Durante más de dos décadas, la escalada costarricense ha pasado de ser una actividad practicada por una comunidad pequeña a consolidarse como una disciplina con infraestructura, formación deportiva y presencia internacional.
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Hace 25 años, la escalada deportiva era prácticamente desconocida en Costa Rica. En 2001, Julio Arce tuvo sus primeros acercamientos al deporte y descubrió una disciplina que terminaría transformando su vida. Lo que comenzó con apenas unas pocas experiencias se convirtió en una convicción: los objetivos que parecen difíciles, e incluso imposibles, pueden alcanzarse mediante la práctica, la disciplina, el esfuerzo y la perseverancia.
En aquellos primeros años, la comunidad era pequeña y existían pocas opciones de infraestructura y formación especializada. Arce reconoce como fundamentales en su proceso a David Ulloa, Gerardo Huertas y Andrés Calvo. Posteriormente, su experiencia en Europa le permitió entrenar en ambientes de alto rendimiento y conocer de cerca Copas del Mundo, Campeonatos del Mundo y otros escenarios de la escalada internacional.
Para Arce, esa visión se nutrió especialmente durante los tres años que vivió en España, donde tuvo la oportunidad de entrenar en el centro de alto rendimiento de David Macia, primer entrenador en ganar una medalla de oro olímpica en escalada, una experiencia que le permitió conocer de cerca lo que significa construir atletas al más alto nivel.
Esa experiencia transformó su perspectiva. Arce comprendió que la infraestructura, el conocimiento técnico, la formación y una visión de largo plazo también pueden generar oportunidades.
Después de más de una década vinculado a la escalada y tras vivir aproximadamente tres años en España, decidió convertir esa visión en un proyecto concreto. Con el apoyo de su familia, comenzó desde cero la construcción de El Spot, un espacio que con los años se convertiría en punto de encuentro, formación y desarrollo para distintas generaciones de escaladores costarricenses.
Durante aproximadamente 14 años, Grupo Eskalar ha acompañado el crecimiento de la comunidad y ha visto pasar diferentes generaciones. El proyecto ha sido punto de partida para atletas que posteriormente continuaron desarrollándose dentro y fuera del país y, en algunos casos, incluso crearon sus propios espacios vinculados con la escalada.
La historia de Grupo Eskalar también se construyó sobre los hombros de quienes fueron abriendo camino cuando la escalada todavía daba sus primeros pasos en Costa Rica. Antes de la consolidación de la estructura actual, espacios como Climbx y Mundo Aventura fueron parte de ese pasado más laxo que ayudó a mantener viva una comunidad que poco a poco comenzó a crecer. De Eskalar también han surgido historias que hoy trascienden las fronteras del país, como la de Juan Ramón Pendones, quien actualmente se desempeña en España como técnico de alto nivel.
Pero si hay algo que Arce reconoce como esencial en este recorrido es que ningún proyecto de esta naturaleza se construye en solitario: detrás de los años de trabajo, los momentos difíciles y cada paso hacia adelante han estado el apoyo de su familia y la lealtad de los amigos que creyeron en el proyecto desde el principio.
Esa evolución refleja también un cambio en la manera de entender Eskalar: más que un gimnasio, es hoy un proyecto construido alrededor de un equipo, donde Paloma asume la gestión, Chiri acompaña el desarrollo de talentos, Lluc Macia lidera el entrenamiento y Julio Arce dirige la parte técnica.
En los últimos años, ese proceso ha entrado en una nueva etapa. La renovación de la infraestructura y una participación más directa de Julio Arce y su esposa, Paloma, han permitido fortalecer el trabajo técnico y deportivo, con una metodología que busca integrar fuerza, técnica, lectura de rutas, preparación física y mentalidad competitiva.
Uno de los atletas que representa esta nueva generación es Tomás Casas. Su historia comenzó en Grupo Eskalar y, después de varios años de formación y competencia, la escalada pasó de ser una actividad que disfrutaba a convertirse en un proyecto deportivo de alto rendimiento.
Casas destaca especialmente la influencia de Arce en su evolución “Julio ha sido mucho más que un entrenador para mí. Ha sido un mentor. Me ha acompañado en diferentes etapas de mi vida competitiva y también personal, y me ha enseñado que el fracaso es parte del proceso y muchas veces es justamente lo que permite mejorar”.
La experiencia internacional también ha transformado su perspectiva. Su participación en una Copa del Mundo le permitió comprobar directamente el nivel de los mejores atletas del planeta y, al mismo tiempo, entender que ese escenario podía convertirse en una referencia para su propio desarrollo.
“Dejé de ver el nivel internacional como algo lejano y empecé a verlo como una referencia de hacia dónde puedo llevar mi proceso”, explica Casas. Su evolución resume, en buena medida, el cambio que ha experimentado la escalada costarricense: pasar de una cultura principalmente recreativa a una estructura capaz de desarrollar atletas con objetivos competitivos internacionales.
Y aunque Tomás Casas es hoy una de las principales caras de esta nueva generación, detrás de él crece una cantera que representa la continuidad del proyecto, con atletas como Mateo Bogantes, Pascal Giustiniani, Thomas Kaufman, Sebastián Coto, Rafael Vargas y Manrique Alvarado.
Para Arce, sin embargo, el proyecto no se limita a los resultados deportivos. Su visión es utilizar la escalada también como una herramienta para formar personas integrales, donde el deporte conviva con la educación, la familia, la cultura y las experiencias propias de cada etapa de la vida.
Este proceso coincide, además, con la consolidación internacional de la escalada como deporte olímpico. Su incorporación al programa de los Juegos Olímpicos marcó un punto de inflexión para una disciplina que durante décadas trabajó por alcanzar ese reconocimiento.
Para Costa Rica, esta evolución abre nuevas oportunidades. La existencia de infraestructura especializada, una comunidad en crecimiento, una estructura federativa y una nueva generación de atletas permite pensar en objetivos que hace 25 años parecían lejanos.
Arce aspira a que Costa Rica pueda alcanzar resultados relevantes en Copas del Mundo y Campeonatos del Mundo y, eventualmente, tener un representante en unos Juegos Olímpicos. Pero su visión también contempla el momento en que las nuevas generaciones asuman el liderazgo del movimiento “Mi verdadero sueño es que las nuevas generaciones con las que estamos trabajando actualmente hayan asumido ese lugar y sean ellas quienes lleven la escalada costarricense hacia un nivel que nosotros quizá ni siquiera podemos imaginar hoy”, afirma.
Después de 25 años, la historia de Julio Arce y Grupo Eskalar es también la historia de una comunidad que ha crecido, de una infraestructura construida desde cero y de una nueva generación que comienza a mirar hacia el escenario internacional.
Tomás Casas es una de las expresiones más visibles de ese proceso. Mientras Costa Rica continúa descubriendo hasta dónde puede llegar en la escalada, una nueva generación de atletas que ya se prepara para escribir el siguiente capítulo.
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