El mercado ha madurado y con él también las exigencias de los inversionistas, quienes ahora observan variables que trascienden la utilidad económica.
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Hablar de inversión hoy ya no significa pensar únicamente en balances positivos o en el retorno financiero inmediato. El mercado ha madurado y con él también las exigencias de los inversionistas, quienes ahora observan variables que trascienden la utilidad económica. En este nuevo escenario, los criterios ESG (ambientales, sociales y de gobierno corporativo) han dejado de ser un complemento reputacional para convertirse en un elemento central dentro de la estrategia empresarial.
En este artículo charlamos con la Dra. Myriam Quiroa, docente de la Facultad de Ciencia, Tecnología e Industria (FACTI) de Universidad Galileo, para conocer porqué los criterios ESG se han convertido en un factor determinante en la toma de decisiones.
Según explica la Dra. Quiroa, “los criterios ESG no son más que estándares que giran alrededor de tres ejes fundamentales: la responsabilidad con el medio ambiente, el compromiso con las personas y la comunidad, y la manera en que las empresas aplican su gobierno corporativo”. Esta definición permite comprender que no se trata de una moda pasajera, sino de una transformación profunda en la forma de evaluar el desempeño organizacional.
El origen mismo del concepto proviene de los términos en inglés environmental, social y governance (ESG), lo que amplía la mirada tradicional de la rentabilidad. Ya no basta con generar ganancias; ahora importa cómo se producen, a quién benefician y qué consecuencias dejan. Esta visión ha impulsado con fuerza las inversiones socialmente responsables, particularmente en instrumentos de mercado que concentran grandes volúmenes de capital.
La experta y docente universitaria, subraya que este fenómeno es evidente en vehículos como los ETF (Extrange Trade Fund), donde “los criterios ESG cada vez se están volviendo más significativos al momento de decidir invertir en una organización. El mensaje es claro: las empresas que ignoran estos parámetros comienzan a perder atractivo frente a competidores que sí demuestran prácticas medibles y transparentes”, afirma.
Los indicadores que inclinan la balanza
En la dimensión ambiental, la presión gira en torno a la urgencia climática y al uso eficiente de recursos. Aspectos como la adopción de energías renovables, la reducción de emisiones, la gestión del agua, el reciclaje y la protección de la biodiversidad son señales concretas de compromiso. No son simples declaraciones; son métricas que impactan la valoración del riesgo.
Desde el punto de vista social, el foco está en las personas. Derechos humanos, condiciones laborales dignas, inclusión, protección de datos y relación responsable con consumidores y comunidades se convierten en variables determinantes. Las organizaciones que descuidan estos elementos enfrentan cada vez más sanciones reputacionales y financieras.
En gobernanza, la atención se centra en la transparencia. La lucha contra la corrupción, el cumplimiento normativo, la gestión del riesgo y las auditorías sólidas transmiten confianza al mercado. En definitiva, los inversionistas buscan estructuras que garanticen continuidad y previsibilidad.
Rentabilidad con responsabilidad
Existe todavía el mito de que aplicar ESG reduce márgenes de ganancia. Sin embargo, la evidencia apunta en sentido contrario. La adopción de estas prácticas fortalece la reputación corporativa, mejora la relación con clientes y comunidades, y disminuye contingencias legales o ambientales que podrían generar pérdidas millonarias.
En palabras de la Dra. Myriam Quiroa, “las prácticas ESG permiten inversiones sostenibles, lo que hace que las empresas puedan obtener utilidades, pero sin comprometer el futuro de la humanidad y del planeta”. Esta afirmación resume la esencia del modelo: rentabilidad sí, pero con visión de permanencia.
Además, al reducir la exposición a crisis regulatorias, litigios o boicots de consumidores, las compañías aumentan su estabilidad en el mediano y largo plazo. Para los fondos de inversión, menor incertidumbre equivale a mayor atractivo.
El riesgo de hacerlo mal
Sin embargo, el camino no está libre de obstáculos. Uno de los principales desafíos es la falta de una estandarización global, sumada a marcos regulatorios que cambian con rapidez. A esto se agregan dificultades en la recolección y verificación de datos, así como la tentación de convertir el ESG en un ejercicio meramente documental.
“El mayor error es simular compromiso. La historia empresarial reciente ofrece lecciones contundentes. El caso de Volkswagen, ampliamente conocido como el escándalo de Dieselgate, mostró cómo promocionar vehículos de bajas emisiones mientras se manipulaban pruebas puede destruir valor de mercado y credibilidad en cuestión de días”, comenta la representante de Universidad Galileo.
Este tipo de prácticas, identificadas como greenwashing, generan un efecto contrario al deseado: alejan inversionistas y profundizan la desconfianza pública.
Prepararse para lo inevitable
Aunque en muchos países el cumplimiento aún tiene componentes voluntarios, la tendencia apunta hacia regulaciones obligatorias y sistemas de reporte más rigurosos. Las empresas que se anticipen tendrán ventaja competitiva.
La Dra. Myriam Quiroa advierte que quienes demuestren adherencia real a estos principios “conseguirán mayores y mejores inversionistas, porque minimiza costos y riesgos”. Prepararse implica diagnosticar la situación actual, integrar el ESG a la estrategia central del negocio, apoyarse en tecnología para medir resultados, transformar la cultura organizacional y comunicar avances con transparencia verificable.
“No se trata solo de cumplir requisitos; se trata de redefinir la manera en que se crea valor”, concluye.
Más que una tendencia, una nueva lógica
La evolución del mercado financiero muestra que los inversionistas desean participar en proyectos que combinen crecimiento económico con impacto positivo. Bajo esta lógica, los criterios ESG se convierten en un idioma común entre empresas, reguladores y capital.
Quien entienda esta transformación primero, liderará. Quien la ignore, quedará fuera de la conversación.
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