ciclo de tasas en EE.UU. y la disponibilidad de liquidez en dólares importen mucho.
El profesor de ESPOL y exviceministro de Economía ecuatoriano, José Gabriel Castillo, dice a Bloomberg Línea que “las fuerzas parecen apuntar con mayor énfasis hacia un escenario de depreciación del dólar, que potencialmente dinamice el mercado doméstico norteamericano».
“La intención del presidente (Donald) Trump es impulsar exportaciones y para que eso suceda el dólar debe ser más débil”, complementó desde Panamá el banquero y economista Carlos Alfredo Araúz.
Un dólar más débil puede favorecer a las exportaciones de los países dolarizados en términos competitivos al mejorar las condiciones de intercambio para sus socios.
Esto sería particularmente importante para naciones con un mayor nivel de exposición de sus exportaciones al mercado europeo o chino, como en el caso del Ecuador, en donde una parte importante de los principales productos de exportación se dirige a estos mercados.
Sin embargo, el resultado neto dependerá también de las decisiones arancelarias multilaterales. “Como resultado, cambios relativos (además, sorpresivos) pueden perjudicar los niveles de competitividad a pesar de los shocks al tipo de cambio”, según José Gabriel Castillo.
Un dólar débil también puede tener efectos positivos en el turismo de países como El Salvador y Panamá, al hacerlos más atractivos para el gasto de visitantes europeos.
Además, puede favorecer a otros emergentes al aliviar presiones cambiarias, impulsar los mercados de deuda en moneda local y reducir, en el margen, la dolarización financiera, aunque sin eliminar vulnerabilidades estructurales, según Jonathan Fortun, economista del Instituto de Finanzas Internacionales (IIF).
En la otra cara, economías altamente dependientes de bienes externos, como la panameña, podrían enfrentar un mayor costo de las importaciones.
Esto puede generar un potencial efecto inflacionario derivado del encarecimiento relativo de productos importados (de países cuyas monedas se fortalecen) y su efecto en las cadenas productivas.
El exviceministro Castillo dice que, si a mediados de año se materializan depreciaciones significativas del dólar, el efecto para finales de año podría involucrar un pass-through hacia la canasta de productos y poner presión a las expectativas inflacionarias a finales de año.
“Las importaciones lamentablemente costarán más dólares y un país como Panamá también importará inflación, aumentando el costo de vida”, apuntó Carlos Alfredo Araúz.
Las exportaciones de bienes de Panamá sumaron US$980,1 millones en 2025, un alza de 1,6% frente a 2024 y el nivel anual más alto en 16 años, según el Ministerio de Comercio e Industrias. Araúz estima que las importaciones en Panamá rondan los US$11.000 millones anuales.
Con el foco puesto en la Reserva Federal

En el contexto de estos países, “las economías dolarizadas pasan a depender mucho de las acciones de la Reserva Federal”, anotó Araúz.
En Centroamérica, el banquero y empresario hondureño Lenín Palencia dice que si bien la dolarización da estabilidad, también tiene un costo importante: “El país pierde la posibilidad de usar su política monetaria para responder a crisis o mejorar competitividad”.
Además, señala que estas economías son menos dinámicas de la región. “Su desempeño depende más de productividad, instituciones y clima de inversión que del uso del dólar”, según Palencia.
En síntesis, “la dolarización reduce el riesgo cambiario interno, pero hace a los países más dependientes del ciclo del dólar y de la Fed. Por eso, el crecimiento sostenible sin depender del régimen monetario, de productividad, reglas claras, seguridad jurídica y capacidad exportadora”, consideró Palencia.
Movilidad de capitales

“Un efecto poco menos importante se relaciona con la movilidad de capitales frente al cambio del rendimiento de los bonos del Tesoro”, dijo el exviceministro de Economía ecuatoriano, José Gabriel Castillo.
En un escenario de dólar débil, un mayor apetito al riesgo en las economías regionales puede contribuir a redireccionar flujos de capitales a mercados emergentes, “deshaciendo el efecto contractivo del fligh-to-quality observado en los últimos años».
“Dependiendo del efecto neto de todas estas fuerzas, se derivarán nuevas dinámicas en la liquidez doméstica que facilitarán estimular la dinámica económica”, señaló Castillo.
Efectos en economías con fuerte presencia del dólar

En economías con fuerte presencia del dólar, como la de Costa Rica, la debilidad del billete verde también “profundiza las diferencias entre ganadores y perdedores en la economía ante la disminución del tipo de cambio”, dijo a Bloomberg Línea Luis Vargas Montoya, investigador adjunto del Programa Estado de la Nación (PEN).
Costa Rica es considerada una economía bimonetaria de facto, con el colón costarricense como moneda oficial, pero con una fuerte participación del dólar en ahorro, crédito y fijación de precios de bienes transables como viviendas y vehículos y de actividades económicas como el turismo y el comercio.
Por ejemplo, según datos del Banco Central de Costa Rica (BCCR) citados por Vargas Montoya, aproximadamente un tercio de la cartera crediticia del país está en dólares.
Por el lado ganador, explica que en una economía como la de Costa Rica un dólar débil reduce la factura que paga el sector importador, las personas y empresas con deudas en divisa extranjera e ingresos en colones mejoran su capacidad de pago y se reduce el componente importado de la inflación.
Por el lado perdedor, el sector exportador pierde competitividad (particularmente las empresas fuera de las zonas francas que son menos productivas y resilientes), las personas que ganan en dólares pierden poder adquisitivo al consumir en colones y los ahorros en dólares también pierden valor relativo.
Adicionalmente, “hay incentivos para que aumente el crédito en dólares, lo que incrementa el riesgo macrofinanciero (al haber más personas deudoras en dólares con ingresos en colones)”, señaló Vargas Montoya.
Y si se fortalece el dólar…
El segundo escenario, menos probable, es el de fortalecimiento del dólar. Para Castillo, el efecto más relevante de este escenario en las economías dolarizadas se relaciona directamente con el deterioro de la competitividad del sector transable.
Si bien el poder adquisitivo es una dimensión clave del consumo, un fortalecimiento del dólar facilitaría la compra de bienes importados, con un efecto desinflacionario asociado.
Sin embargo, la actividad económica de las pequeñas economías expuestas al sector externo depende principalmente de la dinámica exportadora de bienes -como la agroexportación en Ecuador- y de servicios, como el turismo en El Salvador o el comercio y la intermediación en Panamá.
Un “menor flujo de divisas implica una contracción de la liquidez doméstica que perjudica además los costos financieros del crédito”, señaló el economista.

