Cuando el comercio avanza más rápido que la infraestructura.
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En la teoría económica y logística tradicional, la eficiencia de la infraestructura y de los sistemas de transporte ha sido considerada un factor determinante para el crecimiento del comercio exterior. Puertos eficientes, redes viales fluidas, costos logísticos controlados y tiempos de despacho previsibles constituyen, en principio, las condiciones necesarias para facilitar el intercambio internacional de bienes. Bajo este enfoque, la congestión logística (entendida como la saturación de los nodos críticos de la cadena de suministro) debería actuar como un freno natural al comercio exterior, limitando su expansión o, al menos, desacelerando su crecimiento.
Sin embargo, la evidencia empírica observada en diversos países y regiones plantea un escenario que desafía esta lógica. “A pesar de la persistencia de cuellos de botella logísticos, particularmente en infraestructura portuaria y corredores de transporte terrestre, el comercio exterior no solo no se ha contraído, sino que ha registrado incrementos sostenidos tanto en términos de volumen como de valor. Esta aparente contradicción da lugar a una paradoja analítica de creciente relevancia: ¿por qué el comercio exterior continúa creciendo en contextos donde la congestión logística debería, en teoría, limitarlo?”, expresa el Magister Camilo Paiz, docente de la Facultad de Ciencia, tecnología e Industria (FACTI) de Universidad Galileo.
Como señala el especialista consultado, “esta paradoja deja de ser retórica y se convierte en un objeto de análisis académico, ya que obliga a repensar la relación entre logística, costos y dinámica comercial en entornos caracterizados por restricciones estructurales persistentes”. Comprender este fenómeno resulta clave no solo para el análisis económico, sino también para el diseño de políticas públicas y estrategias empresariales en economías dependientes del comercio internacional.
Congestión logística y comercio exterior: el enfoque teórico clásico
Desde una perspectiva clásica, la logística cumple una función habilitante del comercio. La fluidez en los procesos de transporte, almacenamiento y despacho reduce costos, minimiza incertidumbres y permite que los bienes lleguen a los mercados en tiempo y forma. En este marco, la congestión logística suele asociarse con retrasos operativos, incrementos en los fletes, pérdida de confiabilidad y deterioro de la competitividad.
Bajo esta lógica, el deterioro de la infraestructura o la saturación de los nodos logísticos debería traducirse en una reducción de los flujos comerciales. Sin embargo, la realidad reciente muestra que esta relación no es tan lineal. Tal como advierte el docente de Universidad Galileo, “la congestión no elimina el comercio, sino que incrementa su costo, lo que implica que el impacto se redistribuye dentro del sistema en lugar de traducirse automáticamente en una contracción de la actividad comercial”.
“Esta observación es clave para entender por qué la teoría tradicional resulta insuficiente para explicar los comportamientos actuales del comercio exterior en economías con limitaciones logísticas estructurales”, añade.
Factores estructurales que explican la persistencia del comercio
Uno de los principales aportes del análisis del especialista Camilo Paiz, radica en la identificación de los factores estructurales que amortiguan los efectos negativos de la congestión logística. Estos factores operan de manera simultánea y permiten comprender por qué el comercio exterior continúa creciendo incluso bajo escenarios de alta fricción operativa.
“En primer lugar, la composición del comercio exterior juega un papel determinante. Una proporción significativa de los flujos comerciales está integrada por bienes cuya demanda presenta baja elasticidad frente a incrementos en costos y tiempos. Insumos industriales, combustibles, alimentos, medicamentos y materias primas estratégicas no pueden ser fácilmente sustituidos ni postergados sin generar impactos negativos en la economía interna. En este contexto, las empresas priorizan la continuidad del abastecimiento y de las exportaciones, aun cuando ello implique asumir mayores costos logísticos”,explica.
El especialista subraya que, en estos casos, “la continuidad del comercio se mantiene activa porque los costos adicionales son percibidos como un mal menor frente al riesgo de desabastecimiento o incumplimiento contractual”. Esta lógica explica por qué el comercio no se detiene, sino que se adapta.
El traslado de las ineficiencias logísticas al precio
Un segundo factor estructural clave es la capacidad de trasladar las ineficiencias logísticas a los precios finales de las mercancías. La congestión incrementa los costos (fletes más altos, demoras portuarias, almacenajes adicionales), pero estos sobrecostos tienden a incorporarse gradualmente al valor de las operaciones comerciales.
Tal como explica el docente de FACTI, el sistema “absorbe la fricción logística mediante ajustes de precio, preservando los volúmenes de intercambio, aunque con una pérdida progresiva de eficiencia y competitividad”. Este mecanismo permite que el comercio continúe fluyendo, aun cuando la rentabilidad se vea tensionada y la eficiencia sistémica se deteriore.
En este sentido, el crecimiento del comercio exterior no necesariamente refleja un sistema logístico saludable, sino la capacidad del mercado para redistribuir los costos sin frenar abruptamente la demanda.
