Una historia de migración, trabajo duro y perseverancia que hoy se traduce en servicio al prójimo.
Por Milagros Sánchez Pinell
Recibir su título universitario en enfermería con la más alta distinción académica representó para Frank Pinell la confirmación de que los sueños nunca tienen fecha de vencimiento cuando hay vocación, disciplina y constancia.
Hoy es enfermero en el área de Emergencias del Hospital General de San Francisco, California, un entorno donde las decisiones se toman en segundos y la experiencia marca la diferencia.
Llegar hasta ese lugar implicó un recorrido largo y poco convencional que comenzó lejos de los hospitales y los uniformes médicos y que se fue construyendo a través del trabajo duro y la disposición a empezar desde abajo cada vez que la vida se lo exigió.
A inicios de los años 80, con apenas 14 años, recuerda haber llegado por primera vez de Nicaragua a Enid, Oklahoma, para vivir con su hermana Martha, quien había emigrado unos años atrás.
El desarraigo, la barrera del idioma y la adaptación a una cultura completamente distinta marcaron su manera de enfrentar la vida desde muy temprano.
“Tener que reconstruir mi vida a tan corta edad me enseñó resiliencia, independencia y determinación. Me obligó a madurar rápido”, asegura.
Su primer trabajo fue en una gasolinera, donde limpiaba, cocinaba lo que se vendía en la tienda, llenaba los tanques de vehículo y limpiaba vidrios mientras intentaba aprender el inglés, una etapa que luego lo llevó a conseguir empleo en dos negocios de comida rápida.
Posteriormente se mudó a Los Ángeles, donde encontró trabajo en un restaurante preparando postres y comenzó un recorrido que duró años por la industria gastronómica, moviéndose de restaurante en restaurante hasta asumir posiciones de liderazgo.
Ese proceso, relata que lo llevó a desempeñarse como lavaplatos, cocinero y mesero, hasta convertirse en manager, un cargo que ejerció durante varios años en restaurantes como Marie Callender’s, Chevy’s y Rainforest Café.
“Durante ese tiempo me casé, tuve dos hijas y entendí que debía seguir adelante y avanzar en mi carrera. Me sometí a lo que fuera necesario para aprender”, rememora.
El llamado a servir
Después de casi tres décadas en restaurantes, comenzó a cuestionarse si quería continuar por el mismo camino y sintió la necesidad de hacer algo distinto con su vida.
“Sabía que Dios me había puesto en este mundo para algo significativo, sabía que quería ayudar al prójimo, pero desconocía de qué manera hacerlo”, comenta, al describir el momento en que su búsqueda personal empezó a tomar forma.
Esa inquietud encontró una respuesta concreta al comenzar a colaborar como voluntario en refugios para personas sin hogar, una experiencia que lo llevó a buscar trabajo para la ciudad de San Francisco.
Ese paso, dice, lo impulsó a iniciar un proceso persistente para incorporarse al servicio público, hasta que logró su primera oportunidad laboral como oficinista en la clínica Housing and Urban Health.
Desde ese rol inicial fue ampliando sus funciones, organizando suministros y asumiendo tareas administrativas, hasta que decidió dar un paso más y formarse como flebotomista.
“A partir de allí decidí ver solo hacia adelante. Mi deseo era superarme y aprender más”, afirma.
Ese impulso por avanzar académicamente encontró respaldo en personas que creyeron en su potencial. Una de ellas fue una oficinista de otra clínica, quien le habló de una oportunidad para cursar estudios prerrequisito y comenzar una carrera en salud.
“Esa oportunidad me ayudó a darme cuenta de lo que quería hacer con mi vida y ahí fue cuando me dije que quería estudiar enfermería”, dice.
Sin embargo, el camino académico implicó ajustes profundos. Al incorporarse al trabajo para la ciudad, asumió un recorte salarial importante y tuvo que combinar varios empleos, entre ellos uno en la aerolínea Avianca, en el área de Sistemas y Operaciones, con sus responsabilidades familiares mientras avanzaba en sus estudios.
Mientras tanto, cursaba una o dos clases por semestre y completó en siete años su certificado en enfermería, un proceso que suele realizarse en menos tiempo y que, en su caso, estuvo marcado por la carga laboral y personal, con el acompañamiento de personas clave como Jason y Stuart.
Formarse en la primera línea
Su ingreso al Hospital General de San Francisco en el año 2017 marcó un nuevo aprendizaje, iniciando en el piso de medicina quirúrgica dentro de las áreas de Trauma y Neurología.
Asegura que en esa etapa fortaleció su formación en el cuidado del paciente y desarrolló una mirada integral para atender diagnósticos complejos y contextos de alta vulnerabilidad social.
Tras esa experiencia se trasladó al área de Cardiología, donde enfrentó nuevos retos hasta que optó por el área de Emergencias, un espacio donde hoy aplica con seguridad la base construida a lo largo de su trayectoria.
En 2025, Pinell completó su Bachelor of Science in Nursing en Colorado Technical University, graduándose Summa Cum Laude para orgullo de su esposa Tanya y de sus hijos Haileigh, Karina y Román.
“Fueron años de sacrificio, esfuerzo constante de mi parte y de reconocer que las experiencias que la vida me ha dado también son una fortaleza. Esto es el resultado de la consistencia, la madurez y el compromiso con mi profesión”, expresa, con la perspectiva que otorgan los años y una trayectoria construida a lo largo de décadas.
Más allá del hospital
Además de su labor en el centro hospitalario, también trabaja administrando terapias de infusión intravenosa a domicilio, con miras a consolidar un proyecto independiente.
En los últimos tres años también se ha involucrado en iniciativas comunitarias, participando en jornadas de salud en El Salvador junto a la Castañeda Kids Foundation, una organización dedicada a misiones médicas, becas educativas y apoyo a comunidades en situación de vulnerabilidad.
“Poder participar en estas iniciativas despierta en mí una satisfacción profunda. Hoy tengo la estabilidad y la formación profesional para ayudar, y hacerlo se siente como una responsabilidad y un privilegio”, comenta.
Fuera del hospital, cuida su bienestar físico y emocional. Disfruta cocinar, compartir con su familia y amistades, viajar y conocer nuevas culturas, siempre acompañado de un libro entre las manos.
“Me gusta aprender nuevas recetas y hacerlas a mi manera, disfruto cocinar y ver que a la gente le guste lo que preparo, eso me da mucho placer. Viajar también me ayuda a desestresarme, conocer otros lugares, sumergirme en distintas culturas, probar sus platillos y disfrutar la compañía de la gente”, comenta.
Pensando en la etapa que sigue, proyecta continuar desarrollándose en el ámbito del bienestar y el autocuidado integral, con la intención de emprender un proyecto enfocado en la prevención y el cuidado físico y emocional.
Para Frank Pinell, su historia sigue en construcción, guiada por la convicción de avanzar, aprender y servir.
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