De un proyecto agrícola de 30 hectáreas a una operación exportadora presente en algunas de las mayores cadenas de retail en Estados Unidos y Europa.
Por Milagros Sánchez Pinell
Durante años, el limón era apenas una actividad secundaria de la división agrícola de Inversiones Avícolas de Honduras (INAVIH), hasta convertirse, bajo el liderazgo de Luis Mancia, en uno de los proyectos más prometedores del grupo empresarial.
Su gestión transformó la operación en una plataforma exportadora de limón persa que llega a algunas de las cadenas de retail más grandes de Estados Unidos y Europa, entre ellas Walmart, Costco, Sam’s Club, Trader Joe’s, Aldi y la cadena neerlandesa Albert Heijn.
Cuando el empresario comenzó a impulsar el proyecto, explica que las ventas eran todavía modestas y, una década después, la operación se ha transformado en un negocio sólido y rentable gracias a un proceso de expansión, reorganización interna y apertura a nuevos mercados.
Creció dentro de un entorno empresarial familiar. Es el segundo de tres hermanos y forma parte de la segunda línea de mando del grupo fundado por su padre, Luis Mancia Andara, quien inició hace 45 años un negocio avícola dedicado a la producción de huevos.
Con el paso del tiempo la operación fue diversificándose hacia nuevas actividades agrícolas y en 2011 se constituyó la empresa bajo la estructura de Inversiones Avícolas de Honduras, con dos grandes áreas de negocio, la división avícola y la división agrícola, la cual dirige.
Estudió Finanzas en la Universidad Tecnológica Centroamericana (UNITEC) y posteriormente realizó una maestría en Finanzas en Florida International University y un MBA en la Universidad de Miami, etapa en la que vivió durante tres años en Estados Unidos mientras trabajaba como analista en una aseguradora.
Explica que durante ese periodo el proyecto del limón dentro de la empresa familiar aún se percibía como una actividad menor hasta el 2015, cuando terminó sus estudios y su padre le planteó un desafío que terminaría marcando su camino profesional.
“Bueno hijo, yo ya tengo con qué vivir, ahora te toca a ti. Ya te entrené y te eduqué, ya cumplí como padre. Ahora haz tu camino, ya sea conmigo o con otro”, recuerda.
A partir de ese momento decidió involucrarse de lleno en el proyecto del limón, que en ese entonces contaba con unas 30 hectáreas sembradas.
Al incorporarse encontró una estructura que distaba de funcionar como una empresa organizada, con procesos débiles, pérdidas recurrentes y prácticas que, según explica, afectaban la rentabilidad del negocio.
“Llegas y ves todo aquello desorganizado, con estructuras fallidas y muchas cosas que se estaban haciendo mal”, comenta.
Lejos de desistir, decidió insistir en una visión distinta basada en aplicar una lógica financiera al negocio agrícola y entender con precisión los costos de producción, un enfoque que, a su juicio, ha sido una de las claves para transformar la operación.
“El error de los empresarios es desconocer el costo de su producto. Si conoces el costo de producción es posible definir el precio de venta y el margen”, señala.
Este enfoque le permitió iniciar un proceso de reorganización interna que tomó varios años e implicó enfrentar resistencias dentro de la propia estructura empresarial con el objetivo de convencer a todos de que el negocio del limón tenía potencial y podría ser rentable.
“Había gente que me decía que estaba perdiendo el tiempo, que ese negocio nunca iba a dar resultado. Tenía familiares diciéndome que estaba loco, que estaba enfermo y que estaba desperdiciando mi tiempo”, menciona al explicar el ambiente que rodeaba al proyecto en sus primeros años.
La presión, lejos de hacerlo retroceder, terminó reforzando su determinación de sacar el proyecto adelante, una actitud que resume con la frase “yo solo me puse los tapones en los oídos y dije, démosle para adelante”, comenta.
El avance coincidió poco después con la llegada de la pandemia de COVID-19, una coyuntura que terminó impulsando el crecimiento del negocio debido al aumento del consumo de limón en distintos mercados.
El proyecto comenzó a expandirse y pasó de 30 hectáreas sembradas a 300 hectáreas, impulsado por nuevas siembras, la incorporación de nuevas tecnologías y mejoras en los procesos productivos, así como por inversiones orientadas a fortalecer la calidad del producto y ampliar la capacidad de la operación.
Ese crecimiento también permitió posicionar el limón persa producido por la empresa en algunos de los mercados más exigentes del mundo, un logro que, según explica, representa uno de los hitos más importantes de su trayectoria empresarial.
Además, el posicionamiento internacional alcanzado con el negocio del limón permitió al grupo exportar huevo hondureño a Estados Unidos el año pasado, aprovechando la coyuntura de escasez que afectó ese producto.
“Soy el primero y todavía el único productor hondureño de limón que ha logrado entrar a las cadenas más grandes de Estados Unidos”, señala.
Liderazgo y convicción
Mancia se define como un líder fuerte, orientado a los retos y al cambio constante, una forma de dirigir que, según explica, lo lleva a enfrentar los problemas de frente y trabajar en ellos hasta resolverlos.
“Me considero un líder fuerte, me gustan los retos. Me pueden poner un problema de frente y lo agarro hasta que lo resuelvo. Me considero un líder duro, pero justo, que cuando cometo errores los reconozco y los corrijo”, afirma.
También destaca la importancia de que los gerentes que trabajan bajo su dirección comprendan la misión y visión del negocio y entiendan las necesidades del mercado, un proceso que requirió cambiar mentalidades dentro de la organización.
Detrás de ese proceso de crecimiento también han existido sacrificios personales importantes, especialmente en el ámbito familiar, ya que durante años su dedicación al negocio lo ha llevado a pasar largos periodos lejos de casa.
“Mis sacrificios han sido más a nivel familiar. He dejado prácticamente a mi familia, a mis dos hijos que casi no he podido disfrutar como padre y a mi esposa, porque desde que nos casamos muchas veces hemos vivido separados y yo he sido un padre de fin de semana”, comenta.
A pesar de esas exigencias profesionales, junto a su esposa también ha impulsado un proyecto fuera del negocio agrícola. Hace cinco años abrieron en Tegucigalpa el restaurante Limoncello, un emprendimiento que ambos han desarrollado en paralelo y que describe como una experiencia construida a prueba y error.
También participa en el ámbito gremial internacional como miembro del National Lime Board de Estados Unidos, espacio que reúne a productores y actores clave de la industria del limón.
En cuanto al futuro, explica que su visión se orienta hacia una nueva etapa del negocio basada en la innovación y en la industrialización del limón, con proyectos enfocados en desarrollar nuevos productos derivados del fruto.
Al mismo tiempo reconoce que recientemente ha recibido propuestas de inversionistas interesados en que lidere proyectos de comercialización de frutas a mayor escala, una posibilidad que incluso podría llevarlo a asumir nuevos desafíos fuera de la empresa familiar.
“Mi plan es llegar a ser el mejor comercializador de limón persa en Centroamérica. Hay mucho que hacer hacia adelante”, concluye.
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