Desde su lucha contra el cáncer hasta su compromiso social, inspira a otros a encontrar luz en los momentos oscuros.
Por Milagros Sánchez Pinell
A los 13 años, tras donar su cabello a una causa benéfica, fue diagnosticada con leucemia. Esta noticia llegó en un momento en que su mente infantil estaba más ocupada soñando con un concierto de One Direction que enfrentando la realidad de una enfermedad grave.
Sin embargo, la experiencia, aunque sumamente difícil, se convirtió en una lección de resiliencia y amor familiar para Rafaella, una joven nacida en Perú que, hoy, a sus 22 años, quiere seguir creciendo y aprendiendo.
Hace tres años y medio, apenas 15 días antes de su cumpleaños, celebró un hito importante al completar cinco años desde su diagnóstico, periodo en el que la posibilidad de recaer es significativa. Aunque todavía enfrenta algunos rezagos de la enfermedad, puede decir que está sana.
“Vivo con mucha gratitud por mi familia, por poder tratarme en el extranjero y por ganar la lucha contra el cáncer. También, agradezco que me haya enfermado y por las lecciones que pude aprender siendo tan pequeña”, afirma con convicción.
Por otro lado, la enfermedad la llevó a descubrir su vocación en la escritura y la creatividad. En high school, participó en el programa Innovation Academy, donde debía escribir blog posts como parte del currículo. Sin darse cuenta, esa tarea se convirtió en una forma de terapia para ella.
“Recuerdo un blog que escribí en el que comparaba la experiencia de ser una bebé con la de ser una adolescente de 14 años, sintiendo que de alguna manera estaba retrocediendo a esa etapa. Estaba calva, tenía que volver a aprender a caminar y necesitaba ser alimentada y aseada. Dependía por completo nuevamente de mi mamá”, relata.
Fue entonces que se dio cuenta que la escritura, además de comunicar, ayudaba a conectar con cualquier persona. Eso, junto con su afición a la lectura y la televisión, la impulsaron a convertirla en su carrera.
Recientemente, nuestra roaring 20 obtuvo su título en Writing con un minor en Business & Entrepreneurship and Dramatic Writing en The Savannah College of Art and Design en Savannah, Georgia.
El comienzo de una dura enfermedad
Haciendo una retrospectiva de su lucha contra una enfermedad a temprana edad, Rafaella relató que comenzó a experimentar una fiebre intensa que duró varios meses.
Durante ese tiempo, sus padres buscaron respuestas médicas, sin que ella supiera la gravedad de la situación. En un inicio, ella creyó que era una anemia fuerte, pero un oncólogo en Lima, Perú, activó las alertas.
Tras sospechar que su condición podía ser más seria, sus padres decidieron llevarla al MD Anderson en Houston. Al llegar al hospital, se confirmó que tenía leucemia.
La joven recuerda vívidamente su primer encuentro con el médico en la sala de pediatría. Al recibir la noticia de que tenía cáncer, su mente se centró en el tratamiento y la posibilidad de perder su cabello, algo que consideraba su único rasgo bonito.
“El doctor se sentó frente a la computadora, se dirigió a mí y sin pelos en la lengua me dijo que tenía cáncer y que lo que tocaba sería difícil. Recuerdo asentar la cabeza y decir ok”, narra.
Una vez explicado el tratamiento, el médico le aseguró que su cabello volvería a crecer. Rafaella dejó caer una lágrima que secó con un Kleenex.
Los días de tratamiento fueron desafiantes, pero también llenos de amor y apoyo familiar. Su papá nunca dejó de hacerla reír, sus hermanos, Yamil y Francesco, siempre colaboraron, y su mamá se convirtió en su mejor amiga, cuidando siempre de ella.
Uno de los momentos más memorables fue cuando, en medio de su tratamiento, llegó el día de raparse la cabeza. A pesar de la tristeza que podría haber acompañado ese acto, la jornada se convirtió en una celebración familiar, llena de risas y bailes.