Adaptación empresarial y resiliencia operativa
Más allá de los factores estructurales, la conducta de los actores económicos resulta central para entender la paradoja. Frente a entornos logísticos restrictivos, las empresas exportadoras e importadoras han desarrollado estrategias de adaptación que refuerzan la resiliencia del sistema a corto y mediano plazo.
Entre estas estrategias destacan la diversificación de modos de transporte, el uso de rutas alternativas, la priorización de cargas críticas y la reorganización de inventarios. Estas prácticas no eliminan los cuellos de botella, pero reducen su impacto inmediato sobre la continuidad del comercio.
Como señala el Magister Camilo Paiz, “el crecimiento del comercio exterior en estos contextos no es resultado de un sistema eficiente, sino de la capacidad de adaptación de las empresas frente a restricciones persistentes. Esta afirmación resume con claridad el núcleo de la paradoja: el comercio crece no porque la congestión haya sido superada, sino porque los actores han aprendido a operar dentro de ella”.
Reconfiguración del transporte y gestión de inventarios
El docente universitario explica que uno de los cambios más visibles en las estrategias empresariales ha sido la reconfiguración de las decisiones relacionadas con el transporte. “Las empresas combinan de manera más flexible los modos marítimo, terrestre y aéreo según la urgencia y criticidad de las cargas. Incluso el transporte aéreo ha comenzado a utilizarse de forma selectiva como mecanismo de mitigación de retrasos, aun cuando implique mayores costos”, agrega.
Paralelamente, se han observado ajustes significativos en la gestión de inventarios. El incremento de los niveles de stock, la planificación anticipada y el anticipo de pedidos permiten reducir la dependencia de entregas justo en tiempo, aunque a costa de mayores costos financieros y de almacenamiento.
“Estas decisiones reflejan un cambio profundo en la lógica de gestión: la eficiencia óptima cede espacio a la continuidad operativa y a la gestión del riesgo”, afirma el representante de Universidad Galileo.
Digitalización, planificación anticipada y diversificación
La digitalización se ha convertido en un elemento clave para sostener el comercio exterior en contextos adversos. El acceso a información en tiempo real sobre cargas, rutas y condiciones operativas permite reducir la incertidumbre y mejorar la coordinación entre actores, aunque no elimine la congestión física.
En palabras del profesional, la tecnología “actúa como un amortiguador de la ineficiencia, no como su solución definitiva”. Esta precisión resulta fundamental para evitar interpretaciones excesivamente optimistas sobre el rol de la digitalización en entornos con limitaciones estructurales.
A ello se suma la planificación anticipada y la diversificación de rutas y proveedores, estrategias orientadas a reducir la dependencia de nodos críticos saturados y a minimizar riesgos sistémicos, aun cuando ello implique mayores costos.
Costos logísticos, precios y demanda internacional
Desde una perspectiva económica, el traslado de los mayores costos logísticos al precio final no se produce de manera automática ni homogénea. En muchos sectores, los costos logísticos representan una fracción limitada del precio final, lo que permite absorber incrementos sin generar una caída abrupta de la demanda.
Además, estos costos suelen distribuirse entre los distintos actores de la cadena mediante renegociaciones contractuales, diluyendo su impacto sobre el consumidor final. En mercados altamente competitivos, los exportadores incluso optan por absorber parte de los costos como estrategia para mantener su participación de mercado.
Este comportamiento confirma que el crecimiento del comercio exterior en escenarios de altos costos logísticos no contradice la teoría económica, sino que evidencia mecanismos de ajuste gradual y diferenciado.
La paradoja del crecimiento del comercio exterior en contextos de congestión logística no implica la inexistencia de impactos negativos, sino su redistribución dentro del sistema. El comercio crece, pero lo hace bajo mayores niveles de fricción, presión operativa y pérdida de eficiencia.
Como bien sintetiza el Magister Camilo Paiz “hay más comercio exterior, más ingresos y más volumen, pero bajo escenarios de congestión que incrementan los costos y se traducen en precios más altos. Comprender esta dinámica resulta esencial para evitar lecturas simplistas del crecimiento comercial y para reconocer que la expansión del comercio no siempre es sinónimo de eficiencia logística ni de competitividad sostenible”.
Comprender cómo interactúan la infraestructura, los costos, la tecnología, la estrategia empresarial y la política comercial ya no es un ejercicio teórico, sino una competencia clave para la toma de decisiones en un entorno global altamente interdependiente. Por ello, formarse en carreras vinculadas al comercio exterior, la logística, la economía internacional y la gestión de cadenas de suministro representa una oportunidad estratégica para quienes desean contribuir a la modernización del comercio, diseñar soluciones sostenibles frente a las restricciones estructurales y participar activamente en la construcción de sistemas comerciales más resilientes, eficientes y competitivos.
Universidad Galileo ofrece carreras afines a este campo, conoce más al respecto en: https://www.galileo.edu/facti/carrera/licenciatura-administracion-aduanera-comercio-internacional/
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