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Es inevitable cometer errores en la vida, en lo laboral y en lo personal.

Por Karla Icaza M. Vicepresidenta Ejecutiva Gobierno Corporativo de Grupo Promerica.

Karla Icaza, Vicepresidenta Ejecutiva Gobierno
Corporativo de Grupo Promerica.

El otro día me estaba acordando de un incidente que tuve hace unos años en un trabajo. Solo estuve dos años en ese lugar, pero probablemente fue la experiencia laboral más intensa y demandante que he tenido en mi vida. Tenía 33 años, pero parecía de veinte y eso no me ayudaba, pues muchos menospreciaban mi capacidad y habilidades para desempeñarme en el cargo por ser muy joven para haber asumido esa posición y además, siendo mujer. Obviamente si hubiera tenido la madurez que tengo hoy, me hubiera evitado muchos sufrimientos, por inseguridades y temores infundados. Siendo un cargo de mucha responsabilidad, tuve que enfrentarme con personas en posiciones importantes en mi país, aunque no vale la pena entrar en los detalles, tuve que ser valiente muchas veces.

Un día después de haber presentado al Consejo de Administración información que serviría para tomar unas decisiones importantes y definitivas respecto a un tema, el gerente encargado de preparar la presentación, quien me reportaba, llegó a mi oficina a decirme que habían omitido un dato relevante. El hombre estaba tan apenado, pidiendo mil disculpas, y yo me solté en llanto. Lloraba y lloraba como que hubiera perdido a un familiar; me sentía tan avergonzada por no haber detectado el error a tiempo. Obviamente, era mi responsabilidad ir donde mi jefe a comunicarle lo sucedido, pero simplemente fue imposible. Le pedí al gerente que por favor fuera él porque yo estaba imposibilitada de enfrentar a mi jefe, y me quedé llorando desconsolada. Esto fue peor para mí porque me sentí que había fracasado como líder.

Pasó poco tiempo cuando llegó mi jefe a la oficina y me encontró con la cara inflamada de tanto llorar. Me dijo que todo tenía solución y que él se encargaría de explicarle al Consejo lo sucedido. Por muchos años cargué ese evento como un fracaso en mi vida. De cuando en cuando recordaba lo sucedido y me sentía tan mal como ese día, me daba vergüenza. Qué difícil es perdonarse uno mismo por los errores que cometemos. Yo estaba liderando ese equipo, pero en ese momento no di la talla. Unos años después cuando ya estaba en otro trabajo, recordé lo sucedido y me puse a analizar todas las cosas que había enfrentado antes de ese día para lo cual había tenido que ser fuerte, y mantener mi temple, tragándome todas las presiones para lograr los objetivos y llevar adelante mis responsabilidades. De ninguna manera quería excusarme, pero me hizo tener un poco de compasión conmigo misma y dejar de reprocharme por haber flaqueado.

John C. Maxwell dice en su libro, El Lado Positivo del Fracaso: “El primer paso para soportar un fracaso es aprender a no tomarlo de modo personal, asegurándonos de saber que haber sufrido un fracaso no nos convierte en fracasados”.

Es inevitable cometer errores en la vida, en lo laboral y en lo personal. Habrá momentos en los que personas nos van a señalar y hacer sentir fracasados y habrá otros donde nosotros mismos lo haremos. Sin embargo, como dice también el mismo Maxwell, “a veces se gana y a veces se aprende”. Lo importante es que pasemos la página y sigamos adelante.

el autorRedaccion
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