“Había llegado la hora de estar calva. Ese día, que pudo haber sido muy triste para mí, fue reemplazado por momentos felices con mi familia. Mis hermanos se ponían la peluca que me habían regalado y bailaban al costado de mi cama”, cuenta.
Motivación y resiliencia
La familia de Rafaella le enseñó a mirar hacia el futuro con esperanza y a luchar por lo que quería. La resiliencia de sus padres y el apoyo constante de sus hermanos fueron fundamentales para su recuperación y su perspectiva positiva sobre la vida.
“Ellos son mi ejemplo de resiliencia y de mirar la vida con una sonrisa. También, a dar lo mejor de uno y ayudar al que lo necesite. Mis hermanos son un ejemplo de corazón y de perseverancia”, expresa.
Asegura que aprendió que, a veces, es irrelevante entender el motivo detrás de las situaciones. Existen preguntas que pueden quedarse sin respuestas. En su caso, fue uno de los 1800 niños diagnosticados con cáncer cada año en Perú.
“Terminando mi enfermedad tuve una claridad distinta. Antes podía estar molesta y resentida por semanas, y después de enfermarme aprendí a dejar ir lo negativo. A perdonar, a soltar la molestia y a mirar dando oportunidad y espacio a lo bueno. Es algo que me ha ayudado mucho a vivir en paz”, manifiesta.
Cuando Rafaella regresó a Lima, casi todos en su colegio y círculo cercano sabían de su enfermedad. Aunque nunca despertó por las mañanas con la idea de inspirar a alguien, su experiencia le permitió ser una luz para otras personas que vivían situaciones difíciles.
Sin duda, la transición fue difícil. Sus doctores le dijeron que tenía que regresar a su vida normal, pero Rafaella ya era otra persona por todo lo vivido durante su enfermedad. A los cambios se sumó la situación de la pandemia del COVID-19 y el tener que mudarse sola a Estados Unidos para estudiar su carrera universitaria.
“Sigo descifrando quién soy. Es difícil decir cómo me defino, pero intento ser una persona con intenciones buenas, actos amables y que, aunque se tropiece, está lista para levantarse nuevamente”, dice la jovencita que disfruta de tocar la guitarra, el ukele y cantar.
Dejando huella
Durante su tiempo en el colegio, Rafaella Mufarech se dedicó activamente a causas sociales, aprovechando su energía y creatividad para generar un impacto positivo.
En el marco del programa Innovation Academy, colaboró con el albergue “Inspira”, que apoya a familias con niños diagnosticados con cáncer en Lima. Su participación incluyó la organización de una caminata y la recaudación de fondos, además de una exhibición de fotos que permitió educar al público sobre las dificultades que enfrentan los peruanos afectados por esta enfermedad.
A través de estas actividades, Rafaella pudo interactuar con los niños del albergue, compartir su historia y sensibilizar sobre la importancia del apoyo comunitario.
También co-creó la compañía de ropa Hue.man, en colaboración con la organización Kantaya, donde vendieron medias con mensajes positivos que, a su vez, ayudaron a financiar la educación de niños en situación de vulnerabilidad.
Además, mostró un fuerte compromiso con las madres adolescentes. Ella cofundó un grupo en su colegio que organizaba visitas semanales a un albergue, brindándoles momentos de alegría y apoyo emocional.
Hoy, tras terminar la universidad, se encuentra en la búsqueda de nuevas oportunidades y metas.
«Es difícil para mí planear mucho hacia el futuro, ya que más de una vez me ha tocado enfrentar sorpresas que cambian completamente los planes. Sin embargo, aunque desconozco exactamente cuál sea el camino en el que termine, espero ayudar a los demás a través de una serie de televisión, una historia, mi participación en alguna organización o a través de las conexiones que logre crear”, afirma.
Su experiencia ha sido una lección de vida, y Rafaella continúa inspirando a otros con su historia de resiliencia y esperanza.
«A veces tomar las cosas día a día es demasiado, hay que tomarlas momento a momento. No olvidarse de tratar de reír, de compartir y de aprender algo», concluye.
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